El racismo también se cuela en los estadios de fútbol
Francisco Dancausa Ruiz
Actualizada: 16/05/2005
La cuestión es saber si estas exacerbaciones del sentido racial de un determinado grupo étnico, son hechos aislados o realmente se corresponden con un sentimiento emergente y racista que cada vez da más la cara, como otras heces sociales, en los campos de fútbol.

Probablemente, cuando el dirigente socialista francés Jean Jaurés pronunciaba la frase “la violencia es una debilidad”, en uno de aquellos famosos discursos suyos en los que la clase proletaria de finales del siglo XIX era bañada con la luz del amanecer de un esperanzador y ecléctico socialismo humanista, no podía imaginar que en nuestro siglo, un arbitro de origen camerunés, connaturalizado con nuestra cultura y con la tierra de las naranjas y los parques eólicos, esto es Valencia, y, para colmo, con su mismo nombre y apellido, iba a ser un ejemplo palmario de su célebre pensamiento. Y es que Jean, arbitro de fútbol base y regional, no deja de ser noticia en las agitadas crónicas de deportes y no precisamente por su demostrada pasión por el balompié, sino más bien porque un grupo de forofos energúmenos y cuando el colegiado está arrobado por su pasión por el arbitraje, lo machacan con insultos xenófobos dejando su amor por el deporte nacional en manos del psicólogo. Por supuesto, aplicando el axioma del citado político galo a la personalidad de este juez arbitral, la debilidad no es precisamente la suya, ya que este deportista de raza negra ha demostrado grandes dosis de estoicismo y fortaleza de espíritu, sino de los que le vituperan, pues está claro que cuando la atonía moral se pudre puede dar lugar a, por ejemplo, el racismo. La cuestión es saber si estas exacerbaciones del sentido racial de un determinado grupo étnico, son hechos aislados o realmente se corresponden con un sentimiento emergente y racista que cada vez da más la cara, como otras heces sociales, en los campos de fútbol. Imagino que si Olsson, director ejecutivo de la UEFA, arengaba hace pocos días a jugadores y equipos para que luchen contra el racismo en los campos es por que el río, además de sonar, lleva agua. Está claro que culpables hay muchos, bien por error u omisión. Aunque responsables empezamos a ser todos. Mientras Jean sigue soñando con lo suyo: arbitrar partidos.
Diario CÓRDOBA (11-V-05)