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Viernes 05 del Septiembre de 2008 — Actualizado a las: 17:35 PM

Director: Humberto Salerno

Claire Denis

Martin Pawley

Actualizada: 20/01/2006

El Festival Internacional de Cine de Gijón dedicó el año pasado una de sus retrospectivas a la directora francesa Claire Denis, cuya obra no ha llegado a estrenarse comercialmente en España.

El ciclo se proyectó también en el CGAI, lo que nos permitió descubrir a una cineasta indiscutiblemente valiosa, que ha ido definiendo poco a poco un estilo muy personal que apuesta por el riesgo y la abstracción. El primero de los films que pude ver, fue, no obstante, una completa decepción. Vendredi Soir narra el encuentro casual de dos personas durante un gigantesco atasco en París. Atrapada entre cientos de automóviles, Laure (Valerie Lemercier) ve como se cuela en su coche un desconocido llamado Jean (Vincent Lindon), con el que acabará compartiendo sábanas en un hotel. Supongo que es una de esas películas que se dirían hechas “con exquisita sensibilidad”, pero yo no llegué a simpatizar lo más mínimo con sus personajes, así que me quedé con la incómoda sensación de haber visto un alargadísimo anuncio de perfumes para cuyo disfrute necesitaría, como poco, otro cromosoma X. Chocolat resulta, aún siendo bastante convencional, muchísimo más interesante, en buena medida por la deslumbrante presencia de su protagonista, Isaach De Bankolé, heredero de la austeridad totémica del mejor Woody Strode. Una mujer, France, vuelve a Camerún para visitar las tierras en las que pasó su infancia; la película se centra sobre todo en una época en la que el padre, oficial de distrito, está ausente y deja a su mujer y su hija al cuidado de un sirviente negro, Protée (Isaach De Bankolé). Chocolat revisa con sutileza el pasado colonial francés, inaugurando una de las líneas temáticas que permanecerán muy presentes a lo largo de toda la filmografía de la directora. La especial relación que la niña France mantiene con Protée, mucho más familiar y natural que la que mantiene con sus propios padres y desde luego muy alejada del tratamiento “Tío Tom” que el cine americano suele dar en estos casos, unida al deseo sexual que la madre experimenta por el sirviente y que sólo llega a hacerse explícito en un hermoso plano en el que ella, echada en el suelo, se aproxima lentamente a Protée hasta tocar su pantorrilla, marca el tono contenido, en absoluto histérico o discursivo, de una película francamente estimable. En el magnífico documental Man no run Claire Denis hace un exhaustivo seguimiento de la gira que dio por Francia un grupo camerunés, Les Têtés Brulées, en la que fue su primera visita a Europa. Los componentes del grupo encuentran en este magnífico trabajo espacio para expresarse en absoluta libertad, en un ejercicio de cine limpio y honesto, carente de prejuicios. Diversas actuaciones musicales y episódicos apuntes de humor, como una impagable escena en la que discuten a cuenta de una anécdota protagonizada por el abuelo de uno de los músicos, añaden razones para el entusiasmo ante un documental pletórico de vida. US go home es un largometraje hecho para la televisión sobre una adolescente (Alice Houri) que acude a una fiesta con la intención de perder la virginidad. Buena parte del metraje transcurre durante el guateque, lo cual justifica un tono vagamente nostálgico y la abundancia de canciones en la banda sonora, que hacen que la película sea difícilmente resistible. Parece “hecha para gustar”, algo que acaba siendo también su mayor defecto, pero en todo caso es muy agradable de ver y además nos descubre al magnético Gregoire Colin, actor fetiche de la cineasta. Menos estimulante es Keep it for yourself, un mediometraje ambientado en Nueva York y con una excesiva influencia de Jim Jarmusch. Nénette et Boni marca un punto de inflexion en la carrera de Claire Denis. Los personajes del título son dos hermanos que llevan años separados por culpa del divorcio de sus padres. Boni (Gregoire Colin) se quedó con su madre, ahora muerta, y trabaja vendiendo pizzas en una camioneta ambulante. Nénette (Alice Houri) huye de su casa y se reencuentra con su hermano, quien no se muestra muy convencido de querer compartir su vida con ella. Nénette está embarazada y no tiene intención de hacerse cargo del bebé; y como es tarde para un aborto se plantea dejarlo en adopción. Al fondo, la exuberante sexualidad de Vincent Gallo y una deslumbrante Valeria Bruni-Tedeschi, objeto de deseo para Boni. El final es poético, ambiguo y extraño, algo que es ya una genuina marca de la casa, como sucede con el baile de Denis Lavant en Beau Travail, sin duda la mejor de las películas de Claire Denis que conozco. Beau Travail es en cierto modo una adaptación inconfesa del Billy Budd de Herman Melville, transformando la figura mítica del marinero ideal, víctima de su propia perfección, en la de un soldado de la legión francesa al que da vida, por supuesto, Gregoire Colin. La unidad, comandada por el citado Denis Lavant, ve pasar el tiempo entre ejercicios de entrenamiento bajo el sol africano filmados con coreográfica belleza y las periódicas visitas a la discoteca, su único punto de contacto con el mundo real que se extiende más allá de los límites cuarteleros. La música es, como siempre, extremadamente importante, destacando en este caso el uso reiterado e hipnótico de un fragmento de la ópera “Billy Budd” –como no-, del compositor británico Benjamín Britten. L’intrus es, por ahora, su última película con argumento, puesto que su más reciente trabajo es otro documental, Vers Mathilde. La verdad es que no entendí nada de nada, aunque me queda el consuelo de saber que a Darren Hughes también le pareció horrorosa la primera vez que la vio en el Festival de Toronto y hoy por hoy es una de sus favoritas. La opinión de Darren me parece siempre muy estimable, así que esperaré a verla de nuevo para juzgarla. Cuando la saquen en DVD. O en la mula. Claire Denis en el blog de Darren Hughes, “Long pauses”: Chocolat - Beau Travail - Vendredi Soir

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