La Casa Azul: "Si a un músico negro le pones a Los Chorbos o a las Grecas, seguro que alucina"

Nov 29, 2011 | 20minutos


La Casa Azul: "Si a un músico negro le pones a Los Chorbos o a las Grecas, seguro que alucina"

Antes cantó a la Revolución Sexual. ¿Qué revolución toca ahora?
Uf, ojalá hubiera alguna revolución. Todo pinta a debacle. Y el disco nuevo,  La Polinesia Meridional, también es un poco catastrofista, aunque como viene con un envoltorio musical muy luminoso y enérgico, todo queda compensado. A veces tengo la impresión de que escapar de forma emocional, con la música, es la única vía para sobrevivir un poco a esta crisis y a este sistema.
Pero a usted no le ha ido mal.
Tengo la suerte de vivir de la música, que es lo que más me gusta, pero lo que realmente me da de comer es la música de encargo que hago para publicidad, televisión... Eso no es muy 'realizante'. Y al margen de que a mí me vaya bien o mal, la situación es terrorífica y me da hasta miedo. Debemos aprovechar el desconcierto para gritar...
¿Es lo que hace en este disco?
Sí, pero de una forma costumbrista, sencilla. He tratado de trasladar las conversaciones que uno escucha en el bar, a las canciones. Sin intelectualizar demasiado. Y escribo lo que me da miedo y me preocupa, para liberarlo.
¿Qué se siente al ser tan viejo?
Aunque el segundo tema de este álbum se titula ¿Qué se siente al ser tan joven?, no habla de nostalgia pura y dura. No se trata de un canto al ayer, ni creo que cualquier  tiempo pasado fue mejor. Alargar la nostalgia, hacer arte de ella, me parece feo. Pero, en cambio, creo que es dramático que nos olvidemos de las sensaciones y de las emociones que sentíamos cuando éramos jóvenes. Yo me he dado cuenta hace poco de que me cuesta recordarlas.
Los personajes de sus canciones no paran de bailar. ¿Es una fórmula para combatir tiempos difíciles?
Quien canta, su mal espanta. Siempre se ha menospreciado la evasión en forma de baile porque parece que es una manera de no plantar cara a la situación, pero yo creo que es compatible: evadirte y rebelarte. Me gusta pensar que he sabido plasmar en mis canciones esa imagen de la gente bailando, dándolo todo en una pista, mientras el mundo se derrumba. Tiene un punto de orgullo, una épica bonita y romántica.
¿Es usted de los que hay que sacar de la pista a rastras?
Para nada. Nunca he salido mucho, incluso mi madre insitía para que saliera más. Desde muy pequeño lo que me gustaba era hacer música, vivía en mi mundo. Pero a pesar de no haber sido un fiestero, siempre he encontrado muy romántica la evasión nocturna.
La Wikipedia habla de que el grupo de la Casa Azul está formado, además de por usted, por cinco personas. Dicen que tienen pinta de humanoides...
La banda siempre ha sido una fantasía, una realidad paralela. Al final no está muy claro quién es la formación, pero tampoco importa demasiado. Siempre me ha causado reparo el fenómeno que se forma alrededor de los músicos cuando estos son populares. Plantear todo como una fantasía me permite mantenerme en la sombra.
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