Los cazadores arrepentidos de tortugas marinas luchan hoy para que sobrevivan

Ene 8, 2012 | 20minutos


Los cazadores arrepentidos de tortugas marinas luchan hoy para que sobrevivan

Calculo que hemos salvado a unas 47.000 tortugas desde que nos convertimos en conservacionistasIbias y otros 25 compañeros con los que se dedicó a la caza y al expolio de los nidos, patrullan a diario la playa de Morong durante la temporada de desove, entre septiembre y marzo, para recoger y poner a salvo los huevos dejados por decenas de quelonios. "Calculo que hemos salvado a unas 47.000 tortugas desde que nos convertimos en conservacionistas", comenta.
Para dar el paso definitivo a su reconversión, Ibias y los demás furtivos reclamaron a la Administración alguna ayuda con el fin de encontrar un empleo con el que ganarse la vida y, tras experiencias frustradas con la pesca y con una gasolinera, terminaron por tomar las riendas del centro de conservación, financiado con dinero público y donaciones.
"No tenemos un salario fijo, depende del número de visitantes y de los arreglos que haya que hacer. Recogemos huevos, patrullamos la zona, guiamos a los turistas y limpiamos la playa para que los animales no se asfixien al tragar envases de plástico", explica.
Hasta 1999, también recorrían la playa todas las noches, pero con el propósito de recolectar los huevos, muy apreciados en la zona y por lo que las redes ilícitas de comercialización pagan cantidades de dinero relativamente altas para los filipinos del área rural.
"Un huevo de gallina costaba 1,5 pesos (2 céntimos de euro o 3 centavos de dólar) y nos compraban los de tortuga por tres pesos", explica. "En cada nido, una tortuga deja una media de cien huevos. Si encontrábamos tres nidos, ganábamos mucho dinero. Hoy creo que se pagan ocho pesos en el mercado negro", precisa Ibias, de 59 años.
Cada tortuga deja del orden de un centenar de huevos y en una temporada de seis meses desova tres vecesCuando cumplen 25 años, estos reptiles nadan miles de kilómetros y regresan, por lo general, a la misma playa en la que nacieron para enterrar sus huevos. A partir de esa edad, vuelven al mismo lugar, aproximadamente, cada tres años para desovar. Sus estancias suelen ser cortas, apenas el tiempo necesario para ocultar los huevos bajo unos 50 centímetros de arena y poco después adentrase en el mar, dejando a su prole a merced de [...]


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