- Fuente: 20minutos
Culión lucha por dejar de ser la 'isla de los muertos vivientes'
"La gente cree que todos los que vivimos aquí somos deformes, mencionar la isla hace pensar en lepra, pero ahora somos una isla como otra cualquiera", afirma el doctor Arturo Cunanan, director del sanatorio de Culión y considerado un experto en esta enfermedad infecciosa. "Ahora (prosigue) ya no hay nadie infectado. En 12 años no hemos tenido un solo caso y las personas que se ven con síntomas son pacientes ya curados. Los tratamientos modernos permiten una recuperación muy rápida".
Cunanan, nacido en Culión y nieto de enfermos de lepra, recuerda que "hace veinte o treinta años, la infección era visible en ocho de cada diez personas que se veían por la calle".
El estigma era tal, que cuando la isla fue declarada municipio en 1992 (antes era considerada un sanitario, bajo la administración del Ministerio de Sanidad), muchos habitantes abogaron por cambiarle el nombre para que la leprosería cayera en el olvido.
Hilarion Guia, el primer alcalde que tuvo el municipio y curado de la lepra desde hace más de veinte años, se acuerda bien de cómo muchos jóvenes de Culión que querían estudiar en las universidades del país tenían ocultar su procedencia para evitar ser discriminados por los alumnos y en otros círculos sociales.
"Les daba vergüenza. Ellos fueron mi inspiración para luchar por cambiar nuestra reputación", dice Guia, quien fue apartado de su familia para ser internado en Culión en 1950, cuando tan solo tenía ocho años. "Quedé marcado la primera vez que llegué a Culión. Excepto los médicos y otro personal sanitario, todo el mundo estaba muy afectado por la enfermedad, sus cuerpos estaban deformados. Lo primero que pensé es que algún día sería como ellos", rememora.
Cuando mis vecinos en la isla de Negros descubrieron que tenía esta enfermedad me hicieron la vida imposibleGuia, a quien la lepra causó deformaciones en sus manos y pies, recuerda que no tuvo otro remedio que aceptar ser trasladado a la que llaman la 'isla de los muertos vivientes', donde durante unos años estuvo acompañado por un tío carnal también infectado. "Gracias a ello pude tener una escolarización y convertirme después en profesor. En mi provincia, mi abuela que me cuidaba no quería mandarme a la escuela por miedo a que otros niños se rieran de mí", dice.
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