Los jóvenes frente al tabaquismo
Francisco Dancausa Ruiz
Actualizada: 01/12/2005
El tabaco se desnuda de sus mitos y se nos muestra tal y como es: un asesino a sueldo… del Estado
Supongo, que muchos de los que pasamos de los 40 años, al recordar nuestras mocedades, no podemos esquivar en la memoria el humo de aquellos primeros cigarrillos a hurtadillas que además de provocarnos tos y arcadas, nos investían de madurez social. Eran, por supuesto, otros tiempos, en los que el tabaco y su liturgia pasaban con tanta naturalidad y prestigio de los labios de todos nuestros ídolos – no puedo olvidar a Humphry Bogart- a la sala de estar de casa, que fumar pertenecía, con todas las de la ley, al decálogo imaginario del adulto ideal de aquel entonces. Al día de hoy, y después de muchas décadas de darle a ese jodío fumeque del Juncal de Jaime de Armiñan, el tabaco se desnuda de sus mitos y se nos muestra tal y como es: un asesino a sueldo… del Estado. Y es que, qué otra cosa podíamos pensar cuando se nos presenta la zanahoria de una Ley Antitabaco que parece que va a exterminar un vicio legal que mata a 50.000 compatriotas al año, junto con el palo de las nuevas marcas de cigarrillos denominadas “baratas” que están enganchado a niños de 12 y 13 años. Es obvio que el estacazo nos va a dar detrás de las orejas cuando después de echar un vistazo a este proyecto de ley nos percatemos de que las tabaqueras siguen teniendo patente de corso para fabricar además de pitillos, fumadores, y que éstos, cada día más jóvenes, pasan a engrosar una casta perseguida y amedrentada por una norma que consiente el negocio público y privado de esta droga y margina al drogadicto. Si esto no es doblepensar orwelliano que me lo expliquen.
Mientras, a los contribuyentes que cada mañana llevamos a nuestros hijos a la escuela y junto con ellos contamos perplejos los cada día más numerosos estudiantes de Secundaria que fuman como descosidos a la puerta del colegio, no nos queda otra que explicarles que el tabaco, tal como se intuyen las cosas, no sólo puede matar su salud, sino también su derecho a una juventud sin tabaquismo.
Diario CÓRDOBA (28-XI-2005)
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