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Viernes 15 del Agosto de 2008 — Actualizado a las: 13:08 PM
Estefanía Pérez.- ¿Le sigue persiguiendo el cliché de escritora que ganó el Premio Planeta con tan solo 25 años?
Espido Freire.- No, soy una autora joven que ganó el Planeta con 25 años. Las etiquetas son útiles siempre que continúen definiendo la realidad. En este caso es una etiqueta que define mi punto de arranque. No me define ahora tal y como soy porque hace ya ocho años y, sobretodo, porque soy menos joven, pero sigo estando en esa línea.
E.P.- Una de los aspectos más comentados sobre el Premio Planeta es la importante cantidad de dinero que recibe el ganador. ¿Qué le ha permitido hacer ese empuje económico?
Espido Freire.- Bueno, cuando yo lo gané la cantidad era menor y el descuento de impuestos, considerable. Es mucho más la mítica del importe que el importe en sí mismo. En ese momento me dio una gran seguridad en mí misma, desmentir a quien pensaba que escribir no podía ser algo provechoso y económicamente rentable y, con el tiempo, he ha permitido realizar iniciativas muy distintas: la creación de mi propia empresa, la compra de mi oficina… Pero, como casi todo el mundo, comprando, vendiendo y re-hipotecando.
"Están surgiendo escritores jóvenes pero existen muy pocas apuestas sólidas por parte de las editoriales"
E.P.- Cuando mira hacia atrás para ver la siguiente generación de escritores, ¿qué es lo que ve?
Espido Freire.- El problema está en que ya no hay autores jóvenes. Los autores más jóvenes, por ejemplo yo tengo 33 años, nos estamos enfrentando a que no existe un relevo generacional, y los que antes eran jóvenes han dejado de serlo. Lo que ocurre es que están surgiendo escritores pero existen muy pocas apuestas sólidas por parte de las editoriales. No nos encontramos en el mismo momento de hace diez años cuando aparecí yo y cuando surgió un boom, en el que se permitía que emergieran voces distintas y variadas. Hoy nos encontramos en un momento de una gran proliferación de best-sellers, en los que se invierte mucho tiempo, energía y dinero, y por otro lado hay editoriales pequeñitas que están haciendo las apuestas que pueden por los autores que pueden.
E.P.- Y cuando, al mirar hacia atrás, lo que hace es releer sus obras, ¿qué efecto se produce? ¿Habría escrito algo de distinta forma?
Espido Freire.- Lo habría hecho distinto, pero eso no significa que lo hubiera hecho mejor. El proceso creativo no es estático. A mí me gustaría, y siempre me he propuesto, el publicar ediciones revisadas, en las que se incorporan elementos nuevos, se pule y se lima. Las editoriales en ocasiones no son muy favorables a ello, pero a mí me parece que es un derecho de todo autor. Aunque yo me sigo sintiendo a gusto, por ejemplo con la primera “Irlanda”, que sigue vendiendo y siendo una novela de referencia.
E.P.- ¿Está trabajando ya en la revisión de alguna de sus obras?
Espido Freire.- ¡Pues no! Ya lo habrá pero todavía no he empezado con las revisiones, sigue siendo un proyecto de futuro.
E.P.- En su escuela literaria, les enseña a sus alumnos a leer. Una vez en el colegio ya se ha aprendido a formar palabras a partir de las letras escritas sobre el papel, ¿qué más se puede aprender?
Espido Freire.- Hay dos maneras distintas de leer. Una de ellas es la de leer por concepto y otra la de leer por significado. Cuando la gente silabea, por así decirlo, está empleando la lectura simplemente como un medio de comunicación, pero es mucho más. Es un modo de transmisión de conocimiento. En muchas ocasiones no es casual que los clásicos literarios continúen siendo clásicos; a veces son manuales de costumbres, pero otras son reflejos a través de la novela y la poesía de un estado emocional y ético de occidente y de oriente. Nos acercamos muchas veces a la literatura oriental con mucho más respeto que a la occidental porque nos es ajena. Pero leer ahora un texto del siglo XVI o incluso del XVIII supone una traducción a nuestros conceptos simultáneos, a nuestra manera de ver el mundo. Cuando no se entiende eso, los escolares pierden parte del significado y los adultos, que tenemos que incorporar ese modo de aprender, también estamos perdiendo.
E.P.- También les enseña a escribir. ¿Cualquiera puede ser escritor?
Espido Freire.- Depende. ¿Qué es lo que quieres? La primer pregunta que yo hago es ésa. Enseñar a escribir es muy versátil y es muy útil en según qué campos. Si eres publicista y lo que te interesa es contar bien historias, independientemente de la forma, te interesará un concepto distinto a si quieres ser escritor. Si eres un ejecutivo y necesitas transmitir un concepto también será necesario que aprendas algo distinto. Mi proyecto es mucho más ambicioso que una mera escuela literaria, por esos yo no hago talleres, hago cursos.
"El talento juega un papel para todo, pero no hay que menospreciar el trabajo y la intuición"
E.P.- ¿En qué sentido es más ambicioso?
Espido Freire.- Lo que yo intento es sacar la literatura de los tópicos dentro de los cuales está encorsetada y muchos de ellos tienen que ver con que es arte reflexión y que depende únicamente del talento. Eso menosprecia el trabajo, la intuición, la evolución social que hemos ido experimentando tanto escritores como editores y lectores…
E.P.- ¿Pero el talento tiene un papel?
Espido Freire.- Claro, el talento juega un papel para todo. Encontramos talentos y después encontramos genios. Pero, por lo general, alguien que se acerque a escribir con intención de que eso forme parte de su trabajo tiene ya una predisposición. Alguien la he dicho antes que yo que escribe muy bien.
E.P.- Esa combinación de talento y trabajo está encontrando también su hueco en Internet, un ámbito en el surge la polémica de los derechos de autor. ¿Es partidaria del copyleft?
Espido Freire.- Sí, soy partidaria del copyleft, pero, por encima de todo, soy partidaria de que sea el autor quien decida qué derechos cede y cuáles no.
E.P.- Al final los derechos económicos que recibe el autor de un libro dejan bastante que desear…
Espido Freire.- Un 10% en tapa dura, menos impuestos y menos porcentajes de agentes o demás, y un 5% en bolsillo. ¡Echa la cuenta!
E.P.- ¿Publicaría sus obras por Internet?
Espido Freire.- Publicar, en general, y hablar de obras en general, son términos muy amplios. Cuando hablamos de un proyecto de este tipo lo que debe plantearse el autor es qué le interesa y qué tipo de beneficios va a obtener: de reconocimiento, de fama, de difusión, económicos, de intercambio… Nos olvidamos de que el libro no es un término en si mismo, sino que es un formato. Lo que defiendo es que exista una amplitud de miras mayor, una mayor toma de decisión por parte del autor y una consciencia por parte del lector de qué estamos hablando.
E.P.- La cuestión es que en el campo audiovisual, entidades de gestión y asociaciones de usuarios siguen peleándose por el canon digital…
Espido Freire.- Es que la lucha en sí misma no tiene sentido; lo que tiene sentido es el diálogo. El problema es que yo muchas veces, no sé si por tozudez o desconocimiento, cuando hablamos de canon digital solo estamos hablando de formatos, no estamos hablando de comunicación e información. Hay otro gran dilema de fondo: ¿tiene al autor derecho a un reconocimiento económico de su trabajo?
E.P.- ¿Lo tiene?
Espido Freire.- Lo que está de fondo es la idea de una cultura gratuita, de una cultura de voluntariado. Vale. Pero si es así hay que potenciar y gestionar la cultura de una manera distinta, no a través de entidades privadas donde el autor es un autónomo, una pyme. Y ése es el debate que no se hace. Si realmente tiene que ser gratuito, va a pasar a ser un bien social y, por lo tanto, impuestos al canto y, por lo tanto, somos linces ibéricos. ¡Que se nos trate como linces ibéricos! Pero si no pasamos por eso porque sería una carga social insostenible, lo que tenemos que buscar es una compensación a través de derechos, ¿no? Me parece que ése es el debate real, no el que se está produciendo. ¿El artista tiene o no derecho a cobrar por su trabajo? ¿Y si es que sí, cómo se cobra? Yo a mis alumnos les explico la metáfora de que el autor es un productor de tomates en un negocio que vende ketchup.