El arte será uno de los valores más atractivos para invertir gracias a la identificación y certificación
A pesar de ser objetos de un valor económico generalmente elevado, las obras de arte no están identificadas actualmente según un estándar internacional que garantice la legitimidad de cada pieza. Esto implica que la seguridad en el momento de comprar o vender este tipo de objetos es mucho menor, en la mayoría de casos, que cuando una persona adquiere cualquier producto registrado con código de barras en un supermercado, por ejemplo.
El Archivo Internacional Central de Objetos de Arte (AICOA) fue creado en 2004 para “materializar una necesidad que se sentía en el mundo del arte”, según explica su Presidente, José Ramón Santolalla, y que consistía en poder “garantizar la correcta identificación de las obras de arte para aumentar la seguridad en las transacciones comerciales e inversiones”.
Los dos conceptos clave del proceso son identificación y certificación. Según Santolalla, “con la certificación garantizamos que las cosas siguen un determinado proceso, y con la identificación, que tiene más valor, se consigue un mayor conocimiento de la obra para que resulte imposible no reconocerla o confundirla con otra”.
La solución desarrollada por AICOA consiste en dotar a cada pieza de un documento de Descripción de Objeto de Arte (DOA), que, según Santolalla, “es exactamente lo mismo que un DNI para una persona o un código de barras para un producto”. El DOA recoge la información básica de la pieza en una ficha técnica, a la que se añaden fotografías, estado y consejos de conservación, restauración y derechos de propiedad intelectual.
El DOA es un DNI para las obras de arte que permite garantizar la autenticidad de cada pieza
Seguidamente se codifican, con tecnología radiofrecuencia (RFID), los documentos y cada una de las piezas con un número único de identificación internacional GS1 (Estándar Global Único) de la European Article Numbering Internacional – Uniform Code Council (EAN-UCC). Este modelo cumple con las recomendaciones de la UNESCO y permite identificar una pieza frente a copias o falsificaciones. Con todo ello, se confecciona una “guía pasaporte” para cada objeto de arte que permite, además, garantizar su trazabilidad a lo largo de los años.
Hasta el momento de la creación de AICOA existía un vacío en el campo de la certificación de objetos de arte, y el control sobre estos sólo se practicaba en ciertos entornos como las galerías, museos o fundaciones. Joan Antón Maragall, director de la Sala Parés de Barcelona, asegura que en el sector “existe una demanda potencial de todo aquello que agrupe información sobre la obra de arte, y que por tanto incremente la seguridad del inversor”.
Aún así, el modelo propuesto por AICOA es totalmente voluntario y Maragall afirma que “el interés de los galeristas y otros agentes del sector artístico crecerá en la medida que este estándar de certificación se generalice”.
Hasta el momento el reto de AICOA, según Canals, está en “consolidar los 30.000 registros y mantener la línea que nos está acercando al medio millón de euros de facturación”, ya que “de esta manera se podría implantar el sistema a nivel nacional y empezar a abrir mercado en Francia y Portugal”.
Asegurando las plusvalías
Los beneficios económicos de aportar un estándar internacional de identificación y certificación de obras de arte son difíciles de calcular, pero existen algunos datos que arrojan cierta luz sobre el peso económico en juego.
Las plusvalías de las obras de arte son superiores a las del mercado inmobiliario
Según José Ramón Santolalla, “si el mercado inmobiliario sube entorno al 15% anual, las plusvalías en el caso del arte se sitúan por encima del 18%”. Para garantizarlas es necesario que el objeto de compra o venta disponga de una documentación que acredite su antigüedad, autoría, etc… De no existir, según Santolalla, “el precio de la obra de arte estará en función de aspectos totalmente aleatorios, como prueban las fluctuaciones de precio en cortos periodos de tiempo de grandes obras como las de Picasso”.
Otros índices económicos como el Mei Moses y el Art Market Research, elaborados por la Universidad de Harvard y el canal Bloomberg respectivamente, sitúan las rentabilidades medias anuales en el sector del arte en torno al 10%.
En otro orden, según datos de la INTERPOL, el tráfico ilícito de bienes culturales se sitúa en tercer lugar detrás del de estupefacientes y el de armamento, dado su elevado valor económico.
Que los objetos de arte son un valor emergente en el que invertir se demuestra, según Santolalla, teniendo en cuenta que “los cinco principales gestores de bolsa en el mundo tienen más de 180.000 millones de dólares dispuestos a invertir en arte, siempre que se les garantice que la identificación, la certificación y la autoría están completamente contrastadas”.