Guerrilleros que dejaron las armas para ganarse la vida como pescadores y agricultores

Dic 18, 2011 | 20minutos


Guerrilleros que dejaron las armas para ganarse la vida como pescadores y agricultores

Muchos guerrilleros veteranos han tenido que aprender a ganarse la vidaHan transcurrido unos 15 años desde que el Gobierno filipino y los rebeldes del Frente Moro de Liberación Nacional (FMLN) sellaron el acuerdo de paz que supuso desmovilizar a unos 20.000 guerrilleros, la mayoría veteranos acostumbrados a una vida espartana sin apartase de su arma.
"Muchos combatientes que durante años no hicieron otra cosa que combatir y vivían de lo que les pagaban las comunidades han tenido que ir aprendiendo a ganarse la vida", explica James Abdul, voluntario de la asociación de defensores de la paz y el desarrollo en la isla de Mindanao.
Según Abdul, cuando la guerrilla firmó la paz reteniendo a su vez el estatus de organización política y también parte de su arsenal, unos 5.000 efectivos se unieron al Ejército filipino y otros 2.500 ingresaron en la Policía al acogerse a la cláusula del pacto que ofreció a los combatientes la oportunidad de incorporarse a las filas de estas dos instituciones armadas.
Otros 4.000 optaron por la labor de colaborar con organizaciones no gubernamentales dedicadas a la mejora de las condiciones de vida en las empobrecidas comunidades en las que todavía hoy subsisten a duras penas las familias de unos 10.000 combatientes restantes. El sustento diario proviene lo que da la cada vez más raquítica pesca y de las rudimentarias faenas agrícolas, dos actividades para las que nunca fueron instruidos.
Vivimos sobre todo de la colecta y venta de algas"Vivimos sobre todo de la colecta y venta de algas. También pescamos y cultivamos algo la tierra, pero el problema es que no tenemos tecnología y el Gobierno no nos ayuda como prometió", se lamenta Sarace Mohammed, jefe de asuntos militares del FMLN, en el campamento de Taguiti, a unos 800 kilómetros al sur de Manila.
Mohammed, de 60 años, enrolado en la guerrilla al inicio de la década de los 70, dice que aunque no se plantea reanudar la lucha armada, ni él ni los cerca de 250 hombres que habitan en su poblado continúan entrenando de forma regular con las armas que guardaron. "Tenemos todas las armas ocultas en el monte. Entrenamos para mantenernos en forma y refrescar el conocimiento, pues los militares tenemos que hacerlo aunque no pensemos en retomar las armas, somos así. Sigo sintiéndome un combatiente", explica Mohammed.
El responsable militar del campamento muestra con orgullo una pancarta con el descolorido logotipo del FMLN en el viejo cuartel, que con el paso del tiempo ha quedado reducido a un simple cobertizo de hojas de palma apartado unos cientos de metros del poblado. Para Abdul, la persistencia de estas costumbres castrenses no es preocupante porque "las comunidades ya conocen la [...]


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