Los trabajadores inciden considerablemente en la credibilidad exterior de la imagen de la empresa. Ello significa que tienen una gran influencia, no solamente en el entorno inmediato de los diferentes lugares de trabajo, sino también cada vez que se encuentran con sus interlocutores durante las relaciones profesionales. Por ello, tenemos que querer que cada trabajador sea un buen “embajador” de la empresa, para lo cual debemos poner a su disposición una amplia oferta de informaciones y comunicados mediante tablas de anuncios, intranet, revistas de empleados, publicaciones especiales, etc. los cuales expresan con claridad los valores y cultura de la comunicación.
Esta pequeña introducción nos ayuda a reflexionar sobre el significado de “actitud positiva”, que en el día a día, no es más que un estado de ánimo el cual nos hacer ser percibidos por nuestros interlocutores como personas validas y aceptadas, expresando estos valores y cultura empresarial. Solo así nuestros comportamientos serán vistos como un valor añadido y positivo.
La comunicación es el factor que determina como se nos percibe, tanto dentro de la empresa como en el trato externo con el público, clientes, proveedores o cualquier interlocutor.
Quien asume la iniciativa de configurar sus relaciones sociales y es capaz de mostrar abiertamente cuáles son sus valores, metas y convicciones, es percibido mejor y despierta más confianza. Únicamente con un perfil claramente definido e inequívoco de la empresa y si todos entendemos lo mismo por comunicación y actitud positiva, podemos alcanzar los objetivos empresariales propuestos.
Los valores y principios de esta comunicación tienen que tener la intención de configurar nuestras relaciones con todos los grupos de interés dentro y fuera de la empresa de modo activo y con ánimo de cooperar. En nuestra calidad de “embajadores” de la empresa, queremos hablar todos con una sola voz. Favorecemos la comunicación abierta, orientada hacia el dialogo, acuñada por respeto mutuo y la disposición de vernos envueltos en un intercambio critico de opiniones.
Nuestra imagen personal debe ser seria y sobria, convincente y modesta. Debemos intentar ponernos en la situación de nuestros interlocutores. Nuestra intención es de informar, pero, además, de percibir las necesidades de nuestros interlocutores y de tenerlas debidamente en cuenta. Nos entendemos como parte de la sociedad, respetamos al individuo y debemos considerar los intereses de los grupos sociales. La imagen que de fuera se tiene que percibir, no debe estar determinada por personas individuales, sino por los contenidos.
Debemos poner especial cuidado en exigir y recibir las informaciones que se necesiten de la empresa, dirigiéndonos a los ejecutivos responsables que nos corresponda. También es necesario guardar y hacer guardar las informaciones confidenciales para que no dañen a la empresa ni a sus socios de negocios, ocasionar desventajas frente a los competidores y generar pérdidas financieras. Por ello, todos los trabajadores deben asumir un compromiso de tratar adecuadamente las informaciones de carácter confidencial.
Así, podemos estar en condición de asegurar que nuestra forma de comportamiento puede percibirse como una actitud positiva enfrente de las diferentes situaciones que nos encontramos durante nuestro trabajo diario, en esta situación la aceptación de la autoridad viene dada de una forma natural y no es necesario remarcar explícitamente la misma.
Cuando por algún motivo tenemos que enfrentarnos a la pregunta del encabezado, estaría bien que iniciemos una reflexión del porque hemos llegado a esta situación, la autoridad bien entendida no debe ser motivo alguno de discusión, y tiene que ser ejercida sin complejos, y al igual que la “actitud positiva”, a menudo, no es más que un estado de ánimo provocado por alguna debilidad de quien la tiene que ejercer.
Esta es una responsabilidad compartida, que tiene que funcionar de una forma integrada y sin que ninguna de las partes se sienta en desventaja, ni obligada a realizarlo, sino que sea manifestada y expresada por convencimiento propio.
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