Actualidad de economía y nuevas tecnologías.
Viernes 09 del Mayo de 2008 — Actualizado a las: 22:18 PM
Poco tiempo disponible, mucho dinero, viajes constantes de un punto a otro de la tierra, deseo de aprovechar al máximo sus escasos días de ocio y un creciente interés por sentirse especialmente bien tratado en cualquier parte del mundo donde recalen, son los rasgos definitorios de un nuevo tipo de clientes que cada vez emerge con más fuerza. Sus solicitudes no conocen más límite que la imaginación del cliente, la capacidad de aguante de su cuenta bancaria y los límites que marca la legalidad.
Pero más allá de meros caprichos para sibaritas más o menos potentados, las numerosas peticiones que recibimos revelan la forma de ser de los millonarios y altos ejecutivos de este mundo cada vez más global. Porque, en mi opinión, los ricos siguen siendo diferentes a nosotros, pero ahora tampoco se parecen a sus semejantes del siglo pasado. Según ellos, llega un momento en la vida en el que uno se harta de los hoteles de lujo con sus reconfortantes servicios, placeres y atenciones y busca algo más.
"La gente con un determinado nivel de renta quiere aproximarse de nuevo al concepto de viajero"
Según llevamos cuatro años constatando día tras día, petición tras petición, es que la gente con un determinado nivel de renta quiere algo que le diferencie del turista, quiere aproximarse de nuevo al concepto de viajero, quiere algo más cercano a la realidad de cada país que visita. Busca experiencias auténticas, estar seguro de ser un pionero entre sus pares. Por ejemplo, en lugar de los tradicionales hoteles palacio de Venecia, busca tener un auténtico palacio (con servicio incluido) para ellos solos. O descansar en la casa de un príncipe en la Toscana y tener una auténtica cocinera italiana y no la comida muy elaborada de un gran restaurante de un hotel. O disfrutar de unas vacaciones familiares en una casa en Ibiza con su propia cala privada, con acceso a su propio barco, y no tener que soportar la locura de las playas repletas en agosto.”
Y para satisfacer sus deseos ha surgido una nueva raza de asesores de viajes y empresas como la nuestra, selectas tanto por los destinos que proponen como por sus clientes. Como no podemos poner en peligro la calidad, el nivel de personalización y la exclusividad que proporcionamos a nuestros clientes, tenemos que poner barreras de entrada (generalmente en forma de cuotas anuales) para seleccionar las peticiones. Pero no defraudamos a quienes traspasan el umbral de entrada. La clave de nuestras propuestas es que no buscan la estandarización, sino todo lo contrario. Nos gusta vernos los nuevos artesanos del ocio. Como los banqueros privados del ocio. Proponemos experiencias para ser vividas, permitimos a sus clientes ser pioneros. De la mano de los ‘lifestyle managers’ y de las firmas de gama alta, nuestra razón de ser es satisfacer los deseos de unas elites globales con más recursos que tiempo para organizarse. Siempre hay una isla donde perderse. Lo importante es encontrar el tiempo para hacerlo. El lujo no es la isla, sino el tiempo.