- Fuente: Adn
Las cajas soportan en 2011 su "vía crucis" pero el crédito sigue sin fluir
La banca española está a punto de cerrar un año en el que las cajas de ahorros se han visto abocadas a convertirse en bancos para reforzar su capital e intentar que el conjunto del sector financiero recupere la confianza del mercado y fluya el crédito a la economía.
Desde que comenzó 2011, el Gobierno se propuso avanzar en la reestructuración de las cajas y estableció que estas entidades, por no tener inversores, debían elevar su capital por encima del de la mayoría de los bancos antes de octubre.
Con los nuevos criterios, el Banco de España determinó que ocho cajas tenían que captar 14.077 millones si no salían a bolsa o colocaban al menos el 20 % de su capital en manos privadas.
En el caso de no conseguirlo, el Estado se comprometía a aportar todo el dinero público que fuera necesario a cambio de tomar una participación del banco al que debían trasladar su negocio financiero.
Ante esta amenaza, las cajas, por muy politizados que estuvieran sus órganos de gestión, iniciaron una carrera meteórica para captar fondos privados, mientras el Gobierno prometía atraer inversores de lugares tan remotos como Oriente Medio o China. Jamás llegaron.
Por eso las cajas empezaron a desprenderse de algunas de sus participaciones industriales, impulsaron nuevas fusiones como la de España-Duero con Unicaja, y comenzaron a sondear el mercado en busca de socios, que tampoco estaban dispuestos a participar.
En esa cuenta atrás, La Caixa utilizó Criteria, su sociedad de participadas que cotizaba, para transformarla en un banco con buena parte de su negocio financiero, mientras Bankia y Banca Cívica se disponían a salir a bolsa.
Los importantes descuentos que ofrecieron sobre su valor contable y el apoyo de buena parte de sus clientes permitieron que las dos entidades consiguieran debutar en el parqué a finales de julio, a pesar de las tensiones en los mercados de deuda y las reticencias a invertir en el sector financiero.
En ese mismo mes, los denominados "stress test" europeos dejaron en el peor lugar a España con sus cinco suspensos: el de la Caja del Mediterráneo (CAM), el Banco Pastor, Caja3, Unnim y CatalunyaCaixa.
Era la consecuencia de que un año más, la práctica totalidad del sector financiero se sometiera a unas pruebas de solvencia en las que el Banco de España fue incapaz de impedir que se siguieran ignorando las provisiones genéricas, el dinero que el sector español atesoró durante el "boom" para hacer frente a épocas peores.
Pero las pruebas demostraron que la situación de algunas entidades era muy delicada y el supervisor ofreció una muestra a las pocas semanas con la intervención de la alicantina CAM, que desde la primavera intentaba encontrar un aliado tras el fracaso de su fusión en Banco Base, el grupo encabezado por [...]
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