?No estoy orgulloso de ninguno de mis proyectos?

Oct 1, 2008 | Noticias



Roser Vilar.- Recientemente ha diseñado una tienda de ropa y en 2010 se estrenará su película de animación. ¿Hay que abrir los horizontes del diseño?
Javier Mariscal.- El diseño es una disciplina que abarca diferentes especialidades. Conozco diseñadores que están muy especializados en un sector concreto pero a mí siempre me ha parecido, por mi tipo de personalidad, que me interesaban campos diferentes: pintura, escultura, ilustración. Mi estudio ya partió, desde un principio, como un lugar en el que se iba a abarcar muchas de estas disciplinas, porque si de alguna manera me puedo definir, más que diseñador soy dibujante.


R.V.- Usted ha sido una artista pluridisciplinar que ha realizado muchos proyectos de distinto género. ¿“Quién mucho abarca, poco aprieta”?
Javier Mariscal.- Creo que el que mucho aprieta, abarca muy poco.


R.V.- ¿Qué se entiende por un mal diseño?
Javier Mariscal.- El diseño ha estado en nuestras vidas a partir de la sociedad industrial y desde entonces, cualquier objeto ha sido diseñado. Mucha gente piensa que el diseño es algo caro, sofisticado, inútil, que llama mucho la atención y que no sirve de nada. Esto no es verdad. Existe el buen diseño y el mal diseño, pero cualquier objeto con el que nos relacionamos está diseñado. Por otra parte, yo prefiero decir qué es buen diseño.


R.V.- Pues diga
Javier Mariscal.- Creo que un buen diseño es cuando el objeto explica muy bien para qué sirve y qué es, y además cumple a la perfección su función. Esto es lo más primitivo y lo primordial. Una silla tiene que ser ergonómica, con unas medidas de acuerdo con el cuerpo humano. Si es para trabajar tiene que tener unas características distintas a si es una silla para una terraza. Primero la funcionalidad y segundo, que no veas una silla y digas: ¡Ah!, esto es un volante de un coche. Que el mismo objeto te diga para qué sirve. También es muy importante que con el mínimo se haya producido el máximo. O sea, que sea una buena idea y que a la vez no se haya despilfarrado la energía creándola. Un mal objeto es cuando le sobran apoyos o está sobredimensionado, de manera que si fuera más sencillo y limpio estaría mucho mejor. Luego también es muy importante la carga de innovación que se le pide a un buen diseño. Y, algo que yo valoro muchísimo, la carga cultural que tenga el objeto. Un objeto te puede hablar de una determinada sociedad y sus valores. Nosotros somos animales que tenemos un lenguaje simbólico, en el que también entra el lenguaje visual y las formas, y el diseño trabaja mucho en este campo. 


R.V.- ¿Le molesta que cuando suena su nombre lo primero en lo que piensa la gente sea en Cobi?
Javier Mariscal.- No me molesta y además me parece de un lógico aplastante. El diseño es muy anónimo. Cobi tuvo una gran trascendencia y estaba representando una filosofía y un sentimiento colectivo. Además, todo el mundo se sentía muy implicado y los medios le hicieron una gran campaña. Nunca he tenido un trabajo que se publique tanto y que ocupe tantas primeras páginas en los periódicos. No creo que vuelva a tener ningún trabajo con esta repercusión mediática. Por otro lado, había una gran responsabilidad en ese diseño. Durante esa época, cada mañana escuchaba la radio para saber que feeling había sobre Cobi.  Y trataba de adaptarme mucho a ese concepto que desde el Comité Olímpico de Barcelona me habían transmitido. Queríamos hacer unos Juegos Olímpicos muy bien organizados pero al mismo tiempo una gran fiesta, y no sólo comunicar que había unos juegos, sino que también existía una cultura y una forma de entender la vida. Y lo teníamos que comunicar a través de Cobi.


R.V.- ¿Qué le han parecido las mascotas de los JJ.OO de Pekín?
Javier Mariscal.- Creo que Cobi funcionó muy bien porque representó el espíritu olímpico de Barcelona y las mascotas de Pekín representan muy bien el espíritu olímpico de China.


R.V.- Hace años que sus proyectos son aclamados. Diseñó el logotipo de la ciudad de Barcelona, las mascotas de los juegos olímpicos y paralímpicos, ha logrado el Premio Nacional de Diseño. Cuando uno ha llegado a lo más alto y su trabajo es reconocido, ¿es más difícil que salgan voces que estén dispuestas a criticar sus proyectos?
Javier Mariscal.- No sé si es más difícil. Creo que la crítica es muy buena. Yo mismo, íntimamente, no me siento que haya llegado a ningún lugar, no valoro especialmente mi trabajo. Creo que hay ciertos aciertos y muchos fracasos. Soy muy crítico con mi trabajo. Desde fuera, cualquier adulación o hipervaloración, como a veces hacen los medios: “el súper conocido internacional”, u otra palabra que usan mucho es “el genio”, me parece absurdo, exageradísimo y equivocado, como mínimo para referirse a mí. Un genio sería Dios si existiera o los que salen de las lámparas. Ni Picasso era un genio. Si que hay una fuerza de  genio detrás de Darwin, Galileo, Newton, Einstein.  Es algo que incita, que hace que innoven y vayan más lejos y estén en el momento exacto y en el lugar determinado.


R.V.- ¿De qué proyecto está más orgulloso?
Javier Mariscal.- Orgulloso, lo que se dice orgulloso, de ninguno. No sé, hasta fui al psiquiatra para que me arreglara este problema de autodestrucción que tengo. Y me dijo: ¿tú de dónde eres?, y cuando le respondí que era valenciano me dijo que eso era difícil porque tenemos la tradición de estar todo el año trabajando en un proyecto magnífico que luego quemamos en una noche.  Quizás de lo más satisfecho que estoy es que de pequeño creía en unos valores, como por ejemplo que para trabajar no hace falta escoger una profesión que te castigue y en la que no te realices. También es verdad que pertenezco a un segmento de la sociedad que me ha permitido realizar aquello que he querido. No he nacido debajo de un puente, y lo reconozco. Desde que tengo uso de razón y me planteo la vida, siempre he reivindicado que trabajar tenía que ser algo muy divertido y fantástico. Quizás por ser de una familia muy numerosa, siempre me ha gustado estar rodeado de muchas personas y el diseño es una profesión de equipos. Estoy muy orgulloso de mi estudio, como organización, las sinergias y la filosofía que hemos logrado. ¡Que te paguen por divertirte y aprender es fantástico! No es imprescindible llevar corbata para triunfar, es más, últimamente los que llevan corbata son los más sinvergüenzas, y todavía tienen una mentalidad antigua. Hoy en día llevar corbata quiere decir que trabajas en un sitio en el que te tratan muy mal y hay unos valores que no coinciden nada con los de la sociedad que queremos. Por ejemplo, me da mucha pena el Príncipe de Asturias porque no representa a su generación, sino a la de su padre.


R.V.- ¿Qué le falta por diseñar a Javier Mariscal?
Javier Mariscal.- ¡Muchísimas cosas! Me gustaría que salieran más películas y muchos otros. Lograr proyectos en los que puedas juntar innovaciones tecnológicas con soluciones para personas que no tienen recursos, encontrar trabajos que mejoren a la sociedad. Pero también proyectos más humildes que ayuden a reflexionar.


R.V.- A todo el mundo le gusta presumir de vivir en una sociedad abierta e innovadora. ¿Usted cree que las personas estamos abiertas a propuestas creativas, o más bien somos conservadores?
Javier Mariscal.- Yo soy optimista y pienso que siempre puedes ver las cosas desde otro punto de vista. Lo más bonito cuando te vas haciendo mayor es la experiencia y que empiezas a descubrir muchos grises, quizás porque necesitas gafas para leer, y que no siempre es blanco o negro. Estaría mucho mejor si siempre fuéramos a la innovación. Somos hijos de miles de generación que innovaron, y la innovación es continua. La historia de la humanidad es una innovación continua y siempre vamos a mejor. Más que a mejor, vamos a más complejo.


R.V.- ¿Le afecta la crisis económica que estamos viviendo?
Javier Mariscal.- A mi y a mi estudio no. Yo leo el periódico y no entiendo nada. Entiendo que l a gente que va con corbata son unos sinvergüenzas de mucho cuidado y que la gente que está alrededor de las finanzas me sigue reafirmando que el dinero sólo es papel impreso. Además, creo que los papeles son un gran invento. De hecho, Marco Polo se quedó impresionado cuando llegó a China y vio que si llevabas un papel firmado por el emperador, podías llevártelo todo sin dar ningún objeto a cambio. En definitiva, que en estos momentos el estudio tiene muchos proyectos y diversos y quizás por eso no notamos la crisis.


R.V.- ¿De qué manera se diseña la marca de una ciudad como Barcelona?
Javier Mariscal.- Hay millones de maneras de hacerlo. Durante los 70 yo me quedé muy sorprendido que Barcelona, que era una señora madura, muy bella y con una gran personalidad, no tuviera todavía una identidad visual, cunado estaba llena de referentes. Simplemente el área geográfica de la ciudad, que es una montaña, un mar, y dos ríos cruzados por una diagonal, ya tienen mucho significado. Y esta zona geográfica, con ese puerto que ha sido el útero de Barcelona estaba pidiendo una imagen. Un logo funciona más dentro de un cuadrado que en un rectángulo, porque te obliga a hacer algo más sintético y más fácil de lectura. Traté de ponerlo en un cuadrado y escribiendo de arriba abajo como los japoneses. Y así lo hice, pero me di cuenta de que era muy largo. Y de repente leí: BAR-CEL-ONA, o sea, bar, cielo y mar, ¡era perfecto! Así que Barcelona significa una ciudad en la que hay muchos bares y restaurantes en los que se encuentra la gente, el cielo es el punto de conexión con el exterior y los otros mundos, y ona es este mar que te trae y te vuelve, ¡y así salió!





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