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No digas "software", di "libre"
No digas "software", di "libre"
Carlos Moreno Rodríguez
Actualizada: 12/08/2005
Cada día más, las TICs, invaden el mundo de la palabra escrita. Nos movemos entre escenarios tecnológicos no pocas veces secuestrados por patentes y software propietario, los cuales sólo explicitan aquello que desean los que tienen acceso a tal propiedad. Su extensión no implica necesariamente un modelo de tecnología socialmente igualitaria.
Las patentes y el software propietario ponen de relieve que el pago de su uso, es tan solo éso: un pago; nunca una coherencia social en la utilización informática. Hemos de recordar que lo importante es la información y el conocimiento que se mueve y, no exactamente, los mecanismos que lo mueven. El pago de una licencia no legitima lo científico ni mucho menos el impedimento a su acceso público. Decir que una licencia de software propietaria te da poder para aniquilar a otros tipos de licencias posibles y potenciales, es como decir no a la libertad directamente. Si únicamente consideramos lo propietario y lo privativo en las TICs, estaremos muy cerca del "pensamiento único" y de una dictadura tecnológica. Podría interpretarse lo anterior como estar en "contra de"; sin embargo, de lo que se advierte, es del abuso y el afán fagocitador de las grandes corporaciones frente al ciudadano común y corriente. Éste tiene que tener la capacidad y el conocimiento para elegir -en igualdad de condiciones- sin presiones financieras y políticas. La tecnología no puede estar en manos privadas solamente, pues los estados, gobiernos y ciudadanía en general, estarían sujetos a intereses comerciales y al ánimo de lucro. Entramos entonces en una dialéctica de que "unos ganan y otros pierden". Curiosamente, los que ganan, son pocos y van a ganar más de lo que pueden gastar en veinte vidas, si eso fuera posible. Hay que encontrar puntos de equilibrio y de encuentro. Es cuestión de política y de estrategia sostenible. Sencillamente hemos de preguntarnos quién gana con la privatización y patentización total del software. El ciudadano promedio, no; desde luego. Verá secuestrada su democracia, su capacidad de decisión y, si ya tiene que aguantar el ya de por sí desproporcionado estado de la cuestión, finalmente se verá abocado a un solo producto. ¡A uno! Realmente eso sería decepcionante. El software libre es una alternativa viable. Aquí no destacamos sus ventajas técnicas -que las hay- sino sus ventajas sociocomunitarias. Destacamos, en definitiva, su condición de libre (concepto básico en todas las democracias y ordenamientos jurídicos modernos). Aplique, señor ciudadano de a pie, el concepto de libertad primero y después hable de software; lleve en sus mensajes internaúticos semejante libertad y posteriormente pregúntese por la aplicación informática que lleva aquélla. Entenderá, a fuerza de ser coherente, que no se puede hablar de libertad si le ocultan el código del programa, si no puede intervenir en su mejora, o si no puede hacer cambios que le interesan. Peor se pone la cosa si, además, tiene que pagar el derecho de pernada de su amo y señor. La administración pública, por omisión, hasta hace bien poco ha patrocinado el software privativo y ha dado suculentos beneficios a sus dueños. Va siendo hora de cambiar las cosas...
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