¿AFICIONADO O FANÁTICO?

Nov 4, 2005 | Noticias


¿AFICIONADO O FANÁTICO?

Felipe Guerra Garcìa

Actualizada: 04/11/2005

Es frecuente que las personas crean que afición y fanático es lo mismo. Existe una enorme diferencia, de ahí el siguiente reportaje.

¿AFICIONADO O FANÁTICO?

 

 

Por: Felipe Guerra García

 

¿Sabe cuál es la enorme diferencia entre aficionado y fanático? Muchos creen que es lo mismo. La realidad es todo lo contrario.

 

Afición (del lat. affectĭo, -ōnis, afección) es inclinación, amor, admiración, simpatía a alguien o a algo.

 

Igual se entiende por afición a la lectura, a la música, ir al teatro, practicar algún deporte sin ser profesional, etc.

 

Coloquialmente se dice de un grupo de personas que asiste frecuentemente a ciertos espectáculos, más común en eventos deportivos a los que tienen especial interés.

 

Por ende, el espectador que simpatiza y admira al equipo y al deportista, es un aficionado que anima, vibra, se divierte, festeja y motiva sin alterar su equilibrio emocional ni la de los demás, pierda o gane su favorito.

 

Al unirse en grupo de animación, como los porristas (mujeres y hombres) en el fútbol americano, en el béisbol, básquetbol, fútbol soccer, entre otros deportes, los integrantes animan y motivan a sus ídolos, contagian a los demás espectadores con su entusiasmo, con cánticos, bailables, coreografía o movimientos gimnásticos.

 

El ánimo es una acción llena de serenidad en los sucesos prósperos y adversos, dicen los expertos.

 

En los deportes profesionales, la emoción es el sentimiento que expresa el espectador, como reacción a la influencia que los protagonistas transmiten con sus espectaculares actuaciones en el terreno de juego y estos, a la vez, se sienten motivados por la animación que les contagian sus admiradores desde las gradas.

 

Deportista y aficionado forman parte del espectáculo, desde la cancha hasta las gradas del estadio.

 

El constante apoyo mediante la animación, influye positivamente en sus ídolos e impresiona al equipo adversario que, hasta cierto punto, se desanima.

 

El gol en el fútbol soccer, un cuadrangular en el béisbol, un gran enceste en el básquetbol, el touch down sobre el emparrillado, un reñido combate en el boxeo, máxime si está en juego un campeonato o se trate de un clásico, en fin, toda acción espectacular causa animación y se expresa con el júbilo masivo en tremenda algarabía por el festejo, se vive la animación ordenada y controlada.

 

Pero el exceso, como en todo, rompe el equilibrio emocional y el individuo cae en el apasionamiento al extremo del insulto y la agresión.

 

            ¿Qué es la pasión? (del lat. passĭo, -ōnis, y este calco del gr. πáάθος). Es perturbación o efecto violento y desordenado del ánimo: dominado por la pasión.

 

         Una persona apasionada suele exacerbar, irritar, alterar los ánimos, como consecuencia del fanatismo.

 

De la exagerada emoción surge la pasión y es fácil que se rompa el equilibrio cuando el individuo, contagiado por las masas conflictivas, es envuelto en el desorden.

 

Lejos de ser afición, es fanatismo y en ese estado de histeria, el individuo cae en la fase primitiva del ser humano, incapaz de razonar, presa fácil para provocar la violencia.

 

El fanático (del lat. fanatĭcus) “defiende” con apasionamiento y en forma desmedida creencias u opiniones, sobre todo religiosas o políticas, pero esto también se manifiesta entre seguidores de artistas y en el deporte, más frecuente en el fútbol soccer.

 

            Ejemplos de fanatismos religiosos y políticos están los atentados terroristas en Afganistán, Iraq, Israel, Palestina, España, Estados Unidos, más reciente en Inglaterra; antiguamente las cruzadas, las batallas entre moros y cristianos; actualmente las mal llamadas guerras santas en el Medio Oriente, los choques entre extremistas musulmanes y cristianos cuando son mezclados asuntos religiosos y políticos.

 

Dentro del medio artístico, especialmente en el ámbito musical, los admiradores (fans) que asisten a conciertos de grupos musicales pop, de rock, de baladistas, algunos de estos extravagantes, son presa fácil del fanatismo (en su mayoría mujeres) al grado de la histeria, gritan, bailan desenfrenadamente, algunas se desmayan, otras se convulsionan por el  extremo. 

 

Esto también se da, hasta cierto punto, en el deporte espectáculo profesional, donde también impera el apasionamiento.

 

En ambos casos desgraciadamente muchos fanáticos, jóvenes, adolescentes y lastimosamente hasta casi unos niños, están envueltos en el alcoholismo y la drogadicción.

 

El fanático pierde la dimensión de la realidad, hasta el grado de considerar al fútbol una religión.

 

Peor aún, el fanático llega al extremo de la idolatría, por ejemplo han considerando dios a un Maradona que, como futbolista, fue un fenómeno, pero como persona, en su tiempo dio mal ejemplo por su vida licenciosa envuelta en las drogas. Por fortuna, se ha estado reivindicando.

 

            El seudo aficionado (fan) a los grupos musicales y baladistas, así como al deporte profesional, principalmente al fútbol, por su fanatismo y apasionamiento, en segundos pasa por varios estados de ánimo.

 

Sufre un cambio radical en su conducta, de la alegría a la tristeza, al enojo, al arrebato, al llanto, a la histeria, caen en el desequilibrio emocional hasta llegar a la violencia sin medir las consecuencias y, peor aún, no sienten remordimiento.

 

Es común que los fanáticos se desgarren las vestiduras ante la adversidad; desbordan sus enojos y hasta sus alegrías con el vandalismo, cualquier pretexto es motivo para llegar al desmán.

 

            Sufren una mezcla de sentimientos encontrados. No hay autocontrol, no hay capacidad para el dominio de sí mismo por carecer de disciplina, poco razonamiento y por estar sumidos en una subcultura que no les permite tener clara conciencia.

 

            Personas con esta conducta tan disparatada, en su mayoría forman parte de las mal llamadas barras y por añadidura las califican bravas.

 

En Argentina, tanto medios de comunicación como la sociedad, definen a las “barras” como grupos de individuos fanáticos de un equipo de fútbol que suelen actuar con violencia.

 

            Barra, en realidad, en su exacta definición y que ha existido muchos años antes de las que ahora forman los apasionados fanáticos, es un grupo duradero de amigos que, en sociedad, comparten intereses comunes con sanos propósitos. Tenemos por ejemplo la barra de abogados, de médicos, ingenieros, de grupos políticos, etc.

 

            Pero las “barras bravas”, desde las Malvinas hasta Canadá, de Asia a Europa, de Oceanía al Medio y Lejano Orienta, en África, en las islas del Atlántico y el Pacífico, están integradas por una mayoría de fanáticos adictos.

 

            Sus integrantes suelen atacar con violencia a quien se atreva a criticarlos, no permiten ni toleran el mínimo señalamiento por sus malas conductas.

 

            Impera entre muchos de ellos la cobardía, toda vez que aprovechan las masas y el anonimato para cometer sus fechorías dentro y fuera de los estadios. 

 

            Qué diferencia a las porras formadas por amigos y familias, grupos de partidarios que apoyan animosamente a los suyos y cuando rechazan a los equipos contrarios lo hacen con orden y respeto.

 

            Hay mucha diferencia entre aficionados (que por fortuna son la gran mayoría) y fanáticos que, siendo minoría, provocan mucho daño.

 

El mal está desde sus orígenes, en la deformación por la mala influencia, en otros casos hasta provocados por algunos medios de comunicación que, por el afán de lograr mayor audiencia acuden al amarillismo mediante el libelo mediático que contaminante al individuo. Sobre esto, bien vale la pena un reportaje especial.

 

 

 

 





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