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Ahorristas argentinos no temen a la crisis del 2000
Ahorristas argentinos no temen a la crisis del 2000
Redacción
Actualizada: 18/11/1999
Cuando se sobrevivió una hiperinflación de 5.000 por ciento y la confiscación de los ahorros ganados con sudor, no hay mucho que pueda asustar, ni siquiera la crisis del milenio.
Cuando se sobrevivió una hiperinflación de 5.000 por ciento y la confiscación de los ahorros ganados con sudor, no hay mucho que pueda asustar, ni siquiera la crisis del milenio. Ese puede ser el porqué los ya curados de espanto argentinos se toman con calma el 2000. No hay señales de ahorristas escondiendo su dinero debajo del colchón por miedo a que, cuando llegue el 2000, una falla de las computadoras pueda hacer desaparecer sus ahorros en un segundo. ``Todo está funcionando normalmente y ya estamos en noviembre´´, dijo tranquilo e indiferente un cajero de una céntrica sucursal de un banco extranjero. ``No hemos recibido ninguna instrucción especial´´. Especialistas en computación trabajaron durante entre bambalinas, dos años para que los programas que leen solamente los últimos dos dígitos, puedan manejar el cambio y reconocer ´´00´´ como ``2000´´. La falta de pánico es un síntoma de la confianza que los bancos argentinos han construido desde el comienzo de la última década. EL DINERO SOBRE LA MESA En 1989, los gerentes de bancos, asediados por la fuga de los depósitos, ordenaban a los cajeros que apilaran el efectivo sobre el mostrador, bien a la vista de los aterrados clientes. La idea era mostrar que el banco contaba con suficiente dinero para todos, con la esperanza de que algunos ahorristas desistieran de retirar sus depósitos. Diez años más tarde, los bancos argentinos, saneados y modernizados gracias a repetidas crisis financieras, una dura competencia y una ola de inversiones extranjeras, usan la misma estrategia psicológica, sólo que en una versión más refinada. En un intento por que no se sientan amenazados y dejen su efectivo donde está, el Banco Central se asegura de que los bancos tengan suficiente efectivo durante el período de año nuevo para permitir que cualquier ahorrista nervioso pueda extraer sus depósitos. ``El mensaje es: deje el dinero en el banco porque es más seguro. Pero si quiere retirarlo, puede hacerlo´´, dijo un alto funcionario del banco central. Es una estrategia similar a la utilizada por el presidente Carlos Menem, quien deja el poder el 10 de diciembre, para conseguir una economía sin inflación, donde desde 1991 un peso ha sido equiparado por ley a un dólar. La ley de convertibilidad, que rige desde hace ocho años, requiere que todos los pesos en circulación estén respaldados por reservas, lo que significa que Argentina no puede emitir dinero pero cualquiera puede cambiar pesos por dólares. Martín Lagos, vicepresidente del banco central, dijo que durante diciembre y enero los bancos tendrán permiso para convertir sus requerimientos de liquidez, 20 por ciento bajo las regulaciones draconianas argentinas diseñadas para defender la convertibilidad, en efectivo. ``Si la gente quiere efectivo, éste estará en el banco´´, dijo Lagos a Reuters. ``Si los bancos quieren más billetes, los pueden tener´´. Hay alrededor de 14.500 millones de pesos en circulación y 2.000 millones de pesos en el tesoro de los bancos, las cajas y en los cajeros automáticos. Los bancos tienen otros 800 millones de dólares y se estima que hay 20.000 millones de billetes verdes en circulación. Normalmente, la cantidad de pesos en circulación ascendería a 1.500 ó 2.000 millones de dólares en año nuevo. Este año debería subir más, pero con 16.000 millones de respaldo de requerimientos de liquidez. ``Con la liquidez que tenemos en el sistema bancario argentino, si hubiera alguna preocupación no tendríamos ningún problema para responder´´, dijo Manuel Sacerdote, presidente de BankBoston Argentina, una sucursal del Fleet Boston Corp, en una reciente reunión. ``Estoy esperando una reacción calma. No estamos tan obsesionados con esto aquí como en otros países´´, agregó. La Asociación de Bancos de la Argentina, que nuclea a más de 100 bancos con el 77 por ciento de los depósitos, dijo que ``no ha detectado preocupación en general y no mucha gente hace preguntas sobre el tema´´. La calificadora de riesgo Moody´s, en un estudio sobre qué tan preparados están los bancos del mundo para la crisis informática del milenio, mencionó un informe del banco central argentino que decía que las pruebas de junio mostraban que ``los bancos que representan el 98,4 por ciento de los depósitos totales demostraron exitosamente estar preparados para el 2000´´. Mientras tanto, los bancos están en lo que Sacerdote llamó un ``dilema´´ con respecto a si deben bombardear a los clientes con información de la crisis del milenio, o mantener un bajo perfil. Lo que está en juego es la confianza de los argentinos --ganada con esfuerzo-- en su sistema bancario. A cualquiera que recuerde cómo se despertó el 1 de enero de 1990, cuando encontró sus plazos fijos convertidos de la noche a la mañana en bonos del gobierno que valían sólo una porción de su valor nominal, se le hace difícil confiar en los bancos. Esto quedó claro en 1994/1995 con el Efecto Tequila, cuando México devaluó su moneda y 8.000 millones de dólares en depósitos se fueron de los bancos argentinos. El Efecto Tequila forzó una reestructuración que redujo a la mitad la cantidad de bancos en el sistema. Luego, bancos extranjeros compraron entidades locales hasta que se quedaron con el control del 60 por ciento de los ahorros. Los depósitos han crecido en forma constante desde 35.000 millones de dólares, después del Efecto Tequila, a 73.500 millones a comienzos de 1999 y ahora son 81.200 millones, a pesar de las crisis asiática y rusa, y la devaluación de Brasil de este año. Pero con muchos argentinos todavía fuera del sistema --menos del 40 por ciento tiene cuentas y sólo 3,5 millones reciben su sueldo a través del banco-- la industria no está en condiciones de enfrentar un susto. Esa es la razón por la que el banco central, que se jacta de haber establecido las pruebas del milenio más duras del mundo, mantendrá a los bancos argentinos abiertos ``como siempre´´ el 3 de enero, después de las pruebas del fin de semana. En 1989, después de que los ahorros fueron convertidos en bonos, los bancos cerraron por tres días y la Bolsa por una semana. Cuando reabrió el 8 de enero, las acciones cayeron el 53 por ciento. Con información de Reuters
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