Barcelona acogió a finales de la semana pasada una nueva edición del Congreso Nacional de Ética de la Economía y de las Organizaciones, organizado por la escuela de negocios IESE. Una de las sesiones destacadas del programa giró entorno a las experiencias en el gobierno de las organizaciones, en la que se congregaron cuatro expertos de distintos ámbitos, moderados por Humberto Salerno, director de Noticias.com.
Sin ánimo de lucro
Josep Gassó, presidente de la Fundación Catalana del Esplai, presentó a los asistentes el caso de las Organizaciones No Lucrativas (ONL), que, en su opinión, se enfrentan a ciertas exigencias particulares en cuanto a buen gobierno. Entre las antinomias identificadas por Gassó, la que más incide en la gestión del día a día es armonizar la actividad de profesionales remunerados y voluntarios. “Tanto unos como otros son imprescindibles para el buen gobierno de nuestra entidad”, afirma Gassó, “pero a menudo se viven los dos perfiles de una manera contradictoria. En la Fundación Catalana del Esplai se contabilizan 1500 voluntarios y 1200 trabajadores remunerados, pero “todos ellos actúan de una manera profesional, y eso es lo que hay que saber explicar a unos y otros”.
Las ONL deben ser transparentes para evitar escándalos como el de Intervida
Otro factor decisivo, y claramente relacionado con la actividad de las ONL, es la transparencia de la organización. Si bien todas las empresas están llamadas a actuar de manera transparente y socialmente responsable, una organización sin ánimo de lucro pierde toda su credibilidad si se descubren escándalos como el que recientemente ha protagonizado la entidad Intervida, relacionada con un presunto fraude por desvío de dinero. Según Gassó, “en el caso de las organizaciones no lucrativas no estamos sujetos al juicio de los accionistas ni de los ciudadanos, como ocurre con las empresas y gobiernos respectivamente, y por eso es muy importante que seamos nosotros mismos quien de manera voluntaria demos cuenta de los resultados de nuestra actividad”.
La soledad del voto democrático
Los órganos públicos pueden resultar, en principio, mucho más obligados que cualquier otro a seguir ciertas estructuras de gobierno que garanticen la representatividad de todos sus miembros. Pero la experiencia dice lo contrario. Esther Giménez-Salinas, Rectora de la Universidad Ramon Llull, explicó a los asistentes al Congreso su experiencia como Vocal del Consejo General del Poder Judicial, en el que “absolutamente todo se hablaba en equipo, pero la decisión acababa siendo muy individual”. Durante su etapa en esta institución, “la sensación de soledad era mucho más acusada que en otras organizaciones”, donde “las decisiones se tomaban de manera individual pero la sensación de trabajo en equipo era mucho más importante”. Si bien el primero era un proceso democrático, la sensación de injusticia en el gobierno de la institución era más acusada.
En la Universidad, según Giménez-Salinas, “el reto más importante es el equilibrio entre la excelencia de los propios centros (la URL está formada por 10 centros independientes que se agruparon en 1991), y la puesta en común de todos sus proyectos”.
El mal gobierno de las instituciones públicas es gobernar al margen de los ciudadanos
La experiencia en cargos públicos de Jaime Rodríguez Arana, catedrático de derecho administrativo de la Universidad de La Coruña, le llevó a la conclusión de que “en la democracia los dueños de las instituciones públicas no son ni los políticos ni los funcionarios, sino los ciudadanos”, y que por tanto el buen gobierno de las instituciones públicas debe ser fruto de “un pensamiento abierto, plural, dinámico y complementario”. El mal gobierno de las instituciones públicas, por tanto, es gobernar al margen de las necesidades de los ciudadanos. “Una vez me dijeron que la mayor corrupción que puede existir en la función pública es la insensibilidad de los dirigentes ante los problemas de derechos de los ciudadanos, y estoy de acuerdo”.
La Responsabilidad Social como herramienta de cohesión laboral
Rosa Cullell, directora del Gran Teatro del Liceu, expuso durante su intervención diversas experiencias personales en las que acabó por concluir que “los empleados sólo estarán orgullosos si las empresas están haciendo algo por su sociedad”.
Después de ostentar la dirección general adjunta de “La Caixa” durante varios años, Cullell dejó el cargo para ocuparse de la dirección de Edicions 62, la primera editorial catalana. Cuando llegó a esta empresa, la situación económica estaba muy cerca que la quiebra. Tuvo que realizar un Expediente de Regulación de Empleo (ERE), y este proceso le enseñó que “la ética y el buenismo no son lo mismo”, ya que lo mejor para la empresa era también lo peor para muchos de sus trabajadores. Con los ánimos obviamente decaídos, “el ambiente en Edicions 62 era todo menos optimista, y en esas condiciones se hacía duro trabajar”. La solución que se encontró para volver a ilusionar a la plantilla fue un proyecto de colaboración con los vecinos del barrio del Raval, que participaron en la edición de varias colecciones de libros de distinta temática. “Yo les pedí a los trabajadores de 62 que participaran en la RSC de la empresa, y lo hicieron”, explicó Cullell, “y ahora les he pedido la colaboración a los clientes del Liceo”. En esta ocasión, la directora del teatro ha conseguido que los miembros de la asociación “Amigos del Liceo” realicen visitas guiadas por el teatro de manera voluntaria.