?Soy un superviviente de los Andes y nunca he tenido una pesadilla?

Ene 7, 2009 | Noticias



Estefanía Pérez.- Después de casi 36 años de la tragedia, tiempo durante el cual usted no había hablado de lo que pasó en los Andes, ahora decide empezar a contar su historia, incluso ha creado su propio blog (http://www.survivorwalk.blogspot.com) en el que cuenta sus vivencias. ¿Por qué?


Pedro Algorta.- Yo durante 35 años me ocupé fundamentalmente de mis cosas: de trabajar, de mi familia, de hacer una vida normal. Lo que me pasó en la montaña había quedado un poco de lado, no era un tema que estaba en la mesa familiar de todos los días ni mucho menos. Tampoco estaba presente en mi currículum, cuando lo presentaba en distintas ocasiones donde lo requerían. Incluso cuando fui a estudiar a Estados Unidos, estuve dos años sin decirlo, sin que nadie se enterara. Para mí fue un tema que había quedado de lado porque estaba muy ocupado haciendo las cosas de la vida normal. De alguna manera, ahora con 56 años, es un momento en el que reflexiono y miro hacia atrás y pienso en las cosas importantes y significativas que he hecho en mi vida, y ahí la tragedia surge con mucha fuerza.


E.P.- ¿En qué lugar aparcó esa experiencia durante tantos años?


Pedro Algorta.- Durante 35 años yo no he soñado nunca con esto. Nunca he tenido una pesadilla. Sabía que había pasado, está en mi casa, está en mi mochila, pero he podido mirar hacia delante y encarar una vida nueva. Cuando hablo de lo que ocurrió, aún me emocionan las cosas que sucedieron allí arriba, pero no es algo que esté permanentemente abierto, ni me trae complicaciones en absoluto. Creo que todos los seres humanos tenemos una enorme capacidad de recuperación. En nuestro caso somos 16 supervivientes que hemos seguido por caminos distintos pero que, casi 36 años después, estamos todos sanos y haciendo una vida normal.


E.P.- Y decide participar en un documental donde los 16 supervivientes, todos juntos, hablan de lo que ocurrió…


Pedro Algorta.- El documental para mí es importante porque en este proceso de empezar a compartir mi experiencia tuvo un papel relevante. El productor me pidió que participara, yo era el único que no estaba, y yo me negué. Él insistió y lo que hice fue preguntarles a mis hermanos y a mis hijos si querían que yo participara en el documental. Para mi sorpresa, me dijeron que sí, querían escuchar lo que yo tenía que decir. Fue una experiencia muy buena y a partir de ahí empecé a hablar. Así que para mí el documental fue uno de los elementos hizo que yo modificara la posición que había mantenido durante 35 años, que era la de guardar lo que había pasado en la montaña para mí solo.


E.P.- El apoyo de su familia debió ser importante…


Pedro Algorta.- Sí, aunque también pasaron otras cosas: hubo una ocasión en la que estaba con mi mujer cerca del lugar en el que había ocurrido el accidente y teníamos una guía, una mujer de unos cuarenta años, que se me acercó y me dijo que su único hijo se había suicidado y que la única razón por la que ella seguía viviendo era porque nuestra historia le inspiraba esperanza y le daba fuerzas para seguir viviendo, porque si nosotros habíamos superado nuestras montañas, ella también podía superar las suyas.


E.P.- ¡Menuda responsabilidad!


Pedro Algorta.- Mi primera reacción fue la de tratar de despegarme de eso porque yo no tenía nada que ver con el padecimiento individual de esa señora. Sin embargo, ahí me di cuenta de que nuestra historia tiene mucha fuerza y de que nos trasciende a nosotros como personas. La historia es más fuerte que nosotros mismos. A partir de ahí, empecé a reflexionar y a conceptualizar lo que nos pasó. Empecé a darle importancia al tema, lo que me permite encarar una nueva etapa de mi vida, en la que hablo abiertamente de lo que nos sucedió y trato de ayudar a la gente en la resolución de problemas complicados. Hace 35 años nosotros resolvimos una situación muy difícil y somos, de alguna manera, un ejemplo de que se puede hacer siendo personas normales.


E.P.- Personas normales convertidas en personas extraordinarias ante una situación extrema…


Pedro Algorta.- Sí, esa es una de mis principales conclusiones. Es un ejemplo de cómo personas normales, ante una situación límite, alcanzaron objetivos extraordinarios, sin ninguna otra herramienta que buscando la fuerza interior que tenemos todos lo seres humanos. Si nosotros lo pudimos hacer, otras personas pueden resolver también sus temas.


E.P.- ¿De dónde le salió a usted esa fuerza?


Pedro Algorta.- La fuerza la tienes dentro, es la fuerza que te permite vivir un día más, son las ganas de vivir. En nuestro caso venía de la necesidad de mantenernos con vida un día más.


E.P.- Aún así, deben de haber todavía hoy muchas preguntas sin respuesta…


Pedro Algorta.- Hay muchísimas preguntas que no tienen respuestas, no solamente en este caso, sino también en la vida en general. Nosotros no tenemos la respuesta a por qué nos salvamos nosotros y por qué murieron los compañeros que estaban sentados a nuestro lado. No tenemos respuesta a por qué caímos en la montaña. No tenemos respuesta a por qué yo pude durar 72 días y otros compañeros, amigos, mucho más fuertes que yo, que pudieron hacer contribuciones importantes, no llegaron. Lo que es cierto es que nosotros no sabíamos si nos íbamos a salvar o no. Teníamos la esperanza de que nos pudiéramos salvar, pero no era seguro. Sin embargo, lo que sabíamos, o más bien intuíamos porque no era un pensamiento racional, era que teníamos que trabajar duro para salvarnos. Y eso se aplica a otros ámbitos. Si tienes una actividad, un trabajo, etc., tienes que trabajar duro sin saber exactamente cuál va a ser el resultado. El resultado no solo depende de lo que tú haces, sino también de muchas otras cosas que tú no controlas.


E.P.- ¿En qué momento tuvo la certeza de que iban a salvarse?


Pedro Algorta.- Siempre tuvimos esa esperanza y hacíamos planes para cuando llegáramos de vuelta a Uruguay. Fantaseábamos. Íbamos todos a poner tiendas de comida, fast-food o exquisiteces…


E.P.- ¿Qué hizo usted al volver a su país?


Pedro Algorta.- Para nosotros salir de la montaña fue una gran alegría sin duda, pero fue la alegría que te produce alcanzar un objetivo por el cual has trabajado con mucha pasión. Pero no fue una explosión de emociones ni de sorpresas porque para nosotros no fue una sorpresa salvarnos, sino que era el fin de una larga travesía. Para la gente que no estuvo allí, ya sean familiares o amigos, fue distinto porque para ellos nosotros habíamos muerto y 72 días después volvíamos de la muerte. El júbilo, la emoción y la sorpresa fueron más grandes para ellos que para nosotros. Yo me encontré con mi padre a la salida de la montaña y él me pidió perdón porque me había dado por muerto. Yo no lo entendí porque para mí, yo no había muerto, simplemente había estado 72 días viviendo bajito.


E.P.- En ese vivir bajito, ¿hubo momentos para el humor?


Pedro Algorta.- Sí, había momentos de humor. Me acuerdo de la risa, no me acuerdo de los chistes que la provocaban. Había momentos de mucha camaradería, de amistad. No todo eran momentos de tensión. Uno de los problemas que tienen los documentales y las películas que se han hecho sobre este tema es que no reflejan esos momentos de relax, de amistad, que hubo. Estando siempre en peligro de muerte, había momentos de tranquilidad. Había días que no pasaba absolutamente nada, en los que cada uno estaba concentrado consigo mismo. Obviamente todo eso las películas y los documentales no lo pueden reflejar.


E. P.- ¿De qué hablaban?


Pedro Algorta.- Rezábamos y hablábamos de nuestros defectos. Al principio hablábamos mucho de lo que habíamos dejado en Uruguay, pero con el tiempo eso también se fue borrando. En mi caso, yo no pensé en mi familia, algo los bloqueó, con lo cual siempre estaba pensando en el día a día.


E.P.- ¿Sus recuerdos sobre esos 72 días son claros o ha habido fragmentos que se han ido almacenando y borroneando a lo largo de este tiempo?


Pedro Algorta.- Cuando ocurrió el accidente, quedé en estado de shock. Muchos de nosotros sufrimos ese estado. Pero poco a poco me fui recuperando y hacia el final era de los que estaba mejor, a pesar de que no era uno de los más fuertes ni mucho menos, y tengo los recuerdos claros. Pero el accidente en sí y los momentos inmediatamente anteriores y posteriores son recuerdos borrosos, tengo imágenes pero no lo puedo recordar exactamente. Por ejemplo, no recuerdo en qué asiento estaba. Tampoco tengo el recuerdo de la sensación de frío. Aunque si yo estuviera permanentemente acordándome del frío que pasé hace 36 años, seguramente ahora estaría mucho más abrigado de lo que estoy ahora (por fin, risas…).





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