Un informe sobre Arbitraje Internacional elaborado por Price WaterhouseCoopers (PWC) revela que actualmente “las empresas prefieren acudir, en el momento de resolver sus conflictos, a los organismos y sistemas de arbitraje internacional antes que dirimirlos en los tribunales”. En concreto, un 73% de los 140 responsables de asesorías jurídicas encuestados considera más efectivos estos mecanismos para resolver sus disputas, mientras que solamente un 11% sigue prefiriendo acudir a los tribunales en los mismos casos.
Según José Enrique Rovira, director del Grupo de litigios de PWC, “la resolución de conflictos transfronterizos se está convirtiendo en un proceso cada vez más sofisticado, y las empresas están apostando por resolver sus problemas al margen de los tribunales”.
La falta de cultura arbitral de los abogados es el principal freno al crecimiento del arbitraje
Esto se explica, según el Presidente del Tribunal Arbitral de Barcelona (TAB), Lluís Muñoz Sabaté, porque “estamos en un momento lo bastante maduro como para que la gente tome consciencia de que existe una vía arbitral que sustituye a la judicial, y que produce los mismos efectos”.
Sin embargo, el principal freno al crecimiento del arbitraje “todavía sigue siendo la falta de divulgación arbitral de los abogados, que por no conocer bien esta alternativa o porque consideran que es una opción que les resta protagonismo, no la divulgan suficientemente a sus clientes o entre los propios compañeros”, según Josep Gajo, Presidente de la Corte Europea de Arbitraje.
Más allá del número de casos que resuelve cada año la vía arbitral, un parámetro importante es la cuantía de los mismos. En 2006, la media se sitúa en los 400.000 euros por asunto, lo que supone un total acumulado hasta el momento de más de dieciséis millones de euros. Según Muñoz Sabaté, “puede que los casos resueltos por la vía arbitral sean menos en número que los que llegan a los tribunales, pero también está claro que son muchísimo más caros”.
Claves del proceso
La internacionalización de las empresas ha favorecido el incremento de casos que se resuelven por la vía arbitral, ya que estos procesos ofrecen algunas ventajas muy competitivas en un contexto de globalización.
Josep Gajo explica que “lo más importante en el momento de establecer un arbitraje internacional es designar como corte arbitral o árbitro a un país neutral, diferente a los de las partes implicadas, para garantizar que ninguna de ellas tenga una posición dominante”. Una vez designado, hay que establecer el número de árbitros que participarán en el proceso, pudiendo ser uno, tres o cinco, según la cuantía del asunto.
“De esta manera”, explica Gajo, “para importes de hasta 60.000 euros sin gran complejidad bastaría con un árbitro, mientras que para un asunto más complejo y de un millón, ya necesitaríamos a tres para garantizar el equilibrio y conocimiento del proceso”. Por último, hay que especificar qué derecho se va a aplicar, puesto que cada país tiene un sistema legal distinto, y también qué lengua se utilizará durante el arbitraje.
Ventajas e inconvenientes
Según el informe de PWC, lo que más aprecian los entrevistados es la flexibilidad de los procesos arbitrales, así como la participación de las partes, que es mucho más activa que en el caso de un tribunal.
Los casos resueltos por la vía arbitral garantizan una mayor confidencialidad
La privacidad que garantiza la alternativa del arbitraje es otra de las principales ventajas de esta vía, ya que, según Muñoz Sabaté, “los asuntos arbitrados no tienen la menor repercusión pública en los medios de comunicación, a no ser que esto interese a alguna de las partes, que se encargaría entonces de hacerlo llegar a los medios personalmente”.
La especialización del tribunal arbitral también ofrece más confianza a las empresas que deciden resolver sus problemas por esta vía, ya que saben que en caso de conflicto, el árbitro será un experto en la materia que hay que tratar. Esto supone un valor añadido sobretodo en los casos en que el conflicto está relacionado con aspectos como la Propiedad Intelectual o Industrial, que cada vez son más habituales en las relaciones empresariales con países como China, y que no encuentran en el tribunal tradicional la agilidad que requiere la empresa para recuperar la normalidad y continuar con su actividad.
Los procesos arbitrales son más caros, pero mucho más cortos
Entre las desventajas, el informe de PWC destaca el coste económico del proceso arbitral, “lo que pone en duda la idea generalizada de que el arbitraje es menos gravoso para las empresas que la vía judicial”, según recita el texto. Josep Gajo difiere de esta apreciación aludiendo que “un pleito de un millón de euros puede ir a primera y segunda instancia durante dos años, y alargarse todavía dos o tres años más si llega hasta el tribunal supremo”. “Con el proceso arbitral”, añade, “te aseguras de que el asunto estará listo en más o menos seis meses, con el consiguiente ahorro de tiempo y dinero. Esto hace posible que dispongamos de la cantidad reclamada más rápidamente, pues de lo contrario tardar cinco años y recuperar el importe reclamado, aún con el interés legal del dinero más dos puntos, significa desvirtuar la propia reclamación”.
En todo caso, lo que queda fuera de dudas es el potencial que todavía tiene por delante todo el sistema de la llamada “justicia alternativa”, que incluye, además del arbitraje, otras vías como la mediación o la conciliación, y que cada vez se están imponiendo más para resolver los conflictos fruto de un sistema globalizado, que cada vez requiere más flexibilidad también desde el punto de vista jurídico.