- Fuente: Adn
La crisis frustra la promesa europea de bienestar y prosperidad en Rumanía
Tres años después de la entrada de Rumanía en la Unión Europea (UE), la crisis económica global atenaza con fuerza a este pobre país ex comunista y ha frustrado de manera implacable las esperanzas de bienestar con la que los rumanos celebraron la integración comunitaria.
Hace dos semanas, el presidente del país, Traian Basescu, anunció el primero de los dolorosos recortes que el Estado acometerá para no hundirse en la miseria.
Las ya de por sí bajas pensiones (la mínima es de 85 euros) se verán reducidas en un 15 por ciento, y los sueldos de los funcionarios (unos 500 euros brutos de media) y las ayudas sociales, bajarán un 25 por ciento.
Las medidas entrarán en vigor a partir del primero de junio, y han sido contestadas con manifestaciones masivas y el anuncio por parte de los sindicatos de una huelga general el 31 de mayo.
Los afectados han visto desbaratada cualquier perspectiva de tranquilidad económica, especialmente los sufridos pensionistas.
"Para sobrevivir trabajo como mecánico mantenedor en el bloque en el que vivo y, a cambio, me dan el apartamento por una cantidad simbólica de 15 euros al mes, pero para nosotros cada euro cuenta y con la reducción, aún más", explica Sorin Giurgiu, de 70 años.
Además, cuida de otros dos bloques cercanos, por los que recibe 50 euros de cada uno.
Guirgui, que cobra una pensión de 200 euros, que se quedarán en 170 euros tras el recorte, es una de las caras del frustrado sueño de la prosperidad europea.
Ahora, tras más de cuatro décadas de trabajo, está de guardia permanentemente y no sabe lo que es tener un día libre.
Elizabeta Cozmescu tiene 57 años y está jubilada desde hace 3, tras más de tres décadas de servicio en un hotel. Cobra una pensión de 150 euros, que ahora se verá reducida a unos 127 euros.
Como la mayoría de jubilados rumanos tiene la suerte de tener casa en propiedad, pero los gastos de cada mes son desmesurados para el dinero de la pensión. Para llegar a fin de mes, limpia en la casa de un empresario español radicado en Bucarest.
"Poco a poco dejaremos de comprarnos ropa nueva para usar prendas viejas y usadas, en vez de comer carne comeremos patatas guisadas y no haremos nada especial para Pascua o Navidad", cuenta Veneata.
Lo más difícil es comprar los medicamentos, [...]
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