En el mundo de la empresa, ciertas decisiones estratégicas requieren de la incorporación de capacidades directivas externas por diversos motivos. Los más generales son la falta de experiencia y/o tiempo entre el equipo directivo interno en proyectos de transformación, y por otro lado, la necesidad de realizar recortes drásticos en plantilla. Precisamente en dichas situaciones es dónde los directivos de alquiler, también conocidos con el término anglosajón interim managers, son la solución más eficaz y al mismo tiempo más eficiente a la que la empresa puede recurrir.
Cabe mencionar, sin embargo, que en la mayoría de casos el principal reto no es sólo asegurar la consecución de los objetivos a corto plazo, sino también garantizar que el conocimiento aportado y generado por el interim manager permanezca en la empresa.
En el Reino Unido, el interim management es una práctica muy extendida, con un volumen anual de negocio estimado entorno a los 550 millones de libras (810 millones de euros). Más de 10.000 directivos prestan sus servicios durante un corto período de tiempo que habitualmente oscila entre 2 y 9 meses. Según datos proporcionados por la Interim Management Association, el promedio de su coste mensual se sitúa en 15.000 libras (22.100 euros).
En España, se aprecia una tendencia creciente hacia la contratación, o mejor dicho, una externalización de ciertas habilidades directivas en situaciones puntuales de cambio en la empresa. Quisiera puntualizar que estos servicios están siendo ofrecidos desde hace algún tiempo por diversas empresas de consultoría estratégica presentes en nuestro país.
A mi entender, la diferencia radica en que el interim manager español es una figura que hoy en día actúa de modo individual (freelance), mientras en el Reino Unido pueden vincularse a colectivos, tanto empresariales como asociaciones, que ponen en contacto la empresa con el profesional. Muy probablemente, en España sigamos los pasos de nuestro vecino anglosajón.
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