Calentamiento Global: ¿sirve de algo un Protocolo de Kioto cuya principal meta es reducir las emisiones de dióxido de carbono?

Oct 21, 2004 | Noticias


Calentamiento Global: ¿sirve de algo un Protocolo de Kioto cuya principal meta es reducir las emisiones de dióxido de carbono?

Federico G. Witt

Actualizada: 21/10/2004

El consumo exponencial de petróleo que ha tenido lugar durante las últimas décadas resulta alarmante por dos razones: por una parte, los recursos mundiales de este combustible se agotan y, por otra, parece un hecho mayoritariamente aceptado que la combustión de combustibles fósiles (carbón y petróleo), que rinde dióxido de carbono y agua como productos mayoritarios, ha acentuado el denominado “efecto invernadero” debido a la propiedad del CO2 de absorber radiación infrarroja, esto es, calor. Y ese efecto invernadero está provocando lo que se ha venido en llamar “calentamiento global”, fenómeno que puede dar origen a cambios climáticos con resultados catastróficos.

Foto cortesía de la NASA

Los científicos comenzaron a dar la voz de alarma en cuanto empezaron a darse cuenta de este fenómeno. Algunas décadas después, muchos altos dignatarios, congreso tras congreso, con la mediación de algunos organismos dependientes de la ONU, convinieron en firmar el Protocolo de Kioto, en el cual se establecían unas directrices a seguir por cada país o grupo de ellos teniendo en cuanta un gran número de factores y de variables. La firma de este protocolo ha sido muy controvertida y hace un par de semanas Rusia ha aprobado finalmente su ratificación.

Hasta el momento, los países que habían ratificado el Protocolo producían el 44,2 por ciento de los gases que aparentemente provocan el efecto invernadero y con ello el aumento de la temperatura global. Rusia emite el 17,4 por ciento de dichos gases, por lo que su adhesión significa que entre todos superarán el 55 por ciento requerido para que el tratado tenga efectividad mundial.

En este tratado se habla fundamentalmente del dióxido de carbono emitido por la utilización combustibles fósiles. Pero ¿está claro que este compuesto sea el culpable?

La verdad es que hay razones tanto a favor de esta afirmación como en su contra. Por una parte se sabe que el dióxido de carbono (que antaño llamábamos anhídrido carbónico... sí, eso que sale de nuestros pulmones) absorbe la radiación infrarroja, pero no es ni el único gas capaz de ello ni es precisamente el más efectivo. Hay otros gases a tener en cuenta que, aún entrando en las regulaciones sugeridas en el Protocolo, se han tratado como actores secundarios:

El metano contribuye actualmente con un I5% del calentamiento global, excluido el efecto del vapor de agua. Se calcula que hacia fines del siglo XXI el efecto del metano habrá superado al producido por el dióxido de carbono. Cada molécula de este gas es 62 veces más capaz de absorber la radiación infrarroja que una de CO2. Además se produce en multitud de procesos, muchos de ellos derivados de la ganadería. Los rumiantes, por su tipo de alimentación con alto contenido en fibra, son muy flatulentos y se ha visto mediante imágenes de satélites que países como Holanda son grandes emisores de este gas. La descomposición de basuras y algunas prácticas agrícolas como los cultivos de arroz también son fuentes emisoras de metano cada vez más importantes.

El ozono: Cada molécula de ozono es 2.000 veces más efectiva que una molécula de CO2 para absorber calor. Es cierto que el ozono forma una capa protectora en la estratosfera que nos escuda de los rayos ultravioletas que provienen del sol, pero su presencia en la baja atmósfera, o troposfera, donde cada vez es más abundante, contribuye al 15 % del efecto invernadero. Y esta contribución aumenta progresivamente.

Los clorofluorocarbonados (CFC) se originan a partir de multitud de procesos industriales y de la utilización de fertilizantes de síntesis y, aparte de destruir la capa protectora de ozono de la estratosfera, creando así el tristemente famoso agujero de ozono, contribuyen aproximadamente al 14% del efecto invernadero total. Y esta contribución crece a ojos vista porque las moléculas de CFC tienen una larga vida activa. El CFC-11 es activo durante unos 65 años y el CFC-12 tarda 110 años en degradarse por término medio. Eso significa que las moléculas de CFC, una vez generadas y emitidas, permanecerán en la atmósfera acumulándose con las que ya hubiera allí, y resulta alarmante saber que cada molécula de CFC-11 y de CFC-12 contribuye 3.500 y 7.300 veces más al efecto invernadero, respectivamente, que cada molécula de CO2.

Oxido de nitrógeno: Este gas contribuye por sí solo al 6 % del calentamiento global. La contribución de cada molécula es 200 veces superior a la de cada una de dióxido de carbono, con un tiempo de residencia en la atmósfera de 150 años. Se produce principalmente como subproducto de la combustión de combustibles fósiles y a partir de los fertilizantes nitrogenados de uso agrícola. Otra parte importante proviene de orígenes naturales sobre los cuales el hombre no tiene control.

Otros gases contribuyen en menor proporción. El vapor de agua contribuye incluso más que el CO2 al efecto invernadero aunque, al ser su presencia independiente de la actividad humana, no se considera como un gas responsable del calentamiento global.

Mi pregunta es ¿es el CO2 tan negativo como nos hacen creer? El dióxido de carbono no deja de ser un gas natural que igual que se emite puede volver a fijarse por los organismos fotosintéticos de océanos, aguas continentales y tierra firme. Aunque aparentemente sólo algo más de la mitad de las emisiones de carbono producto de la actividad humana sea absorbida actualmente por estos procesos naturales, si controlamos las emisiones el equilibrio se restablecerá tarde o temprano de forma gradual, y con él la temperatura global del planeta. Pero el resto de gases mencionados no sólo son muy eficientes a la hora de absorber rayos infrarrojos sino que se acumulan en la atmósfera y su vida activa es muy larga, por lo que su efecto es acumulativo, se produce a velocidades exponenciales y de forma irreversible a medio y largo plazo.

Considero que no se debe dar tanto protagonismo al CO2. Este gas sin duda contribuye en gran parte al calentamiento global, pero quizá no debe ser el que más nos debe preocupar. Además, aunque existan ciertas sospechas acerca de la vectorialidad de los estudios realizados en EEUU que aseguran que el CO2 no es el causante del calentamiento global, los datos en que se basa este argumento son muy indicativos: la evolución de la temperatura terrestre coincide al dedillo con la actividad de las manchas solares, y se ha demostrado la presencia de ingentes depósitos de carbono (indicación de abundante CO2 atmosférico) acumulados durante eras geológicas glaciales.

Y no olvidemos que los países que se apresuraron a promover la firma del Protocolo de Kioto, en las condiciones en que se hizo, también tenían sus propios intereses al respecto.

Creo firmemente que la ratificación del Protocolo debe ser revisada y que se debe adecuar a las exigencias globales a medio y largo plazo, dando menos importancia al dióxido de carbono (aunque sin quitarle la que tiene) y promoviendo una disminución drástica de la emisión de CFC, metano, ozono y óxido de nitrógeno. Pensemos que los países industrializados ya hemos emitido una cantidad excesivamente perjudicial de estos gases. Debemos evitar, en la medida de lo posible, emitir más. Podemos optimizar los procesos que originan la aparición de dichos gases, o incluso reducir la producción industrial y agrícola, para permitir que otros países puedan dedicarse a producir y desarrollarse, pero debemos exigir a éstos que desde el comienzo lo hagan de una forma responsable. China ha despertado. Si no andamos con cuidado y su desarrollo se dispara sin control, podemos encontrarnos con un cataclismo climático a nivel mundial.

Sería mejor esperar que ese cataclismo se retrasara al menos hasta que la India comience a desperezarse.




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