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Jueves 07 del Agosto de 2008 — Actualizado a las: 11:29 AM
Las alfombras rojas y el glamour de las grandes estrellas han situado esta semana a San Sebastián en el centro de todas las miradas, en una edición del Festival de Cine que ha reunido a más estrellas internacionales que de costumbre. Durante una semana, el Hotel María Cristina ha albergado a cineastas, productores, y actores de la talla de Richard Gere, Demi Moore, Samuel L.Jackson, Viggo Mortensen, Liv Ullman, o incluso “intrusos” como Lou Reed, que protagoniza el filme “Berlín”.
Más allá del aluvión de caras conocidas, no todo en el Festival estuvo pensado de cara a la galería. Los premios recayeron este año en las producciones y profesionales que más o menos todo el mundo vaticinaba, demostrando un buen nivel de conexión entre el público y el jurado, que presidía en esta edición el guionista y escritor Paul Auster. Precisamente la película ganadora de la Concha de Oro, Mil años de oración, la había realizado uno de los antiguos colaboradores y amigos de Auster, con quien el guionista hace ya algunos años que no mantiene precisamente una buena relación. Con este premio se dejó claro que las reticencias personales han quedado a un lado y que se ha valorado exclusivamente el magnífico trabajo de Wayne Wang, cuya película también fue galardonada con el premio al mejor actor por la interpretación de Henry O.
Otra de las películas que hizo doblete fue la única producción nacional del palmarés de este año. Se trata de Siete mesas de billar francés, de Gracia Querejeta, que ha recibido el premio al mejor guión (aunque compartido con Moneydripper, del estadounidense John Sayles), y cuya coprotagonista Blanca Portillo ha recibido la concha de plata a la mejor actriz. Portillo comparte protagonismo en esta producción con Maribel Verdú, a quien mucha gente quería ver premiada junto a su compañera en un galardón ex aequo que hasta la directora de la película opinó que hubiera sido lo más adecuado. Pero el jurado decidió que Blanca Portillo no compartiera el premio con nadie, así que Verdú deberá esperar a otras ocasiones como los Goya para optar a un premio por su interpretación.
El resto de producciones galardonadas han estado bien repartidas. La directora iraní Hana Majmalbaf recibió el premio especial del jurado por su película Buda explotó de vergüenza, un filme controvertido en el que se relata la historia de una niña afgana que lucha por superar las dificultades que supone vivir en un país devastado por la guerra y donde la cultura machista le impide realizar sus sueños. Esta es la primera película de una jovencísima directora, de tan sólo 19 años, que encandiló al jurado de San Sebastián, quien considera que se trata de “'una excelente película que, trascendiendo fronteras y culturas, plantea la importancia de la transmisión de valores, que deberán cambiar para conseguir un mundo más igualitario'.
La concha de plata al mejor director se lo llevó en esta ocasión Nick Broomfield, por su película Batalla por Haditha, mientras que mejor fotografía recayó en Exodus, de Pan Ho Cheung. El público siempre ha tenido una importancia especial en el certamen cinematográfico de San Sebastián, y en esta ocasión su premio recayó en el filme Caramel, una producción Líbano-francesa a cargo de Nadine Labaki.