- Fuente: Publico
"'El Guernica' invita a un compromiso político"
Cuando la guerra contra Irak estaba cantada, Picasso, que llevaba 30 años muerto, pasa por el mayor ataque de censura. A finales de enero del año 2003, a la entrada del Consejo de Seguridad de la ONU, en Nueva York, acuden a hacer declaraciones a la prensa Colin Powell, secretario de Estado norteamericano por entonces, John Negroponte, embajador de EEUU en la ONU, y Hans Blix, el famoso jefe de los inspectores. En un improvisado set de prensa, los responsables de la guerra leen sus comunicados. Delante del micrófono, decenas de cámaras. Detrás de Powell, Negroponte y Blix, una cortina azul tapa el enorme tapiz que reproduce el Guernica, donado a la institución por Nelson A. Rockefeller, en 1985.
La reproducción cuelga en una organización que tiene como misión principal "preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra", según el preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas. Pero lo cierto es que casi 70 años después del bombardeo de la Legión Cóndor nazi, la fuerza de la denuncia del cuadro no había perdido ni un gramo de denuncia. La humanidad seguía castigando a la humanidad y el grito de esas mujeres, niños y animales no era la imagen que debía acompañar el inicio de una nueva matanza... desde el aire.
Aunque duela, el Guernica no ha desaparecido. Para el historiador del arte Timothy Clark [...]
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