Opinión: La política monetaria y el monetarismo político en la Argentina.

Ene 7, 2002 | Noticias


Opinión: La política monetaria y el monetarismo político en la Argentina.

Redacción

Actualizada: 07/01/2002

Por el Dr. Oscar L. Adarvez (*)

La incertidumbre que provocan las medidas anunciadas por el flamante Presidente de los Argentinos, impone una explicación de ellas. Mucho se ha hablado de que la “política monetaria” es un resorte del Estado y ello es cierto. Pero en la Argentina se ha interpretado como un poder discrecional de los políticos. Cuando el efímero ex–presidente Rodríguez Saa diseñaba el frustrado “argentino” como nueva moneda del país, un senador de la Nación salió a afirmar que la gente debía tener confianza en ella porque lo que daba valor a la moneda son la fe y la confianza y preguntaba ¿acaso el dólar, o la libra esterlina son convertibles?. El nuevo presidente, Eduardo Duhalde, hoy en ejercicio, no ha variado ese diagnóstico, ni la solución. Cree que la crisis argentina es un problema de política monetaria y por lo tanto entiende que puede darle valor a la moneda a su antojo, llevando su paridad a un punto, según su particular criterio, que permita recuperar la competencia y salir de la recesión. Hablemos entonces de “política monetaria”. Los países serios saben (y así la aplican) que la política monetaria debe estar lo más alejado posible de la política y, en especial, de los políticos. Así por ejemplo, la Reserva Federal norteamericana (El Banco Central de los EE.UU.) y el Bundesbank alemán, son absolutamente independientes y ni el presidente ni el Congreso pueden echarle mano como variables de sus respectivas economías. Hoy el EURO (la nueva moneda de la Comunidad Europea) ha nacido con el mismo criterio. Es cierto que la estabilidad de la moneda se mantiene por la confianza y aceptación del público, pero no en la moneda misma, sino en las seguridades que les brinda la “política monetaria” de su país. Describirla en todos sus detalles resulta imposible hacerlo en esta nota, pero podemos dar las claves básicas de un sistema monetario serio: el mismo se funda en el equilibrio de la oferta monetaria en relación con la oferta global de bienes y servicios (Renta Nacional o PBI), la velocidad de circulación de esos bienes según el nivel de actividad de la economía y las exportaciones, que generan el ingreso real de divisas. La moneda, en este caso, si bien no es convertible es como si lo fuera. El Banco Central debe preservar su estabilidad y la monetización del sistema conforme se lo impone el mercado. La tasa de redescuento (tasa referencial de interés de los créditos que dan a su vez los bancos) es la herramienta para acelerar o frenar la velocidad de circulación de los bienes, alentando el consumo o promoviendo el ahorro. Así las cosas, “la moneda” no puede ser jamás creadora de riqueza sino solo el medio que permita las transacciones, su atesoramiento a través del ahorro, la formación del capital y la inversión. Esta es la vía del crecimiento genuino. La Argentina de hoy asiste, en cambio, al abandono de toda política monetaria y su sustitución por el “monetarismo político”, retrocediendo 25 años en su historia. Como ya no tiene crédito externo para financiar el déficit fiscal, el poder político de este país se lanza sobre el dinero de la gente inmovilizando sus depósitos, devaluando el peso y abandonando su convertibilidad con el dólar. Pero el pueblo argentino debe pensar, que el dinero que se emita a partir de ahora, sin respaldo y fuera de todo control, no se repartirá entre cada uno de los habitantes sino que se distribuirá exclusivamente entre los que viven del Estado (políticos, funcionarios y empleados públicos) que vendrán con sus “pesos” recién emitidos (a partir de ahora meros papeles pintados) a cambiarlos por los bienes que necesiten, o que simplemente les guste, que al sector privado le cuesta capital y trabajo real producirlos. Un verdadero robo del esfuerzo ajeno. El efecto será la inflación, la remarcación de precios, el mercado negro, la especulación, y la pulverización de los sueldos, sin solución de continuidad. La misma historia repetida ya vivida cuando Estela Martínez de Perón fue presidente con el nefasto final por todos conocido. Lo correcto hubiera sido reformular un Estado sobredimensionado y burocrático y achicar el gasto público a las posibilidades de la economía actual, rebajando los impuestos y tarifas para darle competitividad a la producción nacional de una manera real. Eso sí daría confianza y alentaría el trabajo y la inversión. Por el contrario, con las medidas que se están instrumentando se le está dando el tiro de gracia a lo que queda de la economía productiva argentina. Abogado-Economista. Periodista especializado en temas económicos y financieros.





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