Actualidad de economía y nuevas tecnologías.
Martin Pawley
Actualizada: 04/11/2005
Lo último de Woody Allen, Match Point, es una obra maestra indiscutible que supone un inesperado giro en la filmografía del cineasta.
Seca, áspera, dura, atrevida, prácticamente sin ningún gesto de humor, Match Point es una nueva prueba de la capacidad que tiene este genio para reinventarse, empleando la violencia como recurso para cerrar la historia y construír con ella un discurso ideológico de enorme potencia. Un Woody Allen alejado de los clichés y los recursos que lo hicieron universalmente conocido, que somete al espectador a la perversidad de identificarse con un asesino, y que va arropado por un excelente reparto en el que sobresale el protagonista, un colosal Jonathan Rhys-Meyers, adorable y odiable a partes iguales. (Vieiros, 25/09/2005)
Cuesta reconocer en Match Point la mano del gran director neoyorquino. Está, y muy presente, pero no se ve de un modo tan explícito y claro como en otras películas. Woody Allen nos despista cambiando su escenario habitual por el paisaje gris de Londres y poniendo en el centro de la acción a unos personajes que, por edad y por origen, nunca antes habíamos visto en su filmografía. El protagonista de Match Point es Chris Wilton (Jonathan Rhys-Meyers), un ex-jugador de tenis que se pone a dar clases en un club para ricos y gracias a eso llega a formar parte de la alta sociedad al casarse con la hija de una familia adinerada. Al mismo tiempo cae fascinado por una chica americana (Scarlett Johansson) prometida con su cuñado, e inicia con ella una relación adúltera con trágicas consecuencias. Las relaciones de pareja de Match Point son típicamente allenianas: tremendamente apasionadas hasta un cierto momento en el que, sin que se sepa muy bien la razón, los sentimentos cambian y la atracción se desvanece de modo casi abrupto. El personaje de Jonathan Rhys-Meyers está fatalmente enganchado al de Scarlett Johansson, cosa que se hace evidente en muchas escenas pero sobre todo en la que pasa por ser mi favorita: aquella en la que él le suplica tras un encuentro casual en un museo que le diga su número de teléfono, mostrando desesperación y necesidad con mínimos y furtivos gestos, los de quien quiere hacer algo que sabe que no debe. El protagonista llegará luego a un punto sin retorno que intentará resolver por la vía rápida; aparecen entonces ocasionales destellos de comedia por medio de unos fantásticos investigadores de la policía encarnados por James Nesbitt y Ewen Bremner, pero a esa altura de la película el humor es ya necesariamente negro. El desenlace de Match Point añade mayores dosis de cinismo, pero con la suficiente inteligencia como para que podamos hacer lecturas mucho más profundas y seguramente más crueles. Más cerca de Crimes and misdemeanors que de Melinda and Melinda, pero aún con más toneladas de perversidad que la primera, Match Point es -mientras nadie me demuestre lo contrario- la mejor película de este 2005, una joya que nos confirma que los genios lo son justamente porque sean cuales sean las circunstancias podemos confiar siempre en ellos.