El estrés y la memoria - Noticias.com

Ene 1, 2010 | Noticias


El ritmo de vida que llevamos, con todo lo que ello comporta, nos produce constantemente situaciones de estrés: el trabajo, los asuntos pendientes, la carga familiar, las presiones económicas, el tráfico, las prisas…, en una sociedad competitiva y cambiante en la que vivimos, dónde el tiempo es el bien más preciado y el que menos poseemos.           El término estrés se define como la respuesta adaptativa del organismo ante los diversos estresores (Selye, 1936), estímulos o situaciones que provocan una respuesta de estrés. Es una respuesta automática del organismo a cualquier cambio ambiental, externo o interno, mediante la cual se prepara para hacer frente a las posibles demandas que se generan como consecuencia de la nueva situación (Labrador, 1992).

A veces, constituye un recurso para enfrentarse a estas nuevas situaciones, como mecanismo adaptativo que nos capacita para responder de manera efectiva a una amenaza, ya sea potencial o real, para su supervivencia (mayor percepción de la situación, procesamiento más rápido de la información, mejor búsqueda de soluciones y la selección de conductas adecuadas para hacer frente a las demandas de la situación). Sin embargo, si se repite con excesiva frecuencia, éste supone un desgaste importante para el organismo, con la aparición de trastornos psicofisiológicos.

Desde un punto de vista cognitivo, el estrés como factor ambiental contribuye al deterioro de la memoria, constituyendo un problema en la sociedad actual, con un incremento en la población creciente (Kim et al, 2002).

“El estrés como factor ambiental contribuye al deterioro de la memoria, constituyendo un problema en la sociedad actual”

La memoria humana es aquella actitud que, puesto que admite el recuerdo, permite en el mismo instante a todo ser humano reconocerse en un presente que es producto de su historia y la raíz de su futuro (Gil, 1999). En esencia, sin memoria seríamos incapaces de ver, oír y pensar. No dispondríamos de lenguaje para expresar nuestros propósitos y, de hecho, tampoco tendríamos ningún sentido de identidad personal.

Así pues, asistimos ante un hecho significativo. En las últimas décadas, numerosos estudios demuestran el impacto negativo del estrés en las funciones cerebrales superiores, tales como la memoria y la atención (Kim & Yoon, 1998; McEwen, 2000).

En resumen, la pérdida de memoria puede constituir hoy día un problema importante en la sociedad globalizada en la que vivimos, basada precisamente en la información. Existe poca consciencia de cómo el estrés puede repercutir negativamente en nuestra calidad de vida. Pero el estrés no sólo produce un deterioro cognitivo, sino que además, el organismo sufre otras amenazas tales como la hipertensión arterial, dolores de cabeza,  gastritis y úlceras de estómago, alteraciones del apetito, trastornos de sueño y agotamiento. Por ese motivo, debemos prevenir el estrés, evitando su tratamiento con fármacos u otro tipo de terapias alternativas.

Para ello,  daremos paso a una serie de recomendaciones para evitar el estrés, como medidas preventivas. Estrategias para disminuir o evitar el estrés: realizar ejercicio físico, realizar técnicas de relajación, evitar el uso de tranquilizantes o alcohol para hacer frente a las situaciones estresantes,  percibir los cambios como positivos y no como una amenaza, fijarse metas reales en el trabajo, dedicar más tiempo a la familia y a las amistades, tener una dieta equilibrada, dormir las horas recomendadas y mantener activa la mente y la memoria con la lectura u otras actividades que estimulen nuestra memoria y favorezcan la cognición.

¿Y en el trabajo? Más recomendaciones para reducir el estrés: tomar suficiente agua durante el día, evitar el exceso de cafeína, evitar comidas copiosas, realizar  descansos frecuentes de cinco minutos escuchando música relajante o practicando estiramientos o respiración profunda, procure no ir más allá de sus posibilidades evitando el agotamiento, cambie de tarea si no avanza la que está realizando, cambie la forma de ver los conflictos para elaborar otras soluciones, exprese sus puntos de vista y admita y demande las críticas y utilice una agenda para planificar sus actividades.

Todo ello favorecerá su estado de ánimo y mejorará en última instancia su calidad de vida.   Bibliografía más relevante:

- Kim, J.J.& Diamond, D.M. (2002). The stressed hippocampus, synaptic plasticity and lost memories.  Neuroscience, 3, 453-462. - Kim, J.J. & Yoon, K.S. (1998). Stress: metaplastic effects in the ippocampus. Trens Neuroscience, 21, 505-509. - McEwen, B.S. (2000). Effects of advers experiences for brain in the hippocampus. Biol Psychiatry, 48, 721-731.





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