- Fuente: 20minutos
McCartney: vida y obra de un superviviente
Ringo Starr ha cumplido este mes 70 años. John Lennon lo habría hecho en octubre si la pistola de un tal Mark David Chapman no se hubiera cruzado en su camino en 1980. George Harrison, también muerto, tendría 67. ¿Y Paul McCartney? A sus 68 alterna actuaciones en la Casa Blanca -declara ser admirador de Obama- con campañas en defensa de los derechos de los animales y ambiciosas giras, como Up and Coming Tour: el pasado domingo tocó en Charlotte (EE UU) y tiene la agenda completa hasta el 19 de agosto; por ahora. Parece que Macca, como le llaman sus amigos, no tiene intención de colgar la guitarra. Ni su ajado bajo Höfner, tampoco.
McCartney carga con el peso de haber sido partícipe de una de las grandes banda de pop de la historia Sobre su espalda, McCartney carga dos importantes pesos. Por un lado, el de haber sido la cuarta parte -mitad, para algunos- de una de las grandes bandas de pop de la historia de la música: The Beatles. Por otro, el de su convulsa vida personal, plagada de tristeza, odio y frenesí, unos sentimientos que siempre han acabado dictando la composición de sus letras. No es que sea un superviviente, pero posee una "gran capacidad de recuperación" frente a la adversidad, a saber, el asesinato de su mejor amigo y compañero, la muerte por cáncer de su madre, su mujer Linda y Harrison, la ruptura y posterior carrera en solitario, etc.
El músico encara su existencia, según su biógrafo Peter Amis Carlin, siguiendo un mantra mucho mejor que cualquiera de los que le pudo enseñar el gurú indio, Maharishi Mahesh Yogi, al que los 'fabulosos' acudían de vez en cuando para recibir consejo espiritual. Sacado del tema Hey Jude, dice: "Take a sad song and make it better" (Coge una canción triste y hazla mejor). "Si lo piensas, es una filosofía hermosa", explica el periodista norteamericano a 20 minutos. Acaba de publicar en España Paul McCartney. La biografía, libro en el que repasa la trayectoria de un personaje que, al mismo tiempo, le atrae y le "enfurece".
Para el autor supuso un arduo "y lento" proceso el encontrar testimonios de personas cercanas a McCartney que quisieran contarle cosas íntimas sobre él. Porque del ex beatle, en primera persona, no hay nada: se trata de un volumen 'no autorizado', como se denomina en la jerga literaria. Y, de hecho, el músico ha manifestado su negativa a ojearlo, "está demasiado ocupado viviendo su vida como para leer sobre ella". El escritor cree que es "razonable". En cualquier caso, suponemos que Macca no se molestaría en demasía si echara un vistazo entre líneas: el esbozo de su persona resulta amable, a pesar de todo.
Su pasado, un obstáculo
Desde pequeño, y todo su entorno estaba de acuerdo, Paul resultó ser un "encantador de serpientes". Admirador de Elvis Presley y Buddy Holly, entre otros músicos, no se le daban mal los estudios y mostró un estusiasmo sano por la literatura inglesa. Su primera guitarra, a la que tuvo que realizar unos ajustes por su condición de zurdo, fue una Zenith acústica, y con ella descubrió en plena adolescencia el poder para fascinar aún más a la concurrencia. Aún hoy lo hace y, según Ames, es capaz de crear material "tan bueno" como el que sacó adelante en su etapa con The Beatles. En ese sentido, sentencia, "es brillante".
Paul frena su creatividad para no competir con su propio pasado, sus logros y su legado El autor cree, no obstante, que muchas veces frena su creatividad para no "competir con su propio pasado, sus logros y su legado" musical. El fantasma de John Lennon, al que conoció cuando éste tenía 17 años -Paul contaba 15- y con el que compuso decenas de estribillos inolvidables como She loves you, Ticket to Ride o We Can Work It Out, siempre acecha desde un pequeño rincón de su memoria. Firmaban sus composiciones con la leyenda "Otra canción original de Lennon-McCartney", por ese orden, aunque a ratos la fórmula no satisficiera a Paul y aunque, en la realidad, muchos de los hits provenían del talento individual.
El primer grupo que tuvieron en común fue The Quarrymen, del que también formó parte George Harrison. Ringo llegaría mucho después. En 1958 ya asomaron la cabeza por la puerta del famoso Club Cavern de Liverpool que, tres años después y recién llegada la banda de un tour demencial por Hamburgo (Alemania), les acogería en una de sus sesiones de mediodía siendo ya The Beatles. Era febrero; en octubre cambiaron sus cortes de pelo y vieron llegar al que sería su manager durante muchos años, Brian Epstein. Un año después firmaron su primer contrato con Parlophone, división de EMI, y el sencillo Love me do hizo el resto.
Nada más cruzar sus miradas, la pareja Lennon-McCartney funcionó como tal. Eran como un matrimonio, "se amaban desesperadamente", explica Ames, e incluso después de su separación se hacían la vida imposible el uno al otro, tenían una profunda relación de amor-odio que les llevaba a hacer declaraciones muy duras en la prensa y al día siguiente a tocar juntos de nuevo. Como todo artista en pleno apogeo popular, debían conjugar los desafíos de su profesión con sus egos, y ahí entraban también los factores externos: las drogas, el alcohol, las mujeres... Paul, por supuesto, no fue una excepción, aunque se movía, cree el autor, en los estándares de comportamiento de la "juventud rica y famosa de su tiempo".
Paul crecía, John se hundía
Describe el libro a McCartney, en algunos pasajes, como una persona narcisista, controladora y, sobre todo, con una faceta muy desarrollada de relaciones públicas. Desde el principio hasta el final. Supo encajar la fama, al contrario de lo que ocurría con John, le gustaba ser el centro de atención y soportó todo lo que supuso la Beatlemanía. Entre pelea y pelea, fue de la mano con Lennon al Royal Albert Hall, al Show de Ed Sullivan durante su mediático viaje a EE UU, hicieron varias películas, conocieron a Elvis, a Brian Wilson, a Bob Dylan, etc. Pero sus caminos eran opuestos: mientras Macca se crecía cada vez más, John se hundía.
Paul y Lennon compartían demasiadas cosas, se terminaban las frases el uno al otro Pero la "química" que había entre ellos siempre salvaba el barco. Incluso después de su breve "descanso" en 1966 o de la muerte repentina de Epstein. Los músicos compartían demasiadas cosas, como la muerte de sus madres con sólo dos años de diferencia, hecho que traumatizó a ambos. Sus vidas irían igualmente paralelas, hasta que John murió, en lo que a infidelidades, bodas y hasta períodos compositivos se refiere. Parecía que se ponían de acuerdo, "se terminaban las frases" el uno al otro. Ellos dos solos crearon "una voz y una identidad con una inteligencia, un encanto y una musicalidad que aún hoy son pasmosos".
En 1969 The Beatles ofrecieron su último concierto. Fue en la azotea del edificio del sello Apple, que nació dos años antes. También ese año, Paul y John se casaron con sus últimas novias, Linda Eastman y Yoko Ono; para Ames sería una "injusticia" señalarlas, tal y como han hecho las teorías conspirativas, como las causantes del desastre posterior, aunque es cierto que, precisamente, en el 69, Lennon [...]
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