La actividad exportadora española es uno de los motores de internacionalización de nuestra economía, que supone más de 170.000 millones de euros al año repartidos entre clientes de más de 100 países. Las previsiones para finales de 2007 están fijadas en un incremento de esta actividad en un 13,1% respecto a 2006, pero ya hay quien asegura que habrá que revisar a la baja esta cifra hasta situarla “entorno al 10%”, según la patronal multisectorial Amec. La causa inmediata de esta revisión es sin duda la cotización de la moneda europea, que ha alcanzado en las últimas semanas récords históricos frente al dólar, valorándose incluso por encima del 1,4 respecto al billete verde.
En el último informe de coyuntura de Amec ya se advirtió de la preocupación de los exportadores españoles frente al encarecimiento del euro. En aquella ocasión, los empresarios consultados por esta patronal situaron la cotización óptima del euro en 1,2 dólares, mientras que a partir de 1,4 “estaríamos delante de un grave problema para las exportaciones”, según el director general de esta patronal, Joan Tristany. Actualmente el euro ya ha rebasado ese límite, y las consecuencias para los exportadores españoles se empiezan a notar.
Lloveras es una empresa que diseña y fabrica equipos para la industria del cacao y derivados, con 65 trabajadores y un 90% de productos dedicados a la exportación. Su director general, Martí Lloveras, cifra las pérdidas ocasionadas por la fortaleza del euro en “no más del 20 o 25 %”, y asegura que en sus planes de negocio a medio plazo ya se está trabajando con un escenario donde el euro siga siendo fuerte.
Las empresas están recortando sus márgenes de negocio para intentar mantener a los clientes
Pero más allá de las previsiones, el encarecimiento del euro ha llegado tan súbitamente que la mayoría de empresas han tenido que reaccionar modificando el precio de sus productos para mantener las ventas.
Jaume Plans es el director general de Prodec, una compañía de 50 trabajadores que exporta el 60% de su producción a Europa y Latinoamérica principalmente. En su caso, al tener clientes situados en áreas de influencia del dólar, no puede trasladar el precio del euro a sus productos. “Por tanto, para mantener las cotas de mercado existentes hay que reducir precios y márgenes industriales”, asegura.
Los sectores más afectados hasta el momento son los que trabajan con bienes industriales, ya que sus pedidos están más repartidos en el tiempo, “y la pérdida de una venta puede suponer la pérdida de un cliente”, según Tristany. “Por eso se están reduciendo los márgenes de negocio hasta el mínimo posible, porque en algunas ocasiones recuperar un cliente o un mercado sería extremadamente difícil, o prácticamente imposible”, añade.
Europa no es la salvación
Al contrario de lo que se pudiera pensar, las exportaciones no son más sencillas a países que también trabajen en euros. La competencia del dólar se hace notar también en la Unión Europea, que es el primer mercado de las exportaciones españolas, hacia el que se envían el 70% de los pedidos.
“Se suele pensar que si todos trabajamos con euros no habrá ningún problema para las exportaciones, pero es mentira”, explica Tristany, “porque un cliente alemán comprará antes algo de la zona dólar que de la zona euro, porque le saldrá mucho más barato”.
El apoyo institucional resulta ineficiente y poco productivo
Un informe recientemente publicado por la patronal Amec revela que “el modelo español de financiación como instrumento de apoyo a la exportación está obsoleto”. La necesidad de un cambio de modelo en la concesión de créditos y seguros para la exportación se hace mucho más evidente en un momento en que las empresas se encuentran “solas ante el peligro”, ya que los instrumentos actuales no son competitivos.
Con algunas mejoras en el sistema de apoyo oficial se podrían incrementar hasta un 5% las exportaciones españolas
Según Jaume Plans, “con independencia de las acciones individuales que cada empresa exportadora ya ha tomado, no podemos olvidar la aportación de las administraciones públicas, tanto autonómicas como centrales, en lograr más y mejores ayudas, tanto en la fase exportadora, como en la internacionalización de las empresas. Con seguridad tenemos aquí todavía camino para recorrer, y una mayor implicación de una forma decidida de las administraciones es determinante para el futuro”. En este contexto, el sistema español creado en 1996, puede haber quedado desfasado.
Según Francisco Arbell, experto en financiación internacional, los sistemas nacionales de ayuda a la exportación siguen diferentes patrones, entre los cuales España pertenece al “modelo latino”, donde “el apoyo oficial es decidido, pero siempre respetando el marco internacional”. En resumen, se basa en subvencionar el tipo de interés para fomentar las exportaciones. En su opinión deberíamos tender hacia un modelo similar al japonés, “que ha ido evolucionando desde posiciones similares a las de España, y donde no se protege lo que se vende sino a quien lo está vendiendo”. En otras palabras, el sistema japonés protege a los empresarios japoneses estén donde estén, de manera que no sólo ayudan a los productos que dan trabajo en su propio territorio (el made in Japan) sino a aquellos ciudadanos que producen sea donde sea.
En este sentido, Amec propone la creación de una comisión de trabajo que reúna a las empresas exportadoras, el CESCE (Compañía Española de Seguros de Crédito a la Exportación), y el sistema bancario, para “hacer frente a la necesidad urgente de cambio en el modelo de financiación español”.
Según Joan Tristany, “con este nuevo modelo se podrían aumentar las exportaciones hasta un 5%, provocando una mejora espectacular en la balanza comercial española”.