La música clásica es una fiesta

Mar 20, 2010 | Adn


Ara Malikian salta como un poseso sobre el escenario mientras toca el violín a velocidad de vértigo y cientos de niños marcan el ritmo con palmas y al grito de "hey". Lo que no saben es que lo que les está divirtiendo tanto es un concierto de música clásica, aunque no lo parezca.

El violinista libanés se lo desvelará más tarde, cuando acabe "Cuentos del mundo: Armenia. Historia de un hombre feliz", su último invento escénico -que ha traído a Cantabria después de representarlo en Madrid y Asturias- para quitarle hierro a la mal llamada música seria y crear afición. Eso sí, por el camino de la alegría.

"Aunque no lo parezca, esto es música clásica. Seguramente hasta ahora pensabais que era algo para gente mayor y aburrida, que la música clásica es un señor tocando con cara de pez muerto", dice antes de despedirse del público que llena el Palacio de Festivales de Santander, casi un millar de niños de seis a doce años.

Ellos sueltan la enésima carcajada y entonces les recomienda que cuando vean un cartel de un concierto, acudan, porque lo van a pasar muy bien, como también se van a divertir y mucho, promete, si se deciden a tocar algún instrumento.

Malikian confiesa a Efe que fue un alumno de conservatorio "decepcionado" y más adelante un profesor "muy frustrado", tanto que decidió dejarlo, aunque ahora ve con esperanza que "hay proyectos para cambiar las cosas".

Cree que aquí y en todas partes, los conservatorios están pensados "para que los alumnos aprendan cierta cantidad de obras y, con eso, se busquen la vida. No se aprende a apreciar la música, a vivirla y realmente no se aprende a crear".

Para este músico libanés afincado en España, la cultura "es abrir horizontes, no cerrarlos" y por eso afirma que es ahora, sobre el escenario, cuando está enseñando música como a él le gusta, a su manera.

Lo que está claro es que su entusiasmo es contagioso. La prueba es que ha conseguido envolver, de nuevo, a los músicos de su ensemble (Humberto Armas, viola; Nacho Ros, contrabajo y Luis Gallo, guitarra) en un proyecto en el que además de tocar, tienen que actuar, bailar, hacer el payaso y, lo más difícil, seguirle el ritmo.

Y es que Malikian, que sale a escena vestido con los colores más brillantes, los brazos llenos de pulseras y la melena suelta campando a sus anchas, brinca como un saltimbanqui, se pone de rodillas, se tira por el suelo... Y todo eso, mientras toca el violín como el virtuoso que es.

Ni en un solo momento se menciona que esa música que arranca palmadas espontáneas a [...]


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