Enorme Mirandés

Ene 25, 2012 | Publico


Enorme Mirandés

Alcanzado el minuto 90 de partido, la ilusión de miles de aficionados que soñaban con la fábula se había truncado. El Mirandés, ese fabuloso equipo de Segunda B que había llegado a los cuartos de la Copa derribando a todos los gigantes, decía adiós. El empate a uno ante el Espanyol le dejaba fuera del torneo que tan brillantemente había protagonizado. Esperando el silbido final, se preparaba ya su hinchada para celebrar una eliminación de lo más digna, cuando, inesperadamente, se encontró festejando la casi milagrosa clasificación de su equipo para las semifinales, que le disputará al vencedor de la eliminatoria entre el Athletic y el Mallorca.

Los blanquiazules juegan con fuego y caen víctimas de la fe de los de Pouso

Lo hará porque se lo merece. Porque nunca perdió la fe. Porque buscó en el tiempo añadido el gol que no había encontrado antes para protagonizar otra machada y dejar en la cuneta al Espanyol, que tiró la eliminatoria. Su búsqueda tuvo premio: en la cabeza de Caneda, que remató a la red de Casilla una falta botada por el inefable Pablo Infante. El meta blanquiazul, que había salvado otra gran ocasión instantes antes, nada pudo hacer. Era el final lógico. Y justo. Durante demasiado tiempo, el Espanyol jugó con fuego. Planteó un "resistiré" de riesgo extremo. Con el 3-2 de la ida, un gol le bastaba al Mirandés para voltear la eliminatoria y protagonizar el derribo futbolístico de Goliat. Pero Pochettino pareció subestimar la posibilidad de que los burgaleses se convirtieran en David. La ausencia de Verdú en su once así pareció indicarlo. La actuación de los blanquiazules lo confirmó. No jugó a nada el Espanyol, víctima de sus carencias y del continuo acoso del Mirandés, incansable.

Con más físico y corazón que cabeza, alentado por su fabulosa y entusiasta afición, el equipo de Carlos Pouso se impuso durante los primeros 45 minutos. Tuvo el balón e intentó rentabilizarlo. El Espanyol, simplemente, renunció a su fútbol. Se limitó a vigilar de cerca al peligroso Infante -Galán no le quitó ojo- y a sofocar las acometidas de Alain, infatigable en su misión de revolotear en el área. Suyas fueron las dos tímidas ocasiones que firmó el Mirandés antes de la pausa.




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