La energía: una componente cultural de nuestra civilización
Francisco Dancausa Ruiz
Actualizada: 25/07/2005
Las consecuencias de un consumo desmesurado de energías no renovables (carbón, uranio, gas natural y petróleo) proyectan un futuro donde el equilibrio natural de nuestro ecosistema se rompe en mil pedazos.

Les aseguro que lo que menos me podía imaginar, sobre todo ahora que muchos andamos aprovisionándonos de libros para pasar las tan ansiadas vacaciones soñando y culturizándonos, además de en familia, es que alguien, con toda pulcritud y metidito en un sobre, iba a dejar en mi buzón de correo lo que podría ser -si no fuera porque es gratis- todo un betseller de este estío. Por supuesto, me estoy refiriendo a la Guía Práctica de la Energía que, con tino y con la misma premura con la que se anuncia la solución de un desastre, ha editado el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDEA). En sus ciento treinta y cinco páginas, con un ameno y eficiente grafismo, y con un sucinto contenido donde ni sobra ni falta nada como en el lecho de Procusto, se van trenzado ciencia, consejos y pedagogía al árbol de la cultural de la energía, tan deficitaria aún en nuestro bagaje social. Está claro, que sólo con hojear este catecismo de sostenibilidad, uno se percata de que está ante un manual de modus vivendi entendible y aplicable por toda la familia y presto a ser aprovechado desde ya, sobre todo teniendo en cuenta que las consecuencias de un consumo desmesurado de energías no renovables (carbón, uranio, gas natural y petróleo) proyectan un futuro donde el equilibrio natural de nuestro ecosistema se rompe en mil pedazos.
En el otro lado de la balanza están las energías renovables, o sea, aquellas que no se agotan cuando las consumimos debido a que se renuevan de forma natural; no obstante el consumo de estas en España y según la Guía sólo representó en 2003 un triste 6,8%. Es obvio que necesitamos urgentemente aprender a aprovechar nuestros recursos y que este prontuario del IDEA puede ser el primer paso para que este verano comencemos a asimilar con todas las consecuencias aquello de Aristóteles de que "si nada hay eterno, no es posible la producción ni la generación".