Wikipedia y el frustrado ocaso de las elites
Daniel Vicente
Actualizada: 28/12/2005
En general todas las mini-revoluciones virtuales en Internet, que es la Sierra Morena del comunismo reciclado y de salón, me parecen ridículas, llenas de ruido y furia, pero faltas de seso. La Wikipedia es un ejemplo más.
La Wikipedia parte de premisas inconfesables, como que el saber es detentado por una minoría manipuladora que lo utiliza con fines políticos. La solución a ese supuesto vicio pasa, según ellos, por extender la facultad de manipulación a la mayoría a fin de que se autoneutralice. Lejos de conseguirlo, convierte sus artículos en tribunas de opinión, en conatos mutilados, en inaccesibles trincheras, en burda propaganda o en plagios insensatos (caso típico: de la versión inglesa a la española); y a sus héroes de cuño soviético -con derecho a condecoración a mano alzada- en "cazadores de vándalos".
El sueño de la anarquía produce monstruos y -se está demostrando- resulta contrario a la ciencia. Un concurso de voluntades para el conocimiento, condensadas pero inarticuladas, sin estructura jerárquica ni estado definitivo, sólo puede tender al caos. No cabe corregir esas fallas sin transigir con la completa subversión de la esencia del proyecto y, en fin, acceder a equipararlo con los preexistentes. Cambiarlo todo para que nada cambie. Una enciclopedia más con la cuestionable novedad de ofrecerse a satisfacer el ego de los lectores dándoles una cuota ilusoria de participación.
Es posible que Wikipedia funcione gracias a la multitud de individualidades brillantes que la integran, ya que la afluencia de colaboradores es masiva; y puede también que sepa preservar sus mejores aportaciones con una selección ecuánime. Sin embargo, todo ello es gracias a Internet, al providencial sentido común y muy a pesar de la propia Wikipedia, que lo debilita irremediablemente mediante su exacerbación ingenua.
A veces se pierde el hilo en un mismo artículo porque ha sido modificado por cientos de zanganillos discrepantes. Es como si pusiéramos a trabajar a diez personas en un huerto de cinco metros cuadrados: se acabarán molestando y lo harán peor que si fueran dos o una sola.
Al final uno invierte más esfuerzo en pelearse para que no le borren o le diluyan algo (pelea que conlleva un chalaneo tácito de criterios, una claudicación meramente política) que en escribir ese algo.
Y, lo que es más grave, ese proyecto de fusión de saberes, con incontables y novedosos mecanismos en su mano, no ha logrado el trasvase interdisciplinar, manteniendo los moldes tradicionales y las divisiones curriculares. Demasiadas comas burguesas. A la vista de los resultados, puestos a optar por "el pueblo", yo recomiendo de entrada alternativas menos pretenciosas.