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El Barça se gusta otra vez
Marcelo Bielsa sabe desde ayer que, en la próxima final de la Copa del Rey tendrá que proponer un discurso alternativo a la contracultura futbolística de Pep Guardiola. Con un argumentario fiel al relato que ha tejido los últimos tres años y medio, el Barcelona fue al encuentro del Athletic cargándose de razones frente al Valencia. Más que por el marcador (2-0), que también, los azulgrana atraparon la duodécima final desde que Guardiola manda en el banquillo, con un ejercicio futbolístico muy próximo a la mejor versión del Barça. A la espera de recuperar efectivos, definición y los goles de Leo Messi, los azulgrana saldan sus compromisos mayores con la ambición de siempre, la imaginación privilegiada del argentino y un juego que recobra las señas que le identifican. Intentó minimizarlas el Valencia, pero privado de Soldado, víctima de la gripe, no le alcanzó. Lo lograron los de Unai Emery en el primer cuarto de hora y el premio fue un gol en contra que mudó la piel del partido.
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Y es que, como le acostumbra a suceder en las grandes finales, el Barça necesitó esos 15 minutos para asentarse sobre el césped, sorprendido en gran medida por la asfixiante presión del Valencia, amo y señor del encuentro durante ese tiempo. Sin la pelota, no había manera de reconocer a los azulgrana, por más que Xavi hubiera recuperado la manija en la medular, con Thiago haciendo de Busquets, y Cesc al otro lado. Sucedió, sin embargo, que el genio de Messi imaginó lo que a nadie se le ocurrió:
que Cesc atraparía el kilométrico envío que el argentino le lanzó desde campo azulgrana, cuando medio Valencia no había tenido tiempo de recular. El medio puso la quinta, dejó atrás a Miguel y, ante la media salida de Alves, sacó petróleo con su derecha.
El gol de Cesc mudó el paisaje del encuentro por completo. El sometido, que se había agarrado al exultante Puyol para espantar los miedos, pasó a dominar. Y el Valencia, empequeñecido, a defender. Por vez primera en los últimos partidos, el Barça había rentabilizado la primera y única ocasión que había tenido. Y el tanto tuvo un efecto despertador sobre los de Guardiola, jaleados desde la grada en los minutos de mayor zozobra. A partir de entonces, los azulgrana se desplegaron como en las mejores noches, con Xavi comandando, Messi clarividente y amenazador, y Cesc omnipresente en ataque. También como en los últimos partidos, el Barça falló, en su plenitud de juego, todo lo que generó, que fue mucho.
El Barça muestra su ambición y alcanza su cuarta final del curso
Entre otras cosas, porque Messi recuperó de su repertorio algunos de los gestos que lo han convertido en el más grande. Le faltó, sin embargo, definición a la Pulga, que se estrelló contra Alves, en un precioso cara a cara ante el meta valencianista, y de nuevo minutos más tarde, en un lanzamiento de falta sacado en corto por Xavi. Para suerte del Valencia y desgracia del Barça, que pudo irse al descanso con un triplete, la falta de acierto ante portería no fue una exclusiva del argentino. Cesc, su socio en el gol, y fabuloso en todo lo demás, también falló un par de ocasiones bien claras.
Y a punto estuvieron de [...]
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