"Un ágil y entretenido juego de opuestos"

Un ágil y entretenido juego de opuestos

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Foto: Wikipedia – Gri wiki

Tiene un mucho de Lalola, algo de Los exitosos Pells, un poco del clima de Los Roldán y, sin embargo, no se parece a ninguno de los otros programas de Sebastián Ortega. Está el tema de la identidad tomado en clave de humor, está el caso de un personaje haciéndose pasar por otro y está el jugoso adobo popular, recursos utilizados en tiras anteriores. Pero, con esos ingredientes, Educando a Nina presenta receta propia. Y si bien ella lo mencionó más de una vez, ayer, en el debut, ha quedado clarísimo que la nueva comedia de Underground está pensada para Griselda Siciliani, que y diez más”. Está sencillamente fabulosa.

“Siempre me decido que como tenía personajes pequeños, en Sos mi vida o Sin código podía hacer lo que se me sucediera porque nada de lo mío cambiaba el desarrollo del programa. No le importaba a nadie lo que yo mencionaba. El otro día observaba en el canal Volver mis escenas con Pablo Cedrón de Sos mi vida. Eran barbaridades atómicas que nunca más pude pretender. Lo que me pasa ahora es que tengo todo. ¿Soy la heroína? Sí, soy la heroína. ¿Soy la villana? Sí, también soy la villana. Le donaría un órgano a Seba. Si un día necesita un riñón…”, exagera la actriz al hablar de Sebastián Ortega, responsable de Underground y quien la persuadió de volver a la TV después de un tiempo en el que su prioridad ha sido pasar el mayor tiempo probable con su hija.

Conocida por protagonizar las telenovelas Patito feo, Para vestir santos, Los únicos y Farsantes.

Ella es Nina, es Mara y es Nina copiando a Mara, y en ninguna de sus escenas -algo así como el 90 por ciento del primer capítulo-se le superponen sus chicas. Un reto que sólo una cómica consolidada puede sostener. No es un hallazgo su habilidad, pero en Educando… despliega todo su arsenal como actriz, como bailadora, como artista. Y la señal anida en esa búsqueda del tono que sabe encontrar en plena composición: donde otras, en el cap inicial, harían una línea gruesa para fijar la idea de quién es quién, ella recurre a la caracterización básica y también a la pincelada sutil.

“Ésta es una comedia disparatada, pero cuando Renzo y Nina se atraviesan…estrellitas de colores. La comedia romántica es un género precioso y lo debemos tratar con estima. Porque en el encuentro de la heroína y el galán debe pasar algo, esa química que no hay forma, si no está de que se refleje en pantalla. También tiene que cumplir con los congresos de la comedia romántica. En el primer capítulo ellos se encuentran accidentalmente, se ven a los ojos y listo: se han enamorado. Y tiene que creerse eso, porque no lo podés actuar, si no te lo crees vos. Creo que esta vez lo conseguimos”, menciona Siciliani y, porque todos los senderos comienzan y terminan en el mismo lugar, el certificado del empleo bien hecho lo logró de quién realmente importa.

Por lo tanto, queda claro cuál es la cheta arrogante, hueca y malcriada, y cuál la piba de clase baja que sueña con brillar en el cuarteto. Mara y Nina son gemelas y opuestas. Y la Mara que copia Nina tiene una exquisita combinación de las dos. Riquísimos personajes que Siciliani aprovecha con totalidad gracia.

El disparador de la historia es la detención de Mara en Palma de Mallorca, por droga que alguien le tapó en su bolso, situación que su papá quieretaparr en beneficio de la imagen de surenombradaa editorial. Su mano derecha, Patricio , descubre en la TV que una corista del cuarteto del Bicho es idéntica a Mara. Entonces van en busca de Nina, para que por unos días se haga pasar por la hermana que no sabe que tiene.

Nina en su colorido mundo del cuarteto. Es corista, sueña con ser solista.

Con libros de Ernesto Korovsky, Silvina Frejdkes y Alejandro Quesada, la tira no tiene mejor pretensión que alegrar a toda la familia. Y seguramente lo hace, con personajes muy pintorescos , con conseguidos cuadros de un universo y otro, con conversaciones desopilantes .

En una televisión en la que a la ficción argentina le está costando posicionarse frente ala avalancha turca, coreana y brasileña, Educando a Nina tiene -al menos por lo que ha mostrado anoche- los boletos necesarios para ganarse un buen lugar en el podio: una historia simpática, una narración ágil, muy buenos actores y una gran cómica como punta de lanza. Si con todo eso no se puede…