"El fado no tiene color político, es el suspiro de un pueblo"

Nov 28, 2011 | Publico


"El fado no tiene color político, es el suspiro de un pueblo"

Maria Celeste Rebordão Rodrigues (Fundão, 1923) es la última superviviente de la época dorada del fado. Hermana de la gran fadista Amália Rodrigues, canta cada noche de domingo en una casa de fados del histórico barrio lisboeta de Alfama, en cuyo interior responde a esta entrevista. Con 59 discos publicados desde su estreno en 1950, Celeste Rodrigues se prepara para cruzar el charco y debutar el próximo 24 de enero en el teatro Carnegie Hall de Nueva York.

El fado ya es Patrimonio de la Humanidad. ¿Lo esperaba?

Nunca imaginé que fuera a llegar este reconocimiento porque ni sabía que existía eso de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, pero es un galardón muy merecido. Sólo hay que ver a gente de todo el mundo aprendiendo portugués para poder entender los fados. Esta música ha hecho tanto por nuestro idioma como la poesía de Camões, como por el español hicieron Machado o Lorca.

Su hermana Amália ya no está. ¿Qué pensaría ella?

Estaría tan contenta como yo, porque durante muchos años ella reclamó un trato de justicia para el fado. Amália tomó contacto con el fado en las calles de Lisboa, donde escuchaba a los cantantes con sus historias del pueblo. La calle y la noche son las verdaderas escuelas del fado, porque esta música no se aprende, se siente. Puedes aprender la música y las letras, pero el fado no se enseña ni se aprende, el fado se vive. Y la vida es la única escuela del fado.

¿Ha cambiado mucho el fado en estos dos siglos?

Apenas en estilo, porque el fado sale del alma de cada intérprete, el fado es la sensibilidad del cantante y del guitarrista.

¿El fado es a Portugal lo que el flamenco a España y el tango a Argentina?

El fado y el flamenco demuestran que los dos pueblos se parecen mucho, aunque ustedes son más alegres, más extrovertidos, y los portugueses somos más melancólicos, quizá porque estamos cerca del mar. Somos los últimos de Europa y apenas tenemos el mar como vecino. Para el portugués, la vida es un fado: amor, celos, mar, cielo es un cante jondo que sale del interior del alma, como el flamenco que escuchaba cuando Amália y yo íbamos de vacaciones a Badajoz o Balears. En Mallorca, una noche estuvimos escuchando flamenco hasta que amaneció y otras veces pasábamos días enteros junto a Porrina de Badajoz y Manolo Caracol, dos grandes cantaores que fueron buenos amigos. [...]


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