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"Ni Anonymous, ni Kim Dotcom, ni Julian Assange son cibercriminales"
Una mañana cualquiera usted recibe un correo electrónico de su (supuesto) banco en el que se le avisa de un (supuesto) error que le obliga a pedirle sus (verdaderos) datos. Sin terminar de leerlo manda el e-mail a la papelera. Ya tiene demasiada experiencia como para picar. Pero su vecino no es tan hábil. Se inquieta al recibir el mismo mensaje y completa, de cabo a rabo, todos los datos que se le requieren. ¡Bingo! Ya es una víctima más de un timo pergeñado, diseñado y lanzado desde, por qué no, Estonia.
Aunque a estas alturas parezca sorprendente, timos tan evidentes se siguen produciendo a diario en países tecnológicamente desarrollados como Estados Unidos, Reino Unido y España. Por muy robusto que sea el sistema de protección cualquier ataque informático puede prosperar porque actúa el factor humano: "La seguridad nunca es total porque siempre depende de las personas. No importa lo sofisticado que sea tu tecnología, o las puertas que cierres para evitar ataques, siempre serás vulnerable".
El periodista Misha Glenny viste completamente de negro. Tal vez para ir conjuntado con el tono de las palabras que transmite: ataques, hackers, crackers, ciberdelincuencia, virus, malaware, ciberguerras... Todo es apocalíptico. Sin embargo, en su libro El lado oscuro de la red (editorial Destino) elude el catastrofismo para relatar, en un ensayo escrito a ritmo de thriller, cómo nace y se asienta la criminalidad online y por qué, por mucho que se haga, resulta imposible combatirla.
"Cuando tu banco te pregunta si quieres salvar la información de tu cuenta di siempre que no"
Reportero del diario británico The Guardian y de la BBC y autor también de McMafia, Glenny se mueve con sorprendente facilidad por el mundo cibercrimen. Es capaz de actuar como un consultor ("Los sistemas de seguridad de Amazon, Apple o PayPal son excelentes, los de tu banco online no lo tengo tan claro" o "cuando tu banco te pregunta si quieres salvar la información de tu cuenta di siempre que no"), un sociólogo ("A Anonymous no se les puede criminalizar, hay que intentar entender por qué hace lo que hace") e incluso un gurú ("La mayoría de la ciberdelincuencia del futuro se realizará a través de teléfonos móvilles y provendrá de África"). Es todo eso y más. Es, sobre todo, un analista que posa su lupa sobre la enmarañada red que teje la ciberdelincuencia actual.
Dark Market, el lado oscuro del lado oscuroGlenny abarca una historia total partiendo de un hecho puntual: la creación, desarrollo y caída en desgracia de Dark Market, una web que acabó acogiendo a la mayor comunidad criminal en Internet. En esta especie de Facebook de la ciberdelincuencia cerraron negocios crackers y organizaciones criminales mediante la venta de datos personales o números de cuentas bancarias. Un comercio próspero dirigido por estafadores que recurrieron a la nomenclatura de la mafia. Todo un símbolo.
Como tal actuaban y, como tal, los departamentos de seguridad de los principales países del mundo han tenido que dedicar esfuerzos, dinero y personal para atajar este tipo de hurtos. Glenny también relata los esfuerzos de estos policías, que utilizan todas las tretas posibles para infiltrarse en las pantanosas aguas donde se mueven los hackers y crackers. En algunos casos se han enfangado hasta el punto de llegar a ser detenidos por sus propios colegas.
Delincuentes de Estonia, Ucrania y Rusia. ¿Por qué países de la Europa del Este? La respuesta de cajón: "Existen un montón de tarjetas de crédito en el oeste y un montón de desempleados en el este. Rusia, Ucrania, China o India son países muy sofisticados tecnológicamente. Tienen motivación y los medios y gente joven que puede hacerlo". Y un motivo más, tal vez el más contundente: "La ciberdelincuencia tiene poco riesgo y muchos beneficios".
Las redes sociales y las memorias USB, nuevos focos para los ataques
Como una mancha de aceite, el peligro potencial se expande, fundamentalmente por África —"La policía ha ido detectando que cada vez están más y mejor organizados, hay menos personas que actúen por su cuenta— y cambian las plataformas sobre las que actúan: del ordenador se pasa al teléfono móvil o a las memorias USB, y de las páginas webs falsas a redes sociales como Facebook, Twitter o Linkedin. "Para infectar con virus o para intentar robar datos personales no necesitas conocimientos de informática, sólo buena ingeniera social y persuasión", apunta Mish Glenny.
El cómo y el por quéEl lado oscuro de la red no es un mero relato de lo que sucede en el mundo virtual del siglo XXI. Es un análisis que transita por los pensamientos y las motivaciones que lleva a los ciberdelincuentes a actuar así. "Con Internet cambio todo. Los niños empezaron a crecer en un entorno cibernético que para ellos [...]
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