Sara Aguareles.- ¿Hasta qué punto pueden estar en jaque las empresas españolas en Venezuela?
Charles Powell.- Evidentemente a las empresas les ha preocupado lo que está ocurriendo, y sus máximos representantes ya se han apurado en pedir a todo el mundo un poco de mesura, cordura y tranquilidad. Es evidente que en un ambiente como el que existe ahora es difícil que las empresas españolas se planteen su futuro con alegría y entusiasmo.
S.A.- ¿Y su presente, se verá afectado?
Charles Powell.- Yo creo que la situación venezolana era ya suficientemente conocida en sus grandes parámetros, y en cierta medida ya estaba descontado este tipo de fenómeno. Por otro lado, también es verdad que algunas de estas empresas están tan bien implantadas en estos países “conflictivos”, que es poco probable que ni siquiera un gobierno como el venezolano quiera echarles del país. Chavez estirará la cuerda, pero no llegará al punto de que se rompa.
S.A.- ¿La convivencia es posible?
Charles Powell.- Yo creo que sí. No olvidemos que existe una estrechísima relación económica entre Venezuela y Estados Unidos, a pesar de la retórica política y socio-económica, etc… Por tanto, si EEUU ha podido mantener una buena relación con Venezuela no veo porqué las empresas españolas no van a poder hacer otro tanto.
S.A.- ¿Qué papel debería jugar la diplomacia en este asunto?
Charles Powell.- La diplomacia es muy importante, pero también lo son los símbolos y los estereotipos. A veces las imágenes son difíciles de cambiar.
S.A.- ¿Cómo la de la España Imperialista?
Charles Powell.- Yo creo que a día de hoy no tiene ningún sentido que Chávez siga acusando a España de Imperialista, pero tiene una explicación. Dado que EEUU se ha “retirado” en cierta medida de América latina, o por lo menos tiene mucha menos presencia política en el continente, así que ahora España es la segunda potencia inversora allí y creo que se ha producido una cierta sustitución de papeles.
S.A.- ¿España es ahora el “enemigo”?
Charles Powell.- Podríamos decirlo así. Lo del “imperialismo yanqui” suena demasiado trasnochado, así que España sería ahora el enemigo. De hecho, España es ahora el equivalente funcional de los que fue Estados Unidos durante muchos años, y los regímenes autoritarios necesitan un enemigo exterior que justifica luego toda clase de desmanes internos. Yo creo que en el caso venezolano esto es exactamente lo que ha ocurrido estos días.
"España no es Inglaterra: no vamos a tener el poder de Londres en Washington"
S.A.- En política exterior, España ha jugado dos bazas muy distintas en los últimos años. Aznar era claramente atlantista, y Zapatero aboga por lo Europeo. ¿Es bueno decantarse tan claramente?
Charles Powell.- Yo creo que se puede ser simultáneamente europeísta y atlantista, y creo que para un país como España, que es periférico en relación con el proyecto de la UE, y que también es históricamente atlántico, ese tipo de binomio es absurdo e innecesario.
S.A.- En todo caso, ¿cuál de las dos posturas le parece más acertada?
Charles Powell.- No quisiera simplificar en exceso, pero yo creo que la política exterior tiene que estar basada en un consenso social lo más amplio posible. Es evidente que por motivos históricos España es muy europeísta, uno de los que más. Por tanto, yo creo que por definición cualquier político español que tenga una visión crítica de la UE está cuestionando y se está enfrentando al sentir mayoritario de la población española. Es una opción legítima, pero tiene consecuencias. No hay que olvidar que España no es el Reino Unido: nunca va a tener el potencial de Londres con Washington.
S.A.- 20 años después de la integración en la Unión Europea, ¿en qué posición está España en el entorno comunitario?
Charles Powell.- España está en un momento de transición como estado miembro. Hemos atravesado dos fases previas: la de normalización, adaptándonos poco a poco a la UE; y la de los años ’90, cuando ya empezamos a proponer iniciativas propias. Yo creo que ahora estamos en plena transición hacia una tercera fase, en la que España tendrá que plantearse de nuevo ciertas cosas.
S.A.- ¿Cómo cuales?
Charles Powell.- Las cosas han cambiado mucho en estos 20 años. España no tenía una relación tradicional, por ejemplo, con los países de la última ampliación, los países del Este. Además, nos interesan políticas nuevas, que no existían en el ’86, como puede ser todo el tema de la inmigración. En cambio, otras políticas tradicionales como la agrícola que ya no tienen tanta importancia relativa para España. En esta “tercera fase”, por tanto, habrá que redefinir cuáles son sus nuevos intereses europeos, buscar socios para desarrollarlos, e intentar llevarlos a la práctica.
"La última ampliación ha sido un éxito para la economía española y sus empresas"
S.A.- ¿Qué oportunidades se han abierto para España desde la última ampliación?
Charles Powell.- Al principio hubo un cierto temor ante fenómenos como la deslocalización, pero yo creo que se ha demostrado que el tema no era tan preocupante como se pudiera pensar, y en cambio están surgiendo nuevas oportunidades de negocio en los países del Este, que España está en buena situación de aprovechar. Los empresarios españoles se han sabido aprovechar de esta ampliación, yo diría que ha sido un éxito desde el punto de vista económico.
S.A.- ¿Quién debe abrir estos nuevos mercados: los empresarios, o la política a través de la diplomacia?
Charles Powell.- En un mundo ideal las dos cosas tienen que ir juntas. En un Estado que funcione bien, normalmente el Estado irá por delante abriendo camino, ofreciendo una cierta seguridad que puede incentivar al empresario. En el caso de la ampliación, la diplomacia lo hizo bien, porque hubo mucho tiempo para preparar el camino. No obstante, yo creo que se podría hacer mucho más.
S.A.- ¿La diplomacia española no está a la altura del potencial del país?
Charles Powell.- Creo que tenemos un servicio exterior muy bueno, de los mejores de Europa, pero sigue siendo manifiestamente insuficiente teniendo en cuenta el tamaño de la economía española y las ambiciones de España en el mundo. Lamentablemente la reforma del servicio exterior, tan largamente anunciada y parcialmente desarrollada, sigue siendo una asignatura pendiente en buena medida. Lo que pasa es que políticamente no es fácil justificar la inversión en diplomacia, pero si pensamos en el mundo en que nos movemos, yo creo que esa inversión está cada vez más justificada.
"Hay que invertir mucho para que la diplomacia esté a la altura del papel de España en el mundo"
S.A.- ¿Qué faltan, más embajadas, o una visión estratégica de dónde colocarlas?
Charles Powell.- Yo creo que faltan muchas cosas. Un aumento de la plantilla, claro, más embajadas, también, y seguramente una utilización más efectiva de los recursos disponibles. Hay que ser más estratégicos, por ejemplo el número de diplomáticos que se dedican a la prospectiva, a pensar en el futuro, es extraordinariamente escaso. Todo eso habría que fortalecerlo mucho más.
S.A.- ¿Falta eficacia?
Charles Powell.- Yo diría que la diplomacia española ha sido extraordinariamente eficaz utilizando recursos inferiores a los que deberían haber estado disponibles. Si uno ve las cifras, apenas ha habido aumento en el número de diplomáticos españoles desde 1986, lo cual es un disparate porque evidentemente el papel de España desde entonces se ha transformado completamente. Se está trabajando para arreglar esto, pero el problema es que evidentemente nadie gana votos aumentando la plantilla de servicio exterior de ningún país.
S.A.- ¿Esta insuficiencia juega en detrimento de la empresa española en el mundo?
Charles Powell.- La empresa española también se ha transformado espectacularmente en los últimos veinte años, y ha dado el salto a la internacionalización, tradicionalmente a través de América Latina, y hoy en día se está diversificando hacia Europa, Estados Unidos y Asia Pacífico. Yo diría que las empresas han tenido que buscarse la vida, y suplir las deficiencias que había en este ámbito diplomático. Yo creo que empresa y estado deberían ir de la mano, y tendría que haber un reparto de papeles mejor pensado y diseñado.