En el ámbito personal a todos nos gusta que se nos respete y en el ámbito profesional el respeto es imprescindible.
A una persona la puedes respetar por su edad, por su condición social, por su profesión, entre otros motivos. A todo nos parece que “lo normal” es tratar con respeto a las personas mayores, o a la familia real, o al médico que nos atiende, pero el respeto empresarial es otra cosa. En el ámbito de la empresa se puede confundir respeto con admiración y un profesional no puede dejarse atraer por falsas situaciones que maquillen su gestión.
La finalidad de todas las empresas es obtener un buen resultado económico, mantener o ampliar su cuota de mercado, y si puede ser, ocupar una parte del espacio de la competencia. Y ello, muchas veces, utilizando prácticas que pueden ser impropias y autojustificándose en que los medios para conseguir el fin son todos válidos. Por este motivo, cuando una empresa, o un profesional es reconocido y respetado tanto por sus clientes como por los colegas de la competencia o trasciende el respeto mas allá del entorno profesional y abarca el entorno social o político, es prueba inequívoca que sus meritos se han alcanzado tanto por los resultados como por el modo de obtenerlos. Una cosa no puede ir separada de la otra. Sin las dos, conjuntamente, no se puede obtener ese respeto en el mundo profesional.
Es cierto que casi siempre, el talante que desprenda el profesional será el mismo en el ámbito personal que en el de empresa, y buenas personas las hay en todos los campos y quizás, aun haciendo méritos para obtener respeto profesional, no les sea reconocido por que el resultado de la empresa no ha sido trascendente y por tanto queda su actividad y dedicación sumergida entre el numero anónimo de empresas que pasan sin pena ni gloria por el sector.
En el otro extremo estaría el profesional que ha conseguido que la empresa sea puntera en el mercado, que tenga unos resultados espectaculares, que todos reconozcan su gran papel de líder, que le respeten, pero en el fondo, le teman.
El respeto se obtiene por los amigos, pero también por los “enemigos”, y es suficiente una acción que se desvíe de este papel de buen gestor y buenos resultados para que lo que puede haber costado años conseguir se desvanezca en un momento. Cuando se ostenta la responsabilidad de gestión y dirección no es suficiente con conseguir el respeto profesional, también debe mantenerse, ya que de lo contrario acabará pasando factura a la propia empresa e incluso al sector, porque la sociedad tiende a extrapolar una acción individual a un colectivo. Todos los políticos son iguales, todos los catalanes son tacaños y todos los andaluces bailan sevillanas.
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