Consejos para invertir en 2012 sin morir en el empeño

Ene 4, 2012 | Invertia


Por muy buen profesional que sea, no es independiente y su sueldo no depende de la calidad de su asesoramiento. Por tanto, es muy importante que el ahorrador se forme e informe adecuadamente y acuda a profesionales de la inversión si es necesario.


Este año 2012 puede dar verdaderas alegrías al inversor avezado, pero la alta volatilidad puede arruinara más de uno si se equivoca arriesgando su dinero. A rio revuelto, ganancia de pescadores, si se sabe dónde y cómo pescar.


Antes de elegir los productos financieros en que depositar nuestros recursos, debemos analizarnos a nosotros mismos; dependiendo de nuestra situación, cultura y sentimientos, hay productos que se adaptan a nosotros y otros que no. A la hora de tomar decisiones de inversión hay que considerar:


1.- Nuestra cultura financiera y conocimiento previo del producto financiero que estamos evaluando. Como dicen los grandes inversores, no invierta nunca en un producto que no entienda. No olvidemos jamás esta máxima y nuestros ahorros correrán menos peligro.


2.- Nuestra forma de ser, sentimientos y aversión al riesgo; muchas veces olvidamos lo más importante a la hora de invertir, nuestra forma de ver el mundo y los riesgos inherentes a éste. La premisa básica a tener siempre en cuenta es que no hay rentabilidad sin riesgo. Si queremos ganar por encima de la inflación (que es un impuesto oculto que año a año mina nuestros ahorros), tendremos que arriesgar. Dependiendo de nuestra tolerancia a las pérdidas, necesidades de liquidez y capacidad de asumir la incertidumbre, hay vehículos de inversión que nos convienen y otros no. A fin de cuentas, no sólo debemos pensar en ganar dinero, sino también en estar lo más tranquilos posibles. También nuestra edad influye, ya que si estamos cerca de la jubilación, por poner un ejemplo, no deberíamos arriesgar demasiado, por muy adictos al riesgo que seamos.


3.- Nuestro nivel de ingresos mensuales y ahorros disponibles. Por muy arriesgados que seamos, por ejemplo, no tiene sentido invertir en Bolsa si no tenemos suficiente dinero para asumir perder la inversión. Los ingresos mensuales, por otra parte, determinan nuestra fiscalidad personal, que determina nuestra elección para optimizar la factura del IRPF.


Cuando hemos calibrado exhaustivamente nuestra situación, llega el momento de analizar los productos financieros e invertir en los que mejor se adaptan a ella.


La deuda pública española es actualmente muy atractiva, si tenemos en cuenta la relación riesgo/rentabilidad. Es posible perder dinero comprando letras o bonos del Tesoro, pero estaríamos hablando de una situación de hecatombe nacional muy poco probable. La Constitución garantiza que el Estado responderá de sus deudas de forma prioritaria y avalando el 100% a los inversores. Más seguridad es imposible para un producto financiero español. En cuanto a la rentabilidad, la última subasta pagó un 4,05% por colocar las letras a 12 meses, un 4,226% en las letras a 18 meses y un 5,187% para los bonos a 3 años. Lo que sí hay que tener muy claro es la liquidez del producto: si necesitamos el dinero antes del vencimiento tendremos que vender en el mercado secundario, asumiendo pérdidas si cotizara por debajo de su nominal.


Los depósitos bancarios son sin duda otra forma de ahorro muy interesante para el cliente que busca seguridad para su dinero y no acepta asumir pérdidas. El Fondo de Garantía de Depósitos (FGD) asegura 100.000 euros por persona y entidad financiera, en caso de que el banco o caja fuera liquidado. A pesar de las restricciones existentes aún conocidas por ?Ley Salgado?, hay depósitos que superan el 4%, incluso a corto plazo. El problema es que para acceder a las mejores ofertas tendríamos que depositar al menos 25.000 euros, o incluso 50.000 en algunos casos. Nos atrevemos a augurar un 2012 próspero para este tipo de productos, fáciles de contratar, conocidos por los ahorradores y con una relación seguridad/rentabilidad muy interesante para los mejores del mercado.


Pagarés o bonos bancarios; las entidades financieras, para sortear el sobrecoste en aportaciones adicionales al FGD que les supone la normativa Salgado, han emitido una serie de productos financieros similares a los depósitos tradicionales. Lo que tenemos que tener muy claro es que su riesgo es superior, al no estar garantizados por el FGD, sólo por la solvencia de la propia entidad financiera que los emite. Por tanto, a mayor riesgo, más rentabilidad hay que exigirles. Si no superan a los depósitos, no tiene sentido ni plantearse la inversión. Ni que decir tiene que no tenemos que fiarnos de consejos bancarios del estilo ?es un producto muy similar a los depósitos? y argumentos de venta similares. Leamos siempre con atención la letra pequeña.


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