Curas y monjas con tendencia homosexual crean un grupo secreto para orar y entenderse

Feb 1, 2012 | 20minutos


Curas y monjas con tendencia homosexual crean un grupo secreto para orar y entenderse

Rebasan la cuarentena y sin sotanas ni hábitos todos pasarían por laicos C. tiene 45 años y es una monja lesbiana. Está consagrada a Dios -con los votos de obediencia, pobreza y castidad-, pero no lleva hábito. Pertenece a un instituto de vida secular de inspiración Paulina: "Más pistas no me parece prudente dar", dice.
El piso -40 metros y vacío- no es muy acogedor, pero sí un lugar discreto. Se lo ha cedido V., un gay profundamente cristiano, impulsor de esta agrupación y el único laico al que la comunidad permite el acceso a la oración.
Son casi las nueve de la noche y, poco a poco, va llegando el resto de los miembros de Betania -nombre que hace referencia a la "aldea en la que Jesús tenía buenos amigos"-.
El número de asistentes a la liturgia fluctúa por semanas, no menos de seis -los habituales- y no más de doce. Pertenecen a distintas órdenes religiosas: franciscanos, jesuitas, misioneras, carmelitas... Hay un seglar de una orden terciaria, una mujer de una prelatura personal, y un misionero parisino, Jean. Casi todos rebasan la cuarentena y sin sotanas ni hábitos todos pasarían por laicos, excepción hecha de una religiosa que viste una falda azul marino tal vez demasiado larga.
La idea de fundar la agrupación Betania surgió dos años atrás. V. acudía como portavoz de Crismhom -una asociación cristiana por la diversidad sexual- a un encuentro nacional sobre homosexualidad y catolicismo en Toledo. Allí conoció a varios religiosos y de sus charlas surgió "la necesidad de crear un espacio propio, donde ellos pudieran fundir vocación y tendencia homo-afectiva-sexual".
Estos religiosos han vivido en el pasado su identidad sexual "con vergüenza", "negación" y "frustración", según explican en su carta de presentación. Unirse les ha ayudado a comprender que su inclinación sexual, lejos de un "error, pecado o cruz" es un "regalo de Dios" que da sentido y apuntala su vocación.
Los estudios hablan de un 30% de curas y monjas homosexuales En el piso de Lavapiés, C. abre la puerta a J., el sacerdote que preside sus celebraciones eucarísticas. J., que también viste de calle, prefiere no hablar y pasa de puntillas por este reportaje. Teme ser apartado de sus funciones por la Diócesis si trasciende que dirige el rezo y confiesa a un grupo de religiosos homosexuales.
La ceremonia se llama las Vísperas y dura tres cuartos de hora. Es la oración que marca el diurnal, la misma que se reza hoy desde Perú a Australia. En este salón con una decena de sillas dispuestas en círculo en torno a una mesa en la que descansan dos iconos bizantinos (de un cristo con su amigo y de una virgen con su niño) y las escrituras abiertas, el cura tiene a gala hacer un uso no sexista del lenguaje. Siempre dice: "Dios padre y madre". Tras los salmos y cánticos, el grupo pide por las víctimas de agresiones homófobas y lamenta la última salida de tono del papa Benedicto XVI, que ha dicho que los matrimonios homosexuales "acabarán con la humanidad".
La Iglesia Católica califica de "conducta desviada" la homosexualidad y veta a los que tengan una "profunda y marcada tendencia homosexual" en sus seminarios desde que salieron a la luz miles de denuncias por abusos sexuales en parroquias y colegios. Sin embargo "la representatividad gay en la Iglesia (en torno al 30%) es superior a la de la sociedad (6-10%)", informa Juan Antonio Férriz, portavoz de asuntos religiosos de la Federación Española de asociaciones pro derechos LGTB (Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales).
La monja C. supo que a ella le atraían "más las chicas que los chicos" a la vez que sintió "la llamada personal de Dios" al estado religioso. "Fueron años de mucha confusión", reconoce. Los miércoles de Betania son una cita mitad acto religioso, mitad terapia grupal "Dentro de la Iglesia, y en mi congregación en particular, el tema sexual es tabú", añade para explicar por qué acude a Betania: "No tengo crisis vocacionales, pero a veces necesito hablar, desfogarme, contar a alguien mis dificultades".  A ella le alivia saber que no es única, que hay otros religiosos homosexuales.
Los miércoles de Betania son una cita mitad acto religioso, mitad terapia grupal. Tras la oración, una tortilla de patata y unos refrescos sustituyen a los iconos litúrgicos sobre la mesa del salón. Los religiosos toman un piscolabis y hablan en corrillos "de sus cosas más personales", cuenta el impulsor de estos encuentros, V. Entre otros temas, hablan de cómo lidian en su día a día con la homosexualidad en el seno de una Iglesia que no los acepta.
Los religiosos homosexuales de Betania confiesan que sufren los "reproches" cada vez más constantes por parte de la jerarquía católica española contra los derechos de los gays.
"Me duele  mucho porque [...]


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