Fraga, un camaleón con pasión por el poder

Ene 16, 2012 | Publico


De Manuel Fraga, fallecido en su domicilio de Madrid a los 89 años, se ha dicho siempre que fue un político camaleónico al que la pasión por el poder le llevó a saber adaptarse a cualquier circunstancia. ¿Cómo explicar si no su paso de la dictadura a la democracia? ¿Cómo aceptar que pasara de ser ministro franquista de Información, y cara visible del régimen, a ser uno de los padres de la Constitución de 1978?

Ese viaje lo hizo sin pagar peaje político y sin dar explicaciones de dónde venía o hacia dónde iba. Todo el mundo daba por hecho que, como en el cuento de Monterroso, Fraga seguiría allí una vez que la democracia despertase: siempre en el centro del escenario, donde se decidía todo. Esa capacidad de adaptación es la clave para entender a una figura política que estuvo casi 60 años en primera línea, y a la que sólo faltó ser presidente del Gobierno, su sueño incumplido. Ni su experiencia, su inteligencia o su cintura política le sirvieron para alcanzar ese objetivo. 

El Fraga franquista fue alguien que primero abrazó la dictadura sin complejos y más tarde quiso transformarla pero sin alterar sus cimientos. En los años finales de la dictadura, con un Franco cada vez más enfermo, Fraga apostó por el aperturismo, por reformar el régimen pero no por liquidarlo. Su gestión como ministro de la Gobernación en 1976 será recordada por su apuesta por el orden en las calles a cualquier precio y el autoritarismo del que hacía gala. 

Cuando vio que seguir con la dictadura era imposible y que la democracia acabaría imponiéndose, se ofreció a pilotar la Transición, pero el rey Juan Carlos eligió a Adolfo Suárez. Aquel día de julio de 1976 se llevó uno de los mayores disgustos de su vida.

Ante la inminencia de las elecciones, Fraga fundó Alianza Popular (AP) en 1977 junto a otros exministros franquistas. Resulta meritorio que supiera conducir a la derecha más franquista y recalcitrante hasta la democracia y que lograra que ésta aceptara —con reparos— la nueva Constitución democrática. Sin embargo, en esos primero años de la Transición no tuvo el papel protagonista que él tanto deseaba: en 1997 consiguió sólo 16 diputados, y en 1979 se quedó en diez. Fue el hundimiento de la UCD en 1982 el que le llevo a liderar la oposición a los Gobiernos de Felipe González.

Aquellos años, entre 1982 y 1986, fueron convulsos. Pronto quedó claro que él nunca podría encabezar una alternativa al PSOE con opciones reales de conquistar el poder: los votantes le asociaban demasiado al no tan lejano pasado franquista. Con él, la derecha tenía un techo más bajo que cualquier suelo socialista. AP se volvió ingobernable y Fraga terminó por [...]


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