El talento pierde el pasaporte

Feb 6, 2012 | Publico


El talento pierde el pasaporte

No fue el día del fútbol. Fue un partido de amor propio, en el que el talento perdió el pasaporte. No se perdonó ni un centímetro. Una ocasión fue un monumento. Dos seguidas, imposible. Pero donde hay temperamento pasan estas cosas tan simples. La noche se convirtió en una cárcel repleta de duelos personales y de victorias para los defensas, que resolvieron el peligro. Jugaron con exquisita puntualidad y no descartaron nada, ni empujones siquiera. Triunfó gente como Mathieu, que fue un héroe en su banda. Diego se exilió allí por un tiempo. Buscó la tierra prometida, pero salió apenado. En la segunda parte apenas volvió. Ante defensas como Mathieu, el hombre que necesita tiempo para pensar tiene las de perder. La única opción es rebasarlo por velocidad y por eso Juanfran fue el único que le produjo algún mal rato.

A última hora, pasó Falcao a la derecha. Y no fue una idea inoportuna. En realidad, Falcao fue siempre un futbolista ejemplar. Ante la ingratitud de la noche, bajó a su campo a defender. También expuso las posibilidades de su cintura en defensa y ataque. Descubrió por el suelo ideas animadas y, a la carrera, encontró la gran ocasión del Atlético en la segunda parte. Pero la pelota se portó mal con su esfuerzo, que fue supremo. No quedaba otra en un partido que se pudo jugar en cualquier industria japonesa. Nacieron hombres por todas partes en medio campo. Sin perder los nervios, nadie dio con la tecla. El que menos Diego, al que sólo respaldó su impecable voluntad. Tiago tuvo paciencia para aguantar en pie, pero no para resolver. Gabi no subió de categoría. Y Turan no encontró la paz por ninguna parte.

Fue una noche de amor propio en la que no se perdonó un centímetro

En un partido como este, Albelda podría durar toda la vida. Tiene la picaresca de la patada. Y sus protestas le hacen parecer más importante de lo que es. Es natural que oposite a un cargo vitalicio que, en el caso de Tino Costa, ni se concibe. Tiene otra idea del oficio. Vio que la noche pedía desplazamientos largos y lo hizo. Ofreció una situación de gol a Soldado. Pero el delantero vivió obtuso, sin velocidad de reacción. El Valencia se quitó un peso de encima con su marcha. Salió Aduriz, que parece Clint Eastwood, un especialista total. Y se rodeó de gente como Jonas, que subió de precio la noche. En silencio, como es él, le ofreció el gol del partido a Jordi Alba, al que no asustó el encargo. Jugó con clase, pero sin la influencia total sobre la pelota. Un [...]


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