11/06 - Estefanía Pérez
Tras las elecciones autonómicas de Cataluña celebradas ayer, el panorama político, aunque con algunas modificaciones, es bastante similar al escenario de 2003. Convergència i Unió (CiU) ganó las elecciones, tanto en número de escaños (48) como de votos, aunque las fuerzas del tripartito (PSC, ERC e ICV) podrían desbancar de nuevo a Artur Mas, ya que juntas consiguen la mayoría absoluta con 70 escaños.
Sin embargo, dos de los miembros del tripartito han sufrido una bajada de votos. El PSC ha sido el partido más castigado en estos comicios (ha perdido 5 escaños, quedándose con 37 diputados en el Parlament), mientras que ERC cuenta con dos diputados menos, pasando de los 23 del año 2003 a los 21 de las elecciones de ayer. Por el contrario, el único partido del gobierno que sale reforzado es ICV, quien ha conseguido tres escaños más y tendrá 12 diputados en el Parlament. La fuerza que lidera Joan Saura ya dejó clara ayer su apuesta por la reedición de la alianza con PSC y ERC.
De todas formas, el tripartito no es la única opción que se dibuja tras los comicios. El partido que dirige Artur Mas pidió ante sus simpatizantes “un gobierno fuerte que desarrolle el Estatut”, mientras que José Montilla, líder del PSC, se pronunció a favor de “un gobierno catalanista y de progreso”. Ante esta indefinición queda también, en principio, la puerta abierta a un pacto “sociovergente”, que agruparía a las dos principales fuerzas en Cataluña. El propio Mas reconocía anoche que “hará falta un diálogo intenso con los partidos catalanes para formar gobierno”.
Por su parte, el PP, a pesar de haber perdido un escaño (se queda con 14 representantes), se mostró satisfecho ya que “a pesar de todos los que, desde un lado y otro del espectro político y mediático, auguraban un desastre, el resultado es positivo. Hemos perdido un diputado, pero hemos demostrado que nuestro electorado es sólido”, sentenció Josep Piqué, líder del partido en Cataluña. Sin embargo, y aunque CiU no hubiera firmado ante notario que no pactaría de manera estable con el PP, los escaños de los populares no alcanzarían para formar una mayoría absoluta (68 escaños) con los convergentes.
La gran sorpresa fue el aterrizaje en al Parlament de una nueva fuerza política, Ciutadans-Partit de la Ciutadania, que consiguió pasar la barrera del 3% de votos necesarios para acceder a la cámara. La formación, a través de una campaña basada en la defensa del bilingüismo, consiguió tres escaños. Su líder, Albert Rivera, tras conocer estos resultados resumió el “sueño” de su partido: “una Cataluña que no sancione a las empresas por hablar una lengua u otra, que no haga informes para conocer la ideología de los periodistas, donde la inversión se destine a educación y a ciencia y no a las selecciones deportivas catalanas”.