Para centrar el tema, empezaremos preguntándonos: ¿Qué es el estrés? Situados en el ámbito laboral, que es lo que nos ocupa, podemos definirlo como el conjunto de reacciones físicas y emocionales que se dan cuando las exigencias del trabajo superan las capacidades del trabajador o no satisfacen sus necesidades.
Estrés positivo / negativo. A la pregunta de si el estrés es malo en sí mismo, contestaría NO, ya que el estrés en pequeñas dosis es lo que prepara al organismo para hacer frente a situaciones adversas que puedan presentarse. Por lo que puede hablarse de estrés Positivo, que nos prepara para la adversidad, y de estrés Negativo, que es el que puede dañar seriamente la salud de las personas. Y, en todo caso, lo que hay que evitar son las situaciones de estrés prolongado, o los casos en que el individuo no es capaz de manejar dicho estrés.
En busca del estrés "óptimo". Tenemos, pues, que un nivel muy bajo de estrés, debido, por ejemplo, a un trabajo rutinario y automatizado que anula la creatividad individual, puede provocar, en algunas personas, aburrimiento y desmotivación, que pueden llevarnos a altos niveles de estrés Negativo. Por tanto, las organizaciones laborales deben procurar que se mantenga un nivel óptimo de estrés, que sea manejable por todos los miembros de las mismas. Un objetivo cuyo logro nos plantea una nueva problemática, porque el estrés no afecta por igual a todos los individuos de un determinado colectivo. Lo que para algunos puede ser una fuente de ansiedad (por ejemplo, los cambios tecnológicos), para otros puede ser un reto generador de motivación.
La importancia del cambio. Visto lo cual, estamos en condiciones de preguntarnos a qué se debe el estrés en el trabajo, y de contestarnos que, en principio, todo cambio puede ser potencialmente motivo de estrés Negativo, que es el que debemos evitar. Para lo que nos será útil tener en cuenta que este tipo de estrés principalmente se produce por la falta de adecuación entre las aptitudes y necesidades del empleado, y las exigencias y expectativas de cada puesto concreto de trabajo.
Una enfermedad empresarial. Hoy, es aceptado por todos que el estrés es un problema de primer orden, y no sólo para los individuos, sino también para las empresas. Es una enfermedad que podría afectar, según diversos estudios, a uno de cada cuatro trabajadores. Lógicamente, con las bajas por enfermedad, la desmotivación por el trabajo, e, incluso, los accidentes laborales mismos. Por no hablar de sus efectos en la salud de las personas. Lo que necesariamente también afectará a la “salud” misma de las empresas: la productividad. Razón ésta más que suficiente como para que las políticas de prevención del estrés sean uno de los pilares básicos de cualquier Política de Seguridad e Higiene que se precie.
Y terminaré preguntando y preguntándome hasta cuando las empresas y trabajadores podrán resistir tanto cambio y tanto estrés incorporado, en pro de subirse al “carro de la innovación” y la “competitividad”. Mejorar es posible, pero tener que mejorar cada día puede ser excesivamente “estresante”.
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