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La nueva frontera de la democracia comercial. Un reto para el cambio - Noticias.com
En un mundo de INTERNET AL ALCANCE DE CUALQUIERA, no puede hablarse de mercados locales, o regionales; el mercado es o puede ser de todos y para todos.
Lo esencial es respetar la línea que separa la legítima promoción comercial, de los grupos empresariales que ejercen presión en los Gobiernos con el único objetivo de servir a sus propios intereses. Ahora bien, también es cierto que el Sector Empresarial en su conjunto es excluido de la política, porque el Gobierno considera que no tiene credibilidad o son ajenos a sus propios intereses partidistas o de ejercicio del poder.
La revolución tecnológica actual y futura provoca que se combinen rápidamente las fuerzas económicas y las sociales, en una acción simultánea que hace que aquellas dependan cada vez mas de éstas, debiendo crear entre ambas un desarrollo socioeconómico sostenible para todos, que si no se produce, genera desequilibrios impuestos con demandas, a veces violentas, aunque justas en su raíz y contenidos.
No podemos olvidar nunca, que el Comercio no es más que un instrumento para mejorar la condición humana, que busca el bienestar del individuo, la familia y de los colectivos a los que pertenece, sean económicos, sociales, religiosos, altruistas o solidarios.
La globalización ha permitido que personas, empresas y Gobiernos influyan en acciones más rápidas, más profundas y a menor costo; aunque desgraciadamente, en virtud de los desequilibrios de sus protagonistas más poderosos, han hecho más ricos a los ricos y más pobres a los pobres.
Para remediarlo, la promoción en esta NUEVA DEMOCRACIA COMERCIAL, debe fundamentarse en tres acciones básicas: la legitimidad; la transparencia y la incluisividad de los protagonistas en su totalidad.
“El Estado debe ser solo un conductor dialogante de los auténticos protagonistas reales del quehacer económico-social sostenible”
Ello comporta que los Gobiernos electos no se desentiendan, como sucede en la actualidad, de la problemática empresarial más conveniente y necesaria en cada momento, sino que, contando con la propia responsabilidad de ésta, la apoye, dejándole hacer, abandonando los propios intereses por perdurarse en el poder, ya que haciéndolo así, es como más posibilidades tienen para consolidarse en él.
El Estado debe ser solo un conductor dialogante de los auténticos protagonistas reales del quehacer económico-social sostenible, y nunca puede centralizar la acción de éstos, dictando e imponiendo su propio criterio, aún a sabiendas, de que es distinto total o parcialmente del que desean.
El reto del cambio, en la nueva democracia comercial, consiste en que se acepte prioritariamente el protagonismo de las personas y empresas que son los demandantes y ofertantes únicos legitimados para decidir qué situaciones deben resolverse, en qué prioridad y en qué concretas y específicas condiciones.
De no hacerlo así, la problemática actual no solo no se resolverá positivamente, sino que se agravará aún más de lo que ya está en este mundo conflictivo, injusto y desequilibrado.
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