Si entendemos el liderazgo como la suma de ciertas cualidades, entonces la respuesta es que sí, especialmente en entornos profesionales donde el día a día exige un flujo continuo de nuevas ideas y una capacidad para afrontar y gestionar retos de diversa índole. Por otro lado, son dos habilidades que por sí solas, sin otras cualidades como por ejemplo la empatía, la vocación en el desarrollo profesional de los colaboradores, la metodología en la dinámica de trabajo,… difícilmente generan una posición de liderazgo en el largo plazo.
En sectores altamente innovadores, dónde el I+D+i es un área clave en el desarrollo de nuevos productos, y por lo tanto, en los planes de negocio, el talento es un activo fundamental y, en muchas ocasiones, difícil de gestionar.
Empresas tecnológicas y farmacéuticas tienen en sus equipos de desarrollo / investigación, trabajadores muy talentosos que disfrutan (y por lo tanto rinden) con el reto de crear, descubrir, innovar, pero no siempre con el de gestionar, motivar equipos y liderar. Con todo ello quiero decir que la genialidad por si misma no hace al líder, y a lo largo de nuestra historia son muchos los grandes genios que han vivido ensimismados y ajenos a toda actitud colaborativa.
Veámoslo también desde la perspectiva del directivo que quiere motivar a su equipo formado por personas con mucho talento. Si él mismo carece de la competencia suficiente, necesitará primero de una gran capacidad de gestionar proyectos de innovación mediante la organización y promoción del sentido de la innovación, y en segundo lugar, conseguir motivar a través del reconocimiento explícito de los logros de cada individuo.
El gran reto de las organizaciones no es tanto identificar y/o atraer el talento, sino desarrollar y retener las personas talentosas para convertirlas en directivos brillantes que en su momento, serán capaces de atraer y retener nuevo talento.
Comentarios de usuarios