Neoliberalismo y Desarrollo

Mar 27, 2005 | Noticias


Neoliberalismo y Desarrollo

Alberto Villanueva Arandojo

Actualizada: 27/03/2005

Últimamente los “medios ideológicos” occidentales vienen difundiendo la idea de la universalidad del modelo liberal-capitalista occidental como vía única hacia el desarrollo. Los politólogos occidentales están asumiendo como universalizables, por la vía rápida y demostrando muy poca capacidad crítica, una serie de principios que, lejos de estar demostrados, son como discutibles, por no decir simplemente falsos.

Éstos se pueden resumir en algunas ideas y principios fundamentales, o de corte general: la superioridad del sistema liberal-capitalista democrático quedó demostrada por el desmoronamiento del bloque del socialismo real. Por tanto cuanto  menos significativo sea el papel de los estados en el desarrollo de las economías nacionales tanto mejor. Las virtudes de las democracias liberales de occidente son evidentes y se justifican por sí mismas; “nuestro sistema” –el atlántico occidental capitalista- basado en la libertad, la democracia, y el libre mercado, es superior los demás, y es también universal porque parte de “valores que son inalienables, universales, otorgados por dios”[1] .

El problema, desde el punto de vista de la globalización neoliberal, es extender este sistema ahí donde no reina todavía; y para ello es necesario  recurrir en ocasiones  al uso de la fuerza.  Se trata de extender el “único” modelo occidental, basado en la libertad de mercado y empresa, la democracia y la "libertad" -en abstracto y sin definición precisa-.

Por todos lados proliferan peligrosos dictadores, “estados canallas”, ejes del mal,  terroristas internacionales, amenazas potenciales contra el orden “natural” de las cosas, siempre aparece  la amenaza del “Enemigo Exterior” al que siempre se representa como un poder amenazante y maligno, que impide o amenaza nuestro desarrollo, o está, incluso, obsesionado con destruirnos y acabar con nosotros.

Por todas  partes “hay nuevos Hitler que se proponen masacrar a los nuevos judíos -los kosovares, los kurdos, las mujeres afganas, etc. Quienes rechazan la injerencia humanitaria son análogos a los "muniqueses" de antes de la guerra. Cierran los ojos ante el verdadero peligro de nuestro tiempo, el "fascismo islámico" y se niegan a socorrer a las "víctimas"[2]”.

De esta manera se vendrían a legitimar las intervenciones de occidente, básicamente de EE.UU., en defensa de la “libertad, la democracia, y la libre empresa”, intervenciones que se corresponden con el “orden natural” de las cosas; y que además obedecen a la voluntad de extender  la “palabra de Dios”.

No es de extrañar que ante tales teorizaciones algunos expresen que “la lectura de estos textos, quien apela a la racionalidad como modo de pensar, puede preguntarse legítimamente si el auténtico peligro presente no es que estos iluminados gobiernen el mundo[3]”

El problema es que nuestro sistema, y sobre todo la privilegiada posición económica del  occidental,  no se basa sólo en la "democracia, el respeto a los derechos humanos y el libre mercado[4]", sino también en otra serie de factores, como expresa lúcidamente  Jean Bricmont, el capitalismo occidental desgracidamente se basa también en :

“un largo periodo de relaciones desiguales con esta vasta reserva de materias primas y de trabajo gratuito o muy barato que hoy se llama Tercer Mundo. Nadie puede decir qué habría sido de nuestro sistema (ni tampoco cómo habría podido desarrollarse el resto del mundo) sin el tráfico de esclavos, la conquista de América y su pillaje, lo mismo que el de África y de las Indias, las guerras del opio, el flujo ininterrumpido de petróleo barato en el siglo XX o la transferencia de recursos   (Norte-Sur)  púdicamente llamado "servicio de la de  l´uda"[5].

Puede que el capitalismo occidental se base, al menos en parte, en la libertad, la democracia y la libre empresa; pero lo que es evidente es que no se basa sólo en dichas premisass, como cualquier sistema es también histórico [6].

La organización económica mundial que rige la actualidad se basa también en la articulación de un sistema económico desigual, que favorece a unas partes del mundo y beneficia a otras, en función de unos determinados intereses[7]. Y éstos; por mucho que desde occidente nos esforcemos querer defender la idea contraria,  no son los del tercer mundo, son los del mismo mundo occidental[8].

Nuestro sistema no se basa sólo en democracia, respeto por los derechos humanos y  libre mercado; se basa también  en un largo periodo de relaciones económicas desiguales, impuestas desde una posición de fuerza militar,  con esa vasta reserva de materias primas, recursos,  y trabajo prácticamente gratuito que en la actualidad se  llama Tercer Mundo.  Se basa en el acceso diferenciado, impuesto y desigual, a las fuentes de riqueza; y en el expolio de las riquezas y recursos de terceros estados en nuestro propio beneficio.

Liberales y neoliberales tienden a olvidar rápidamente hasta 500 años de colonialismo, por no hablar de su herencia, y cinco siglos de estructuración económica al servicio de otros intereses nacionales distintos a los de esos estados que ahora constituyen el Tercer Mundo.

Liberales y neoliberales tienden a olvidar que el sistema económico mundial no parte de la nada, sino que se construye sobre una base histórica precisa, sobre una larga herencia de colonialismo  e invasión, cuyos orígenes y alcance son anteriores, y probablemente de una influencia mayor en el desarrollo del capitalismo, que  los de los de "democracia y la libertad".  

El capitalismo occidentales edificó en el marco de una economía internacional de corte colonial, y los que proponen la existencia de un único modelo hacia el desarrollo, de un modelo basado en “valores que son inalienables, universales ,y  otorgados por dios”[9], olvidan esto con demasiada rapidez. Proponen un modelo para el desarrollo que requiere de unos parámetros; y de unas condiciones;  que simplemente no se pueden cumplir salvo que desde el mismo occidentes estemos dispuestos a estructurar nuestras economías en beneficio del Tercer Mundo, lo que ciertamente  no  parece muy factible. 

Si como opinan algunos la evolución hacia el desarrollo económico se atiene a una serie de estadios universales, y sabiendo que nuestro sistema se construyó sobre la base de la desigualdad y la explotación del resto del mundo por parte de occidente; la pregunta es obvia ¿A quien va colonizar el Tercer Mundo para avanzar hacia el desarrollo?.

Resulta evidente que si sólo existe un camino hacia el desarrollo, y éste está basado, como indican neoliberales y neoconservadores, en la imitación del patrón del capitalismo occidental desarrollado resulta evidente que los estados del Tercer Mundo nunca van poder desarrollarse.

A pesar de que cualquier persona con una mínima perspectiva histórica es consciente de que las circunstancias que rodearon el surgimiento y desarrollo de “nuestro” sistema occidental-capitalista no se reproducen en la actualidad; y por tanto -si sólo existe un modelo hacia el desarrollo- no van a permitir este desarrollo económico en terceros estados, se da la circunstancia de que desde occidente no paramos de recetar políticas económicas al tercer mundo que buscan una reproducción de nuestro modelo, aún sabiendo que este es irrepetible desde una perspectiva histórica.

Como indicaba Ortega y Gasset no somos sólo nosotros, somos nosotros y nuestras circunstancias. Las del marco donde se desarrollo el capitalismo occidental son históricas e irrepetibles en la actualidad, obedecen a un momento histórico preciso, y por tanto no son extrapolables como modelo ni Tercer Mundo ni a nadie.


[1] BRISTOL, William, y KAGAN,  Robert,  (2005), Peligros Presentes, Madrid, Editorial Almuzara;  citados por ESTEFANÍA, Joaquín (2005), “La teorización del  “por si acaso”, Madrid, El País, 5 de marzo de 2005,  Babelia, p. 12.

En afirmaciones que llegan a rozar el paroxismo, o la hilaridad, algunos analistas neoliberales llegan a afirmar que las políticas fiscales redistributivas, o incluso progresivas, o las expropiaciones de propiedad,  son contrarias al “derecho natural” derivado de los principios universales revelados por Dios. Se llega a argumentar  que obedece al derecho divino que 80 millones de norteamericanos carezcan de seguro médico de algún tipo.

[2] BRICMONT, Jean (2004), “¿Cambia de Bando la esperanza?”, Revista de Il Manifesto, n° 47, en www.Rebelion.org, Traducido del francés para Rebelión por MORALES BASTOS, Beatriz.

[3] ESTEFANÍA, Joaquín (2005), “La teorización del  “por si acaso”, Madrid, El País, 5 de marzo de 2005,  Babelia, p. 12. sobre  BRISTOL, William, y KAGAN,  Robert,  (2005), Peligros Presentes, Madrid, Editorial Almuzara

[4] No está de más recordar que históricamente las democracias en la forma que hoy están presentes son un fenómeno muy reciente. En el caso de España apenas con un cuarto de siglo de historia, y en el caso de casi todos los estados occidentales el sufragio universal prácticamente  nunca tiene más de un siglo de antigüedad, ni siquiera el  masculino. Y esto dentro de las metrópolis; si entramos a valorar, por ejemplo, la situación de los imperios coloniales de los estados occidentales la situación es bastante más complicada.

 Respecto al sufragio femenino podemos recordar, por ejemplo, que las mujeres de un país con la tradición democrática que tiene Francia no pudieron votar hasta 1944, y que pudieron hacerlo precisamente por concesión de los invasores nazis alemanes.

[5] BRICMONT, Jean (2004), “¿Cambia de Bando la esperanza?”, Revista de Il Manifesto, n° 47, en www.Rebelion.org, Traducido del francés para Rebelión por MORALES BASTOS, Beatriz.

[6] Tampoco estaría de más valorar de que sistema capitalista hablamos, resulta bastante complicado querer meter dentro del mismo “cesto” a las estructuras económicas de Suecia y Estados Unidos por ejemplo. Como casi siempre en Ciencias Sociales los matices adquieren una gran importancia a la hora de valorar en su precisa medida los conceptos de que hablamos.

[7] En concreto los de los Estados Unidos de América, y en menor medida los del resto del conjunto del sistema Atlántico, esencialmente Europa Occidental.

[8] El sistema capitalista actual, el sistema post-segunda guerra mundial, sistema que podríamos denominar Atlántico, se materializó teniendo por objetivo el desarrollo económico de unas partes concretas del orbe terrestre.  El ordenamiento geopolítico posterior a la II Guerra Mundial conllevó, y aún conlleva, la marginalidad política, estratégica, y económica de América Latina y África; al ser regiones excéntricas y distantes respecto al  sistema sociopolítico mundial  con centro de gravedad en Europa Occidental y Estados Unidos –sistema Atlántico-. Sistema que fue edificado en base a las concepciones teóricas de Nicolas Spykman.

El sistema geo-económico mundial de postguerra fue organizado por EE.UU. en base a 4 principios básicos, principios que de manera paralela determinaron el flujo de las relaciones económicas mundiales, las políticas prácticas respecto a algunas zonas concretas del planeta y el grado de desarrollo económico alcanzable –o deseable-  en otras.

 1.- Apertura económica, la cual idealmente tomaría la forma de un sistema general no discriminatorio de comercio e inversiones, la que sin embargo, por razones estratégicas, amenaza del comunismo soviético, se redujo a Europa y parte de Asia,  zonas en las que se concentraron todos los esfuerzos iniciales de desarrollo económico al ser estratégicamente relevantes y susceptibles de caer bajo la influencia soviética.

2.- Administración conjunta del orden político-económico de Occidente entendido éste como la gestión concertada entre los estados democráticos industrializados en vistas a mantener la estabilidad y progreso del conjunto del bloque occidental desarrollado –aunque esto significase de manera implícita renunciar al desarrolló de las aéreas que no formaban parte de dicho bloque occidental desarrollado-. .

 3.- Las reglas e instituciones económicas del mundo Occidental debían ser organizadas para apoyar el orden económico y la seguridad social interna de los socios; es decir: se debía evitar a todo coste el riesgo de estallidos sociales y movimientos revolucionarios en los países desarrollados del bloque occidental; pero sin alterar la distribución general de la riqueza en dicho bloque. Esto determinó de manara paralela la necesidad de una transferencia general de riqueza Sur-Norte, al objeto de propiciar un incremento del nivel de vida en el bloque occidental desarrollado. Incremento general de renta que, sin alterar la distribución general de la riqueza, permitiese a la clase obrera occidental acceder a unas condiciones de vida que la alejasen de tentaciones revolucionarias.   

4.- Afianzar los compromisos dentro del bloque occidental mediante la concertación de un conjunto de mecanismos institucionales de obediencia obligatoria para todos sus miembros; pero que a la vez se configurasen como organismo en los cuales EE.UU. debía tener la capacidad última de decisión y veto antes sus aliados.

La adopción de una estrategia global por parte del bloque occidental basada en los postulados de Spykman determinó la marginalidad económica de África y América Latina, y la necesidad de una transferencia masiva desde  dichas zonas hacia el occidente desarrollado.

Las bases de la política exterior norteamericana continúan basándose en la escuela geopolítica de Spykmam,, lo que sigue implicando la marginalidad económica y política de América Latina y África, su exclusión del sistema económico mundial y su situación generalizada de subdesarrollo. En la actualidad para afianzar su posición de control y preeminencia dentro del sistema Atlántico Estados Unidos busca afianzar su control sobre el flujo de los recursos económicos mundiales abordando una reestructuración integral de Oriente Medio, lo que sigue derivando la marginalidad económica de otras áreas

[9] William Bristol y Robert Kagan (2005), Peligros Presentes, Madrid, Editorial Almuzara;  citados por ESTEFANÍA, Joaquín (2005), “La teorización del  “por si acaso”, Madrid, El País, 5 de marzo de 2005,  Babelia, p. 12.





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