"Hawa Idrisa, primera superviviente del Ébola"

Hawa Idrisa, primera superviviente del Ébola

El nombre de la primera sobreviviente del Ébola es Hawa Idrisa, una joven que se infectó con la sangre de su suegro. ¡Aquí todos los detalles sobre su curación!

Hawa Idrisa es la primera superviviente del Ébola. (Foto: EFE)
Hawa Idrisa es la primera superviviente del Ébola. (Foto: EFE)

Hawa Idrisa estaba cuidando a su suegro en un centro para enfermos del Ébola en Sierra Leona cuando la sonda se soltó, salpicando de sangre los ojos y la boca de la joven. Hoy está curada y encarna la esperanza de vencer el virus, por ello ha sido llamada como la primera sobreviviente de dicha enfermedad.

Médicos sin Fronteras (MSF) considera a esta mujer un ejemplo para la población, tan desconfiada y escéptica que incluso llegó a atacar los centros de aislamiento, como ocurrió el pasado fin de semana en la vecina Liberia.

“Estaba cubierta de sangre, la gente huía. Cogí un balde de cloro y me lo eché encima”, cuenta esta mujer de 19 años y madre de un bebé.

Una gota de sangre puede esparcir 100 millones de partículas del virus del Ébola. Con una sola bastaría para matar a alguien.

Al cabo de una semana, empezó a tener fiebre y a padecer dolores de cabeza, los primeros síntomas de la enfermedad.

Su hija Helen, de 12 meses, daba negativo en las pruebas. Pero ella y su marido Nallo resultaron infectados y fueron ingresados en el centro de tratamiento de MSF en Kailahun, una localidad situada en el este del país, en los confines de Guinea y Liberia, epicentro de la epidemia.

Hawa Idrisa estuvo ingresada cuatro semanas, debatiéndose entre la vida y la muerte.

“No sabía qué me estaba pasando. Ni siquiera dónde estaba. No recuerdo nada de ese periodo”, cuenta.

El virus del Ébola mata a más de la mitad de las personas infectadas. Pero cuando los pacientes reciben pronto el tratamiento, con paracetamol contra la fiebre, hidratación y alimentación continua, las posibilidades de supervivencia aumentan considerablemente.

Hawa Idrisa muestra orgullosa su certificado de curación y se dispone a volver a casa. “Sé que yo y mi hija estamos fuera de peligro, pero mi mente y mi corazón se quedan en el centro con mi marido” enfermo, añade.

Ahora comienza una nueva misión: la de ejercer junto con otros supervivientes de embajadora ante sus familias y vecinos en las aldeas a las que volvieron con la ayuda de un equipo de Médicos sin Fronteras.