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Viernes 09 del Enero de 2009 — Actualizado a las: 17:42 PM

Director: Humberto Salerno

"Es la inseguridad, idiota"

manuel sanchez gomez-merelo

Actualizada: 16/01/2006

El ex presidente de EEUU, Bill Clinton, será recordado por diversas cosas, pero una de ellas será por la frase "es la economía, idiota" que utilizó para criticar a Bush padre en campaña electoral. Cambiando la palabra "economía" por "inseguridad" tenemos la respuesta a los que busquen el principal motivo de angustia de los ciudadanos del mundo.

 Lo cierto y positivo es que hemos llegado a 2006 y es hora, no solo, de hacer el balance de lo que logramos y de lo que no logramos en el año de 2005 en materia de seguridad, sino reflexionar sobre las fortalezas y debilidades, amenazas y oportunidades que vivimos en ese tiempo.

 Un balance que debe ser algo más que la mera relación de hechos recordables. Un balance que debe incluir el juicio ponderado y racional de aquellos aspectos en los que avanzamos y de aquellos otros en los que retrocedimos. Un balance que debe incluir la relación de las deudas o asignaturas que seguimos teniendo pendientes. Un balance, en definitiva, que debe valorar si existieron o no novedades satisfactorias y pasos en la marcha hacia la superación de nuestras inseguridades endémicas, además de evaluar también cuáles son las dificultades estructurales y de fondo que se siguen oponiendo al definitivo progreso hacia una seguridad sostenible..

 ¿Qué nos trajo el 2005 en materia de seguridad? ¿En qué punto empezamos y en qué punto nos deja para enfrentar los nuevos desafíos e inseguridades con los que comenzamos el año de 2006?

 Guerras, terrorismo y acciones criminales de bandas organizadas son, sin duda, las bases de comienzo o continuidad. Y como para muestra vale un botón, por ejemplo, deberíamos de recordar que las luchas entre los señores de la guerra han causado sólo en Somalia unos 300.000 muertos en los últimos 15 años. No obstante, es evidente que el hecho del 2005 que impactó en mayor medida en las conciencias ciudadanas, principalmente, en las sociedades occidentales fueron los atentados del 7 de julio en el transporte público londinense. Ya no es tanto el balance de víctimas mortales, que superó el medio centenar, sino la sensación de inseguridad, que arranca en el 11-S estadounidense y tiene su continuación especialmente en Bali, y en el 11-M de Madrid, de que se trata de un gran problema y una amenaza de erradicación muy complicada.

 Tampoco debemos perder el referente de lo ocurrido en materia de violencia urbana con trasfondo racial que nadie había previsto, ocurrido en tres de las seis primeras potencias de la Unión Europea (Alemania, Francia e Italia) que atravesaron en el 2005 serias crisis.

 Lo cierto es que este ha sido el año en que ha parecido que la “guerra contra el terror”, una expresión detestable repetida desde el 11 de septiembre del 2001, era tan interminable como Bush dijo que sería y difusa y confusa a más no poder.

 Las principales víctimas de la guerra contra el terror se han producido, claro está, en Irak donde, mediante el “castigo preventivo”, se ha contribuido a conseguir, desde abril de 2003, más de 100.000 muertos –como “daños colaterales”-, incluidos más de 2.000 soldados norteamericanos y a torturarnos a nosotros mismos.

 En cualquier caso, el año 2005 será recordado también por otros múltiples hechos, grandes y pequeños, dramáticos o alegres. Si dirigimos una última mirada global hacia el año que ha terminado, confluirán arrebatos y frustraciones emocionales y legítimas justificaciones de racionalidad, alegrías y tristezas, nostalgias y, quizá, algún arrepentimiento, además la satisfacción por aquello que logramos que saliera bien.

 Pero, es evidente que fue un año trágico: la violencia siguió causando muertes casi a diario en Irak, donde los Estados Unidos tratan de instrumentar soluciones institucionales uniformadas y confiables ante la mirada todavía escéptica de buena parte del mundo.

 Por otra parte, la situación es inestable, con un Osama Bin Laden desaparecido y sin que el fundamentalismo islámico muestre signos de repliegue o retractación ni mitigue la radicalización de sus aspiraciones y objetivos.

 Así, no es de extrañar que casi el 80 por ciento de los árabes, encuestados por la Universidad de Maryland en seis países, considere que la intervención militar liderada por Estados Unidos ha incrementado el terrorismo y ha disminuido las expectativas y oportunidades de paz, en tanto que casi el 70 por ciento abriga dudas sobre la sinceridad estadounidense en la promoción y fomento de la democracia, e insiste en sus ansias de dominio en la región y su defensa a ultranza de los intereses de Israel.

 Por tanto, y por desgracia, mientras no nos enfrentemos a los verdaderos problemas de Oriente Medio, a su historial de sufrimiento e injusticia, ese algo, esa especie de franquicia de Al Qaeda, seguirá viviendo entre nosotros.

 La metedura de pata en Irak, el terrorismo en auge y la inestabilidad en la región incitan actualmente a una desacreditada e impopular Administración estadounidense a subcontratar su guerra contra el terrorismo de forma amplia y global en favor de agentes de rango local. Un nuevo plan para la victoria del presidente Bush en Irak que se fundamenta, sobre todo, en la subcontratación de la guerra contra el terrorismo. Como un directivo empresarial ha tomado buena nota de que el coste de la guerra supera los 6.000 millones de dólares y 60 soldados muertos al mes de promedio y de que 6 de cada 10 estadounidenses consideran que la cuestión no merece tal esfuerzo. En consecuencia, ha adoptado la decisión de transferir la carga a los “subcontratistas” locales, dicho de otra forma, la iraquización, lo que le permitirá ir retirando las tropas poco a poco.

 En cuanto a los demás escenarios violentos heredados de años anteriores, como el Oriente Medio, África o Colombia, es evidente que los horizontes de la paz y la seguridad siguieron mostrándose casi inalcanzables.

 Todo ello además de que, todo año que termina se lleva una parte de nuestra historia personal. Pero nos deja también lecciones aprobadas dignas de ser aprovechadas, pérdidas y sinsabores que, con suerte y esfuerzo, acaso lograremos transformar en experiencias fructíferas, conocimientos nada desdeñables en el camino hacia el crecimiento.

 Lo cierto es que si no miramos con cierto detenimiento hacia atrás, mal podremos caminar hacia adelante con márgenes aceptables de certeza. Si no desciframos los enigmas de nuestra historia reciente, difícilmente enfrentaremos con éxito las dificultades que nos habrá de plantear el futuro inmediato. Lo que vivimos y afrontamos en el pasado será siempre la base de lo que viviremos y afrontaremos en el tiempo que está por venir. Se dice que el comportamiento en el pasado es predictor de las acciones del futuro. Lo que fuimos encierra, de algún modo, el secreto de lo que somos y también de lo que aspiramos a ser.

 Al explorar el año que se fue, hay que buscar las claves que nos ayudarán a resistir los retos e inseguridades del año que ha llegado. Así que, tengamos, sobre todo, la mente lúcida, el espíritu despierto y la memoria abierta para que la vida no nos sorprenda demasiado, para que este nuevo año nos encuentre pertrechados y unidos.

 No obstante, no porque sea un año nuevo hay que hablar de el, pero lo cierto es que merece la pena hacerlo. No deja de ser un placer escribir sobre las expectativas de un año nuevo y la tentación es grande por el sólo observar con esperanza aquello de positivo puede aportar a nuestras vidas.

 Pero, recordemos que, el último día que trabajamos antes de las vacaciones de Navidad nos despedimos de los compañeros de manera distinta que en el resto de vacaciones, aunque volvamos al cabo de pocos días. Lo cierto es que no es distinto. Los que se quedaron en el desempleo, siguen estándolo en el año nuevo; los que no tienen dinero para llegar a fin de mes siguen sin tenerlo; y aquellos que están enfermos no dejan tampoco de estarlo por ser un nuevo año. Por tanto podríamos afirmar que la felicidad que acompaña a la Navidad y el Año Nuevo es sólo virtual, un mero espejismo de la leyenda y la tradición que precede a estas fiestas.

 Finalmente, supongo que todos tenemos que posicionarnos tomar decisiones personales. La mía es no permitir que el 11-S y las “guerras preventivas” cambien mi mundo. Quizá Bush crea que los terroristas han cambiado su mundo. Pero yo no voy a permitir fácilmente que cambien el mío.

Pero, sin duda, el rostro del terrorismo, la violencia y la inseguridad han sido los protagonistas durante el pasado año 2005. Y, en este sentido, han surgido nuevas reglas globales, especialmente bajo el imperio de los EE.UU., y surgen en un nuevo orden, e incluso, con la consolidación de definiciones conceptuales difíciles de entender en un entorno de Estado de derecho, libertad y seguridad, como son esas nuevas doctrinas como: “castigo preventivo”, “eje del mal”, “libertad duradera”,” justicia infinita”, ”enemigo común”, “terrorismo global”... No olvidemos lo que decía Ulrich Beck (La sociedad del riesgo, 1986) ”Con más urgencia que nunca necesitamos conceptualidades que nos permitan pensar de una manera nueva sobre lo que se nos viene encima y vivir y actuar con ello”.

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